Crítica: EL AMOR ES UN BIEN

11/7/16

DEL AMOR QUE CURA

Por Paola Jarast

La exquisita pieza del director y dramaturgo Francisco Lumerman que comenzó como un ejercicio de reescritura de Tío Vania arroja nueva luz sobre el clásico del célebre dramaturgo ruso Antón Chéjov, al tiempo que adquiere identidad propia. El amor es un bien transita su segunda temporada, esta vez en el Teatro Moscú, espacio intimista que Lumerman fundó junto a Lisandro Penelas.

La inquietud de Lumerman sobre el amor como bien del que algunos gozaban pero que les resultaba esquivo a otros funcionó como disparador del relato. ¿Qué pasa con quienes no lo tienen?, se preguntaba el dramaturgo. La reflexión lo llevó a plasmar en papel la historia de un grupo de seres aquejados por la soledad que no se sucumben ante la desesperanza.

Sonia (Rosario Varela, en una interpretación digna de un galardón) es una sobreviviente la masacre escolar de Carmen de Patagones, incidente en el cual fallecieron tres adolescentes a manos de un compañero en el año 2004. También se ha sobrepuesto a otra tragedia: la pérdida temprana de su madre. Con su tío Iván (conmovedor José Escobar, nominado como mejor actor de reparto a los premios Trinidad Guevara 2015) regentean dificultosamente un hostel en decadencia, en el cual interpretan piezas musicales y fabrican dulces caseros con alegría.

Un joven y atractivo médico preocupado por el cuidado del medio ambiente es el único pasajero del hostel (y es interpretado por Diego Faturos con una simpatía sin igual y la justa dosis de ternura y sensualidad), y el objeto de deseo de los residentes de la hostería, que se desvivirán por ganar su afecto.

El severo e hipocondríaco padre catedrático de Sonia (Jorge Fernández Roman) ha venido de visita junto a su joven esposa, Elena (Manuela Amosa). El padre de Sonia desaprueba del estilo de vida bohemio que su hija ha adoptado junto a su tío, hermano de su fallecida primera esposa, que vela por Sonia con la ternura que su propio padre no le profesa. Cuando el padre de Sonia anuncie su intención de poner en venta el hostel, Sonia e Iván deberán readaptarse a una nueva e inquietante realidad.

La escena que narra el tentativo acercamiento entre Sonia y Elena permitirá el lucimiento de las dos actrices, cuyos personajes se sitúan en extremos opuestos de la femineidad: Elena, coqueta, refinada y moderna y Sonia, rústica, varonil y aniñada, que anhela que la mirada del doctor se pose sobre ella como lo ha hecho ya sobre su madrastra.

El amor es un bien conmueve por la profundidad del texto y la sensibilidad y fuerza de sus cinco intérpretes. La obra de Lumerman honra la salubridad de los lazos humanos, así como la función vital de los saludables vínculos familiares, al tiempo que despliega con suma potencia los anhelos y necesidades vitales de los seres humanos.

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