Crítica: TODAS LAS CANCIONES DE AMOR

22/8/16

Yo quería un amor total y en mi frágil pequeñez me descubrí maravillosa y también pude amar. Y me perdoné por todo lo que no hice. He sido feliz como nunca. Una felicidad insoportable, inconfesable. Me acabo de amar y me volví eterna”. (palabras de la protagonista)

Por Cecilia Tedesco

Se apagan las luces, se ilumina el escenario, suena una melodía en el piano y sale a escena Marilú Marini interpretando a una señora de mediana edad, vestida de entre casa, que ha iniciado su día como todos los días siguiendo la misma rutina, pero algo extraño le ha sucedido esa mañana al lavarse los dientes que al parecer tiene relación con algo más que le pasó después. Desde el comienzo ella va compartiendo con el público lo ocurrido en el transcurso de ese día especial a medida que avanza la presentación, a modo de unipersonal, aunque cada tanto aparecerá en el escenario un joven que representa a su hijo Martín, a quien la mujer no ha visto en tres años desde que él dejó la casa. Martín ahora vive en New York, pero esa noche llegará de visita acompañado de Robert, su pareja, a quien Claudio, esposo de la protagonista y padre del muchacho, no aprueba por ser una persona de color y de su mismo sexo.

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Acompañada por bellas canciones de amor, como “Un beso y una flor”, tema que hizo famoso Nino Bravo, y “Te quiero” de Jose Luis Perales, entre otras, se irá desarrollando esta historia de la mano de una madre que extraña profundamente a su hijo, mezclando la nostalgia, los sueños, los recuerdos, el humor, la tristeza y también la bronca en algunos pasajes, apoyada en una escenografía bien construida, la de una casa como cualquier otra, con una mesa, unas sillas, un mueble con algunos portarretratos, una puerta en la pared de fondo, y las luces de la casa que no están allí solo en forma decorativa sino que cumplen un rol más importante, que a veces cambian de intensidad o de ubicación para crear el clima que necesita el relato, y lo mismo ocurre con el sonido del piano que está presente durante toda la obra. Y como lo que le ocurre a esta señora le podría ocurrir a cualquier esposa y madre, esta historia logra que cualquier mujer pueda identificarse con ella y con sus sentimientos.

¡Se disfruta de principio a fin!

Calificación: Muy Buena

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Marilú Marini, la actriz argentina que reside en Paris, ha regresado a Buenos Aires para protagonizar “Todas las canciones de Amor”, brindando una actuación maravillosa, demostrando su talento y su solidez en la interpretación, y gracias a su versatilidad para la comedia y el drama logra sacarle al espectador varias risas y algunas lágrimas; la acompaña el actor Ignacio Monna como su hijo Martín, y Diego Penelas con el piano, responsable además de la dirección musical. El autor de la obra es Santiago Loza, la dirección es de Alejandro Tantanian, flamante director general del Teatro Nacional Cervantes, y la producción general es de Pablo Kompel.

“Todas las canciones de Amor” se presenta en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza, ubicada en Av. Corrientes 1660, CABA, los viernes y sábado a las 20 hs y los domingos a las 19 hs.

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FICHA TÉCNICA

Dirección & co-diseño de Iluminación: ALEJANDRO TANTANIAN
Dirección Musical, Arreglos y Piano: DIEGO PENELAS
Diseño de Escenografía y Vestuario / Co-diseño de Iluminación: ORIA PUPPO
Diseño de Iluminación: OMAR POSSEMATO
Director Técnico y de Montaje: JORGE H. PEREZ MASCALI
Supervisión de Sonido: PABLO ABAL
Asistente de Dirección & Stage Manager: ERNESTO DONEGANA
Vestidor: HECTOR FERREIRA
Asistentes de Escenografía y Vestuario: MARTINA NOSETTO / MARIA BELEN BUDA
Fotografía Estudio y Comunicación Audiovisual: MILWATTS /RODRIGO CÉCERE
Producción Gráfica: ROMINA JUEJATI
Comunicación Visual: GABRIELA KOGAN
Productor Ejecutivo: DIEGO PANDO
Director de Producción: ARIEL STOLIER
Productor general: PABLO KOMPEL

Dijo Santiago Loza (Autor):

Me cuesta siempre descubrir el origen de un texto. La imagen de una madre que prepara una cena de reencuentro es el pretexto. Su estar, lo que dice su silencio. Lo que podría pensar en esas horas. Ella no tiene un nombre definido, podría ser un compendio de muchas madres conocidas. Ella no tiene un nombre porque lo que siente no pertenece solo a ella, el amor, el desencuentro, la reconciliación, el erotismo inesperado y una extraña ternura, es lo que puede sucedernos a cualquiera de nosotros en una situación extraordinaria. El amor y el humor nos pasan sin distinción de género ni edad. Ella está encendida, no puede con este día y necesita explicarse qué sentimientos la tienen capturada y en ese intento, nos lleva a todos a un viaje sencillo y misterioso.”

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