Crítica: POESÍA SIN FIN

1/3/17

Por Fer Casals

Poesía sin Fin es la secuela (y segunda de tres partes) de La Danza de la Realidad de 2013, la autobiografía definitiva de Alejandro Jodorowsky. El mago contracultural, cineasta de visión única y fetichista del tarot que ha encontrado una renovada oleada de energía a sus 80 años con una trilogía autobiográfica que contiene todo su imaginario colorido y onírico.

Y no parece Poesía sin fin la película de un octogenario: hay entusiasmo, energía, y una necesidad de excitar, movilizar y desconcertar. Se puede sentir aquí algo que rara vez se experimenta: cuánto el director está disfrutando detrás de cámara. Y esto se nota hasta en los enfrentamientos de Alejandro Jodorowsky (interpretado por su hijo Adan) con su padre, (interpretado por su otro hijo Brontis).

Podemos imaginar lo liberador y terapéutico que es para Jodorowsky, realizar estas escenas que incluyen cameos del propio director. Y sin dudas difícilmente veremos una escena más extraña que el encuentro con su padre, que se afeita la cabeza y el bigote, antes de besar a su hijo en los labios.

La película cubre ampliamente el período cuando Jodorowsky abandonó el hogar paterno para incorporarse de lleno en la vida bohemia de Santiago, antes de finalmente partir a París en los años 50. Su madre (Pamela Flores) sólo dice sus líneas cantando a la manera de una diva de la ópera: una extraña convención (que ya vimos en La Danza de la Realidad) y que embebidos en la historia dejamos de notar casi de inmediato.

Circos, payasos y enanos fellinescos son el marco contenedor que la figura omnipresente de los padres de Alejandro,  forman al despertar sexual y artístico de Jodorowsky. Eufórica, eróticamente freudiana, desesperada, e intrigante se va desarrollando la historia con momentos de pura teatralidad y perplejidad.

A diferencia de muchos de los realismos mágicos forzados y sin sustancia del cine actual, en Poesía sin fin hay un impulso narrativo y si bien divaga más que su predecesora, nunca pierde el interés del espectador. ¿Una prueba de resistencia para las personas que no son fans incondicionales de Jodorowsky?, puede ser. El director está buscando descubrirse a través de una narrativa cinematográfica, vaya tarea.

Obstinada y muchas veces incoherente, Poesía sin fin (y también La Danza de la Realidad) juegan con la función real de la memoria propia y escapa por tangentes impredecibles que no dejan de sorprender.

Una estética cuidada hasta el detalle, con un diseño de producción y cinematografía notable, Poesía sin fin es un ejercicio cinematográfico de libertad absoluta y una puesta en escena en función de un propósito primordialmente artístico, evocativo y surreal. “¡La vida no tiene sentido! ¡Tan sólo es para ser vivida! ¡Vive! “, grita el propio Jodorowsky en una escena, y allí radica toda su filosofía. Para algunos la poesía puede ser una herramienta para poder vivir, para Jodorowsky la vida y la poesía son la misma cosa.


7.5 de 10


Alejandro Jodorowsky: Filmografía


Fando y Lis (1968)
El topo (1970)
La montaña sagrada (1973)
Tusk (1980)
Santa sangre (1989)
El Ladrón del Arcoiris (1990)
La danza de la realidad (2013)


©Revista Meta - 2016

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