Crítica: EL CAZADOR Y LA REINA DE HIELO

29/4/16

Por Alan Paul Blanc

La continuación de “Blancanieves y el cazador” cuenta el antes y el después de su predecesora. Por una parte narra el origen del Cazador, el personaje de Chris Hemsworth, quien fue criado en las filas de guerreros de la joven reina del hielo Freya (Emily Blunt), hermana de la difunta Ravenna (Charlize Theron) (quien murió a manos de Blancanieves) y por otro lado muestra qué sucedió después de la historia que todos conocemos.

Al enterarse de la muerte de su hermana, Freya reúne al resto de los cazadores y les ordena traer el espejo mágico, que para su regocijo le revela que es posible resucitar a Ravenna. Juntas, inician un reinado de terror más oscuro que el anterior, pero Eric el Cazador y la guerrera Sara se reencontrarán para hacerle frente.

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Más allá de su tono de aventura épica, el filme intenta tocar algunas fibras más profundas detrás de los ojos de quienes la ven, de modo que con fantasía intenta mostrar matices más complejos en lo profundo de las almas de los protagonistas.

Nos muestra cómo se desata una guerra de poderes sobrenaturales en las entrañas de la familia de la Reina Malvada y podemos ver cómo el Cazador pasa de ser un simple niño huérfano a un sagaz hombre de guerra.

El filme trata de no perder el humor en medio del desarrollo de la trama, acompañando al Cazador con algunos compañeros de viaje con personalidades bastante “particulares”.

La trama tiene algunos giros interesantes, que renovaran el ánimo de quien espera ver algo diferente de su predecesora y el Espejo, con una suerte de objeto maléfico, toma sus momentos de protagonismo, dándole un aire macabro a la historia.

Una cinta que logra equilibrarse muy bien, con escenas cómicas y cargada en partes iguales con acción, romance y fantasía.

8 de 10

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