Crítica: AQUARIUS

12/1/17

Por Fer Casals

La figura icónica de Sonia Braga, reflejo de la sabiduría y la fuerza de carácter, es el centro de este drama brasileño sobre una mujer que lucha contra todos para permanecer en su casa.

Aquarius es un estudio de carácter, así como una meditación astuta sobre la transitoriedad de lugar y la manera en que el espacio físico construye nuestra identidad.

Kleber Mendonça Filho ama a Braga. El director mantiene la cámara enfocada en su rostro por gran parte del film, un rostro con historias que contar en cada textura, en cada pliegue. Hermosa antes y ahora (ya en sus sesentas), la famosa actriz brasileña es una esfinge, sus ojos son penetrantes, su rostro transmite la fuerza de la determinación, la terquedad y la valentía.

Un actitud que se adapta perfectamente a su personaje: Doña Clara, una mujer que ha experimentado mucho, que ha sufrido mucho (el personaje es un sobreviviente de cáncer y ha estado viuda durante 17 años) y también parece que ha celebrado mucho.

Clara es una mujer sitiada. Ella es el único residente restante del edificio que da nombre al film, frente a la playa en su ciudad natal Recife. Todos los demás residentes han vendido sus propiedades a una empresa de desarrollo, pero Clara se niega a mudarse de su apartamento acogedor y ordenado. Es el hogar donde ella crió a su familia. Rodeada de cultura, sus libros, sus discos, sus cosas. La única manera de irse, le dice al joven desarrollador, es morir.

La película se mueve muy lentamente pero sin perder el interés, con Filho concentrándose en los elementos cotidianos de la vida de Clara, tal vez excesivamente. Ella visita y recibe visitas de su familia y amigas, pero está sola, y muy cómoda en su soledad.

Clara siente la soga cada vez más apretada por las intrusiones calculadas del desarrollador, destinadas a expulsarla. Ella se niega a ser intimidada y tiene la inteligencia y los recursos para luchar hasta el final, en un desenlace que se resuelve muy rápido y de manera abrupta, dejando un final abierto algo frío. 

Con dos horas y media de duración, tal vez Aquarius es una media hora más larga que lo necesario para la historia que quiere contar, pero se siente como un privilegio estar en presencia de un personaje tan poderoso y una actuación tan silenciosamente dominante. La película en definitiva le pertenece a Braga, que compone un personaje original e inspirador.

7.5 de 10

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