Crítica: BIG LITTLE LIES

5/4/17

Por Fer Casals

“Big Little Lies” sigue las mundanas disputas de un grupo de mujeres ricas, blancas, autoindulgentes y abrumadoramente desconectadas de la realidad.

Hace unos años, una historia como “Big Little Lies” hubiese sido parte de la programación de telefilms de Hallmark Channel o Lifetime. ¿Dónde más la trama de una comunidad de MILFs competitivas que se definen por el estatus social, y el sexo tendría mejor hogar? Mujeres alfa que usan a sus hijos como peones, en un pueblito donde todo el mundo tiene secretos y alguien finalmente termina asesinado. El problema de esta adaptación del libro de Liane Moriarty es la falta de sordidez y de tono siniestro que una historia así podría haber capturado. Culpemos al showrunner David E. Kelley (famoso por Ally McBeal y también por bodrios como Doogie Howser M.D., Boston Public, Chicago Hope y la serie de Wonder Woman que fue tan mala que no llegó al aire).

Pareciera ser que el principal motivo que hizo que “Big Little Lies” mereciera ser una mini-serie de HBO en contraposición a una olvidable película para TV, es el talento involucrado, Reese Witherspoon y Nicole Kidman producen y protagonizan, y por lo tanto son capaces de atraer a los nombres importantes para formar un gran cast dirigidos por un director de prestigio: Jean-Marie Valleé (Wild, 2014 y Demolition, 2015).

Un misterio de un asesinato en el que cualquiera de los protagonistas tiene motivos para matar, en un pueblo lleno de gente despreciable. La pregunta que tendremos que hacernos es si esa muerte es una tragedia o simplemente la respuesta a un enigma, un débil enigma que busca ser un twist sorpresivo y sólo lo es por lo absurdo. La “sorpresa” hubiese sido igual de efectiva si lo revelado resultaban ser extraterrestres.

Cuando la serie -finalmente- se acerca a revelar la identidad de la víctima, en los últimos minutos del último episodio- muchos espectadores probablemente ya se agotaron por la naturaleza cursi y poco original del guión, así como de la desagradable personalidad de los personajes, incluyendo los incomprensibles insert del coro de amigos y padres testificando.

“Big Little Lies” es esencialmente una historia de “problemas en el paraíso”. Todas las mujeres, excepto Jane (Shailene Woodley), viven en casas gigantes, cerca de la playa, millonarias despreocupadas, cada una con un marido atractivo a su manera y con todos sus hijos con el saludable resplandor de California. Pero, por supuesto, cada matrimonio y familia tiene su propio conjunto de tensiones y grietas, desde el abuso físico a delirios de persecución y resentimientos variopintos.

Laura Dern está formidable en su rol y Adam Scott brilla como un marido paciente, pero a punto de explotar. Pero sólo porque este bien actuado no significa que “Big Little Lies” valga la pena soportar a través de los 7 episodios de narrativa. Sostener el final aparentemente catártico no deja de ser un truco barato.

El uso del asesinato como un dispositivo de encuadre es la zanahoria que pretende mantener al espectador viendo “Big Little Lies”, pero sólo funciona si alguien se involucra lo suficiente para importarle el destino de este grupo de personas. Hacia el final del cuento los niños son la vía de escape de la culpa, la oportunidad de los adultos de exteriorizar ansiedades y ver a sus problemas repudiando sus propias opciones de vida.

Te entendemos serie, son gente horrible. ¿por qué pasar siete horas con ellos?

4.5 de 10


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