Crítica: THE EYES OF MY MOTHER

4/12/16

Por Fer Casals

“La soledad puede hacerle cosas extrañas a la mente” dice la protagonista de esta pesadilla visual y auditiva para pocos.

En una remota granja de la América profunda, una cirujana de origen portugués comete el error de permitir que un vagabundo llamado Charlie (Will Brill) entre en su casa, Charlie la asesina delante de su hija Francisca. La madre (Diana Agostini) ya le había enseñado a la niña las técnicas para remover los ojos de las vacas, tomadas directamente de Francisco de Asís. Su marido (Paul Nazak) llega a la escena, y Charlie descubre que hay personas capaces de pensar cosas aún más depravadas para hacerle a los seres humanos que él.

Nicolas Pesce dirige esta viñeta inicial en hermoso blanco y negro (¿habrá alguna película reciente en blanco y negro que no tenga una fotografía magistral?), con un encuadre clínico y un sonido que sólo resalta los gemidos y golpes del horror. Es una manera brutal y terrorífica de comenzar una película. Y es sólo el comienzo.

Francisca (Kika Magalhães) se mueve con una precisión y cadencia inhumana y a medida que su soledad se intensifica, ella decide hacer un esfuerzo para encontrar algunos amigos. Pero como Charlie puede atestiguar, Francisca tiene algunas ideas curiosas sobre lo que “compañerismo” significa.

Las películas de terror en los últimos años tienen la mala tendencia de llegar al tercer acto para revelar el “gran secreto” y en un último giro desentrañar lo que realmente ha estado pasando. Nicolas Pesce no tiene ese objetivo. Pesce establece los personajes y a partir de ese momento la historia es sencilla y directa.

En esta, su ópera prima, el escritor y director nunca explica el “por qué” y eso es en parte la clave para el éxito de la historia. Estos personajes son quienes son. Pesce no nos somete a ningún flashback, ni filma una escena donde un grupo de adolescentes descubren la historia en viejos recortes de periódicos. Se nos deja libres en nuestra propia experiencia con la historia.

Hay una confianza en el material suficiente para que el espectador simplemente ingrese en la trama. En lugar de envolverse en sospechas y giros tirados de los pelos, Pesce ofrece la solidez de quien está seguro de lo que quiere contar y cómo.

Se puede argumentar que “The Eyes Of My Mother” no tiene mucho que decir, y no es un comentario acerca de nada específico. En cierta medida es verdad, es “sólo” un retrato de extrema alienación, que sigue a un personaje en su espiral descendente de locura, mientras convierte su limitada comprensión del mundo en un mal involuntario.

Y también es Pesce el que sigue una especie de lógica pesadillesca durante una hora y quince minutos, imaginando un escenario terrible tras otro. Una tendencia que lo acerca al cine de Kim Ki-Duk y Takashi Miike.

Como Francisca, Magalhaes logra asustar y llamar a la empatía en igual medida, sin perder el control de un personaje que no tiene control sobre lo que realmente es la realidad. Porque algunas personas simplemente nacen malas.

“The Eyes Of My Mother” es intensa durante todo el metraje y un ejemplo de cómo lo moralmente repugnante puede lucir extrañamente hermoso.

8.5 de 10

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