Crítica: MR. ROBOT (Segunda Temporada)

24/9/16

Por Fer Casals

Elliot (Rami Malek) no es un narrador fiable, y en esta segunda temporada hemos aprendido de la manera más dura que Mr. Robot -su ser disociado- tampoco lo es. El tipo de paranoia que impregna el mundo dentro de la serie ha saltado dimensiones y ha infectado a la audiencia. Todo puede ser una elaboración de la mente del protagonista, nada es real hasta que se pruebe como tal, no basta con verlo.

Desde la revelación estilo Fight Club en la temporada pasada que el personaje Mr.Robot es una manifestación de un trastorno de identidad disociativo de Elliot, ya nadie es capaz de dar nada por sentado como “verdad narrativa”. Esto le brinda al creador y guionista de la serie Sam Esmail la libertad para hacer y deshacer a gusto, lo cual puede resultar un arma de doble filo, pero una decisión valiente en un ámbito donde no abundan.

Este tipo de narración audaz se acompaña con encuadres que rompen con cualquier norma y parecen diseñados para hacernos sentir la molestia de todo aquello que no está bien. Esa es una de las razones por las que Mr. Robot ha explotando como una de las series más excitantes en la televisión de los últimos años.

Después de los dramáticos acontecimientos que dejaron a todos con ganas de más, la segunda temporada comienza con un salto en el tiempo de un mes desde que Elliot, FSOCIETY (y Tyrell?) dieron el gran golpe virtual con efecto real en el mundo de las finanzas globales. ¿Acaso pensaron que derribar el capitalismo y la desigualdad no iba a tener consecuencias?

Las capas y complejidad de Elliot como personaje (y la actuación de Malek) es la clave de por qué una serie como Mr. Robot puede darse el lujo de ser temáticamente tan ambiciosa y funcionar.

El cast habitual Christian Slater, Carly Chaikin, y Portia Doubleday están acompañados por un puñado de nuevos miembros de reparto, todos perfectos en sus roles, especialmente Grace Gummer como agente del FBI, y Craig Robinson como un misterioso vecino.

Mr. Robot no es el tipo de serie que se pueda tener “de fondo”, requiere compromiso. Mr. Robot está en los detalles, dentro de una trama intrincada que no deja nada librado al azar. Nada en la serie está explicado, ni pre-digerido, ¿como puede avanzar una trama que no incluye diálogos expositivos? es tarea del espectador llenarlos. La segunda temporada tiene un gran evento hacia la mitad que conviene no “spoilear” sólo diremos que vale la pena hacer el viaje por el parque de diversiones que es la mente de Elliot.

Sam Esmail ha dirigido cada episodio de esta temporada y su visión específica del mundo que ha creado te deja cautivado y agotado por igual. No hay observación perezosa cuando se trata de Mr. Robot, lo que estás viendo es tan diferente que es casi discordante e imposible de absorber todos los detalles que ofrece. Mr. Robot brinda una experiencia enriquecedora en temas, forma y tono sin igual en televisión.

La serie está obsesionada con lo que no se ve o dice – las identidades ocultas y agendas – y la ilusión de control. Eso y con una visión muy cínica del mundo, una que termina resultando en una de las representaciones más realistas de nuestra existencia actual, una en la que es muy incómodo reflejarse.

10 de 10

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