Crítica: MELINCUÉ

2/6/16

DOS OPUESTAS QUE ATRAEN

 Por Paola Jarast

12472717_802074306594211_7163157832995393965_nLa  actriz rosarina Ariadna Asturzzi debuta como dramaturga y directora con una ingeniosa pieza sobre dos mujeres muy disímiles en período de transición. Situada frente a la laguna de su ciudad natal, Asturzzi plasma con humor y originalidad la problemática vital de sus coetáneas.

Valeria (Miel Bargman) es una maestra conservadora disconforme con su profesión que teme continuar enseñando en un colegio secundario el resto de su vida. Drama queen por excelencia, para ella toda situación comporta un cariz dramático. La vocación y la pareja son para ella temas acuciantes que no están exentos del particular sesgo de su mirada.

Agustina (Mariana Sanguinetti), la díscola hermana adolescente de su amiga, la acompañará en una suerte de retiro voluntario en el que Valeria intentará resolver los dilemas que la atraviesan. La irrupción intempestiva en el camping del hijo del casero (Guido Fisz) durante un corte de luz deleitará a Agustina, no así a la estructurada Valeria.

El contrapunto dramático entre la torturada Valeria y la desfachatada Agustina resulta muy atractivo; parecieran posicionarse ante las mismas inquietudes con miradas antitéticas.

Melincué, localidad en la que las jóvenes montan su carpa entre leños, bolsas de dormir, gaseosas y sándwiches, marca el promisorio debut de la joven Asturzzi con una novedosa comedia que concibe las crisis personales como motores vitales.

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