Crítica: FLORENCE

Llega a los cines el film biográfico basado en la historia de la excéntrica soprano y actriz estadounidense Florence Foster Jenkins, quien hizo de la música una gran carrera profesional, financiándose a si misma gracias a la herencia que recibió luego del fallecimiento de su padre. Y a pesar de no tener talento para ello logró mantener el éxito porque la gente asistía a sus recitales para comprobar si era tan mala como se decía pero luego se iban contentos porque Florence los hacía reír.

La película transcurre en Nueva York en 1944, y comienza con Florence Foster actuando en su espectáculo titulado “El Club Verdi” junto a St. Clair Bayfield, quien fuera su socio, su manager y su pareja durante muchos años. Si bien él pasaba la mayor parte del tiempo a su lado sobre todo durante el día, por las noches dejaba el departamento de Manhattan donde vivía Florence para ir a dormir con su novia Kathleen Weatherley con quien compartía otra vivienda que también le pertenecía a la diva. De algún modo St. Clair llevaba esta doble vida pero nunca dejó de ser leal a Florence, y la amaba profundamente aunque en su relación no había contacto físico debido a que ella padecía sífilis, enfermedad que había contraído de su primer esposo Frank Thornton Jenkins, del cual se había divorciado. El film se refiere a St. Clair Bayfield como su segundo esposo, aunque en la realidad nunca se casaron pero estuvieron juntos durante 36 años, y fue precisamente Bayfield quien la impulsó en su carrera musical. En la película se muestra como St. Clair dedicaba todos sus esfuerzos para que Florence fuera feliz y pudiera hacer aquello que más placer le provocaba, que era cantar. 

En un momento dado, Florence retoma las clases de canto y para ello contratan a un pianista como acompañante, quien también oficiaría como tal en las actuaciones en vivo. Se trata de Cosme McMoon, joven e inexperto, pero talentoso, que además interpretaba temas propios, y que fue muy importante en la última etapa de la carrera de Florence ya que se las arreglaba para compensar los fallos rítmicos que ella tenía al cantar. Aparecen en la película algunos músicos famosos como el prestigioso director de orquesta italiano Arturo Toscanini, y el compositor de música popular estadounidense Cole Porter.

Se destaca en primer lugar el trabajo de Meryl Streep en la piel de Florence Foster Jenkins que brinda una actuación maravillosa y emotiva, la acompañan Hugh Grant como St. Clair Bayfield, y Simon Helberg como Cosme McMoon. Completan el elenco: Rebecca Fergurson como Kathleen Weatherley, John Kavanagh como Arturo Toscanini, y Mark Arnold como Cole Porter. Stephen Frears (La reina, Alta Fidelidad, Filomena) es quien dirigió el film, y el guión es de Nicholas Martin.

Sobre esta misma historia se había estrenado el año pasado la comedia francesa “Marguerite del director Xavier Giannoli, siendo la misma una adaptación libre de la vida de Florence Foster Jenkins, donde la baronesa Marguerite Dumont al igual que la millonaria estadounidense, se dedicaba a ofrecer recitales de ópera a pesar de no poseer ningún talento. Estaba ambientada en la década de 1920 en las afueras de París, y se diferenciaba de la historia de Jenkins en que las presentaciones del personaje interpretado por Catherine Frot se limitaban a eventos de caridad organizados frente a amigos. Teniendo en cuenta que la película inglesa de Stephen Frears sigue la historia real de Florence, respetando la época, el lugar y los nombres de los personajes, obviamente es mucho más fiel a la historia real de la diva estadounidense que la versión francesa. -Cecilia Tedesco

8 de 10

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