Crítica: HIJO DE MIL

Por Arturo LeBranca

Hijo de mil es la construcción etimológica de la palabra puta. Puede sonar vulgar y, de alguna manera, encerrar un prejuicio si pensamos que una obra de teatro trata un tema semejante. Pero es todo lo contrario. Pablo Finamore expone una mirada diferente acerca de los conceptos que rodean esta palabra, entabla un vínculo entre puta y madre, y resignifica con firmeza un motor hacia el deseo y el autodescubrimiento.

Un diálogo psicoanalítico entre médico y paciente que traduce el encuentro entre Sigmund Freud y Gustav Mahler. Mediante una problematización exhaustiva, el paciente evoca sus inquietudes y descubre un vínculo entre la infidelidad de su esposa, y el orden primogénito que existe entre las mujeres: el ser putas.

La mirada machista está sobre la mesa. Un hombre compara el acto prostibulario con una infidelidad, y desde ahí teje situaciones que llevan a pensar en la figura materna. Una madre, en las mismas condiciones que cualquier mujer, también tiene la libertad de de estar en ese lugar.

La dramaturgia de Finamore explora por los sentidos milenarios de la palabra puta. Las comparaciones entre las épocas, las figuras femeninas en aquellos pueblos donde eran consideradas objetos, y su sexualidad estaba condenada al matrimonio. El análisis recorre caminos religiosos muy interesantes como el lugar de las vírgenes, la fecundación de ellas por medio de “exterioridades”, y su compleja identificación con los elementos, como por ejemplo las representaciones del sexo a lo largo de la historia.

La batalla entre estos dos personajes, que representa el mismo Finamore con un piano y su visceralidad, invita a una comedia reflexiva donde cuestiona la mirada actual del término puta. Desde un primer momento, toma un lugar misógino que provoca rechazo, pero con el correr de la obra nos damos cuenta que el mensaje es otro.

La complejidad del tema es superior a cualquier aseveración que podamos hacer. Hijo de mil habla sobre la figura femenina, la esclavitud a la que nuestras mujeres fueron encerradas para no vivir sus propios deseos, y como la construcción del hombre hizo que puta y prostituta significara lo mismo. El revés que trae la obra piensa que, a lo largo de los años, no condenamos a las mujeres por el vil metal sino por aceptar y vivir sus deseos más profundos como un suceso liberador.

6 de 10


Hijo de mil
Sábados 23:00 | La Comedia Teatro
Rodríguez Peña 1062 | CABA | Buenos Aires
Entradas $200

Ficha técnica
Dramaturgia y actuación: Pablo Finamore
Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo
Realización de escenografía: Gustavo Di Sarro
Música original: Joaquín Segade
Diseño: Walá Creativo
Fotografía: Christian Inglize
Prensa: Octavia Comunicación
Asistencia de dirección: Agustín García
Producción ejecutiva: Carolina Sánchez
Dirección: Marcelo Nacci

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