El terror japonés y Hollywood: Una relación maldita

14/2/17

Por Fer Casals

Esta semana llega a las pantallas de Argentina y el mundo la tercera entrega de The Ring, (La Llamada 3 F. Javier Gutiérrez, 2017) una remake convertida en franquicia que nos presenta la excusa perfecta para revisitar la extraña relación entre el cine de terror japonés de finales del siglo XX y Hollywood.

La fórmula más fiable para el éxito de una película suele ser el éxito que esa historia tuvo antes. Cada vez que una película de terror original con más imaginación que recursos aparece y explota en taquilla, legiones de imitadores buscarán obtener un pedazo de la torta. Pasó con Scream (1996) y la autorreflexión sobre el género, The Blair Witch Project (1999) y el uso (y abuso) del metraje encontrado y Saw (2004) que abrió el camino para la torture-porn. La imitación puede ser la forma más sincera de adulación, pero también es la forma más rápida de hacer dinero.

La breve pero influyente ola de terror japonés o J-horror de finales de los 2000, durante la cual un puñado de films de Japón llegaron vía video a las pantallas del mundo, fueron rápidamente importados por Hollywood para hacer lo que mejor sabe: remakes americanizados white-wash. Cuando The Ring (2002) de Gore Verbinski obtuvo casi 250 millones de dólares en taquilla los estudios buscaron más historias en Japón. ¿Que se ganó y perdió en estas traducciones culturales?

The Ring (2002) basada en Ringu (1998)

Para muchos la única remake que pudo haber superado al original, con un ritmo propio, Gore Verbinski se despega de la quemadura lenta de Nakata. Sadako Yamamura se transforma en Samara Morgan y ambas películas se centran en el gancho de la cinta de VHS maldita que instantáneamente acorta la vida de quien la vea a una semana. Ningún estudio estadounidense habría considerado un presupuesto para una película tan enajenante y tonalmente extraña como Ringu, por lo que Verbinski escribió una trama más directa y cambió al marido psíquico de la heroína por un hijo con poderes sobrenaturales, tal vez como un intento de aferrarse a la persistente popularidad de Sexto Sentido.

El cine de terror asiático basó su estilo en la sugerencia y la atmósfera, en lugar de la sangre slasher americana. Ambas adaptaciones de la novela de Koji Suzuki tenían un enfoque distinto a las súbitas puñaladas, pero los sustos de Verbinski tienen un mayor impacto, el de la falta de sutileza. Por ejemplo, en lugar de petrificar las caras de la víctima como Nakata, las retuerce y elimina algunas imágenes inquietantes del contenido de la cinta. Cada una con su estilo funciona, empate técnico.

The Ring original
Ringu (Hideo Nakata, 1998)
Rasen (George Iida, 1998)
Ringu 2 (Hideo Nakata, 1999)
Ringu Zero: Basudei (Norio Tsuruta, 2000)
Sadako 3D (Tsutomu Hanabusa, 2012)
Sadako 3D 2 (Tsutomu Hanabusa, 2013)

Remake coreana:
Hangul (Kim Dong-bin, 1999)

Remake Estadounidense:
The Ring (Gore Verbinski, 2002)
Rings (cortometraje) (Jonathan Liebesman, 2005)
The Ring 2 (Hideo Nakata, 2005)
Rings (F. Javier Gutiérrez, 2017)

Crossover entre The Ring y Ju-on:
Sadako vs. Kayako (Koji Shiraishi, 2016)

The Grudge (2004) basada en Ju-on (2002)

Impresionados con la segunda entrega de Ju-on, los productores de The Grudge le ofrecieron a Takashi Shimizu un boleto directo a Hollywood para hacer remake y secuela. Shimizu mantuvo la premisa central de la maldición que se propaga como un virus cuando alguien muere estando extremadamente enojado. También mantuvo a Toshio, el niño creepy con el corte de Carlitos Balá que anda por la casa embrujada que le da a la película su escenario.

Pero la habilidad de Shimizu no alcanza para marcar a Sarah Michelle Gellar, Buffy, que parece estar más confundida y asustada por su propia presencia en la película que por el espíritu que la aterroriza. El director no aporta mucho material nuevo a la historia, un remake correcta en su mediocridad. Gana la original.

Ju-on original
Ju-on (Takashi Shimizu, 2002)
Ju-on 2 (Takashi Shimizu, 2003)
Ju-on: Kuroi Shojo (Mari Asato, 2009)
Ju-on: Shiroi Rojo (Ryuta Miyake, 2009)
Ju-on: Owari no Hajimari (Masayuki Ochiai, 2014)
Ju-on -Za Fainaru (Masayuki Ochiai, 2015)

Remake Estadounidense:
The Grudge (Takashi Shimizu, 2004)
The Grudge 2 (Takashi Shimizu, 2006)
The Grudge 3 (Toby Wilkins, 2009)

Dark Water (2005) basada en Honogurai Mizu no soko kara (2002)

La próxima gran puja de Hollywood fue por otra novela de Suzuki (The Ring), una oscura historia psicológica de fantasmas sobre una madre recién divorciada que se muda a un edificio de apartamentos decrépito con su joven hija. En ambas películas, un espíritu malévolo aparece en el edificio a través del agua podrida que se filtra espantosamente por cada esquina. Al igual que en Ringu el director es Hideo Nakata que realizó una pintura finamente sombreada, por momentos delicada, del vínculo entre madre e hija. El director de la remake, el brasileño Walter Salles, llegó a Hollywood rodeado de prestigio, pero Dark Water está mal contada y pone énfasis más en las escenas de susto que en la relación que es el núcleo emocional de la historia.

Con un gran cast que incluye a John C. Reilly, Tim Roth y Pete Postlethwaite, y la música de Angelo Badalamenti (Twin Peaks) resulta un desperdicio que se pierde en un mar de agua CGI y se ahoga en un guión confuso. La visión quirúrgica de la película de Nakata le gana a la remake llena de estrellas.

Pulse (2006) basada en Kairo (2001)

El motivo de la tecnología como conducto para la energía antinatural aparece en todo el J-horror y Kiyoshi Kurosawa trae en Kairo una profunda reflexión a su tratamiento. El concepto de fantasmas cibernéticos que afligen a los internautas parece una tontería, pero la película de Kurosawa transmite la experiencia de estar en línea con una extraña precisión. Cuando no está helando la sangre con las apariciones nebulosas Lyncheanas, captura la perdurable soledad de la vida en Internet sin sermón.

Era muy difícil acortar la brecha de calidad que separa la película de Kurosawa del remake de Jim Sonzero. Ninguno de los intereses de Kurosawa acerca de los efectos psicológicos de la tecnología, ni las ideas visuales en sus infernales escenas de horror están presentes en Pulse. Wes Craven ayudó a elaborar el guión, pero no parece entender cómo la escritura deliberadamente densa y cerebral de Kairo contribuyó al sentimiento de extrañeza que le dio a la película un poder temible. En su lugar, una mal utilizada Kristen Bell se limita a una imitación pálida de la original. Kairo gana por goleada.

One Missed Call (2008) basada en Chakushin ari (2003)

One Missed Call marcó la última incursión de Hollywood en el J-horror. Y se entiende el porqué. La película falló en todos los aspectos posibles: los críticos la destrozaron y fue un fracaso en taquilla. El director Eric Valette imita de la peor manera las mismas tácticas de miedo y no le hace ningún favor que el original fue dirigido por Takashi Miike y destila estilo por los cuatro costados. Una versión diluida de un producto ya diluido en el agotamiento que el subgénero estaba sufriendo.

One Missed Call fue el film en que Hollywood supo que había llegado el momento de soltar el J-horror. Rings (2017) representa la vuelta, porque todo eventualmente vuelve en Hollywood, pero a menos que los creadores de este nuevo capítulo aprendan de los errores del pasado, es probable que esta vuelta dure poco.

Acerca del autor /


Deje su comentario

Su mail no será publicado, los campos obligatorios se marcan con *