Crítica: ENSAYO DE DESPEDIDA

12/06/17

Por Natacha Mell

¿Cuán difíciles son las despedidas? ¿Cómo podemos cerrar las heridas que dejan? Esto es algo tan personal que cada uno lo procesa a su manera. En este caso, la directora Macarena Albalustri en su primer largometraje, Ensayo de despedida, realiza un film documental autobiográfico para plantear la ausencia. Su madre falleció más de diez años atrás, y ella necesita cerrar una etapa, o al menos repensar y repensarse desde el significado de lo que falta y ya no vuelve.

Entonces ella realiza la búsqueda de recuerdos de su madre, con elementos de ella, buscando fotos y vídeos, preguntando a sus amigas, entrevistando a su padre, muchas veces poniéndolo en una posición no muy cómoda. Para poder despedirse de ella. Y a la vez volverla a tener. Como una cuestión no resuelta de su vida.

Es interesante como estructura su película, surge de una necesidad personal de la realizadora. Y ella está siempre en cuadro. Como si esta despedida fundacional sea la llave para entender todas las despedidas, o tal vez que pudiese funcionar así.

A pesar del tema, no es un film emotivo. Es más bien intelectual. O retórico. Hay distanciamiento con las imágenes, con los sonidos. Tal vez porque la gran protagonista es más ella misma que la madre. No busca reconstruir la vida de la madre, sino resolver algo propio, con las despedidas, casi un planteo filosófico.

Con guión y producción de la misma Macarena Albalustri y Tomás Dotta, fotografía de Tebbe Schöningh, edición de Iara Rodríguez Vilardebó, sonido de Sofía Straface y Lucas Larriera y música de Odín Schwartz, el film está muy bien realizado, es muy interesante y aporta una mirada peculiar sobre el tema del duelo y las ausencias.

8 de 10


24/11/16

Por Gus Casals

¿A qué consideramos un duelo exitoso? ¿Es acaso ya no tener recuerdos, solo conservar los buenos recuerdos, mantener una memoria intacta…?

¿Cuáles son los rituales de despedida? ¿Sirven para algo? ¿Es equiparable la muerte de una madre con la de una -muy querida- mascota? ¿Conviene cerrar la película con una danza interpretativa o con efectos especiales de llamas? Y, ¿queda mejor que el monólogo revelador ocurra sentada o parada?

Estas son algunas de las muchas preguntas que se disparan dentro de y a causa de Ensayo de despedida, la película documental de Macarena Albalustri que se estrenó en el Festival de Cine de Mar del Plata 2016, donde la autora trata de elaborar, en primera persona y por medio del “ensayo” del título, la pérdida de su madre hace unos años, luego revivida y resignificada dos veces: primero con la venta de la casa familiar y luego con la agonía y eventual muerte de su gatita Liza.

El resultado es un testimonio de gran humanidad, altamente personal y probablemente a causa de eso mismo, completamente universal.

Albalustri, inteligentemente, parte de su no-certeza como única certidumbre, lo que le permite mudar el registro de lo solemne que el tema de la muerte conlleva, al humor, por momentos absurdo, y mezclando hábilmente los recursos del documental “duro” con algunos más lúdicos y claramente montados, que gracias a la rotura de la cuarta pared quedan bien establecidos como tales y no como una trampa para los espectadores. El resultado es un testimonio de gran humanidad, altamente personal y probablemente a causa de eso mismo, completamente universal.

Cuando le preguntamos a la autora hasta qué punto ese micro-corto sobre Liza que abre la película fue o no el disparador de todo el film o por lo menos la muy necesaria motivación para terminarlo, su respuesta no fue ni una negativa ni una afirmación: el registro sobre los últimos días de la gatita fue la respuesta que una cineasta tiene a su disposición. Y lo mismo se puede decir de Ensayo de despedida toda: es el modo cinematográfico de tramitar el duelo.

La respuesta puede estar en el testimonio de las amigas de la madre (que rápidamente deriva en un debate sobre la espiritualidad), el de un padre críptico a nivel “esfinge” o hasta en filmaciones en Super 8 y video de otras familias.

Es finalmente el testimonio de la psicóloga Liliana Tierno que atendió a la madre de Macarena en sus últimos tiempos (y la búsqueda de quien es la disparadora de una de las secuencias más absurdas e hilarantes de la película) el que articula en palabras la dificultad inherente a la pérdida que pulsiona detrás de esta magnífica película: cuando se trata de la muerte, cada uno hace lo que puede con lo que tiene. En el caso de Macarena Albalustri, es esta producción que tenemos la suerte de poder disfrutar.

9 de 10


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