Crítica: ANIMALES FANTÁSTICOS Y DÓNDE ENCONTRARLOS

6/12/16

Por Ezequiel Tozzi

La escritora J. K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter, adapta su libro homónimo para la gran pantalla en una esperada precuela que inicia una nueva serie de películas. Sin embargo, la trama es opacada por su deleite visual y no logra hechizar al espectador.

Ubicada en el mismo mundo mágico que Harry Potter, pero 70 años antes de que el mago con gafas iniciara sus aventuras, narra las vivencias de Newt Scamander, un magizoólogo que escribe un libro sobre seres fantásticos y los recolecta, pero que por azares del destino terminan quedando libres y hay que volver a atraparlos.

Las criaturas son realmente apreciables en la gran pantalla, pero deslucen la labor actoral que no logra equipararlos. Por momentos, la historia se vuelve demasiado seria y hasta tediosa. Eddie Redmayne encarna muy correctamente al personaje, pero es intrascendente.

7 de 10


Por Fer Casals

Bienvenidos a la siempre fantástica ciudad de Nueva York, es 1926 y el joven Newt Scamander (Eddie Redmayne) acaba de llegar con una maleta llena de criaturas mágicas.

Cuando uno de sus bichos se escapa se topa con el comic relief, Jacob Kowalski (Dan Fogler), un No-Mago que se convierte en su nuevo mejor amigo, y Porpentina “Tina” Goldstein (Katherine Waterston), un antiguo Auror para el Congreso Mágico de los Estados Unidos de América.

Tina termina llevando a Newt ante sus superiores por violar los estrictos códigos. Mientras tanto, Jacob desata todas las fantásticas bestias de Newt gracias al cliché cinematográfico de la mezcla de maletas y la caza de Pokemones bestias fantásticas comienza.

La “banda” de Newt debe localizar a todas las bestias antes que Percival Graves (Colin Farrell) o un mal más grande exponga al mundo mágico. O lo destruya. La amenaza que suene más relevante.

Por más divertida que la primera mitad de la película sea, cuando se nos está reintroduciendo a este mundo no necesariamente olvidado de la magia, es en la segunda mitad cuando Animales Fantásticos se cae dentro del pozo narrativo que creó. J.K. Rowling escribe un guión con la pericia de quién sabe lo que hace y conoce el mundo del cual habla, claro. Pero no puede esquivar las convenciones de la construcción de un villano con una resolución ridícula e incorporar los esquemas siniestros que disipan el castigo de nuestros principales protagonistas, al mismo tiempo que tratan de hacernos conocer (y querer) a estos nuevos personajes. En donde no tiene problemas Rowling es en la auto-estima, en un momento uno de sus personajes, al ver a las criaturas dice “no soy tan inteligente como para haber imaginado esto”.

Dirigida por David Yates, director de las últimas cuatro películas de Harry Potter, Animales Fantásticos comparte paleta visual con la saga anterior. La película es estéticamente impecable, al diseñador de producción Stuart Craig se le ha dado rienda suelta (y millones) para crear un deslumbrante Manhattan de principios de siglo, con toques Art Decó magníficos en todas partes. La película es un deleite visual, salvo cuando los gimoteos chaplinescos de Redmayne toman protagonismo, ejemplificado en una escena donde el ganador del Oscar hace una danza de apareamiento que quisiéramos olvidar.

Los paralelos entre la segregación de los mundos mágicos y no mágicos, el temor automático con que se tratan a los animales de Newt y los recién introducidos “obscurials”, nunca se unen en una afirmación convincente. En cambio, el film camina a desgano hasta lo que podría haber sido un final memorable por lo agridulce antes de ofrecer “la” sorpresa por el bien de su secuela.

Este ejercicio en la construcción de un mundo, destinado a sentar las bases para un total de injustificables cinco películas, termina siendo un patada inicial floja, convencional y carente de, precisamente, magia. Tal vez el mayor acto de magia del film sea que el gordito Jacob enamore a la bellísima Queenie (Alison Sudolen), o tal vez eso entre en el reino de los milagros, quien sabe.

6 de 10

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