Crítica: EL VIAJE DE FANNY

14/4/17

Por Leandro Rampoldi

Cómo no enamorarse una y otra vez del cine francés si en cada una de sus películas todavía encontramos ese toque artístico y bello que las diferencia del resto y las hace tan especiales. Sus historias, su idiosincrasia, su estética, sus tiempos y su idioma, entre otros elementos característicos, aún seducen e hipnotizan al público en todo el mundo.

El 2016 fue un año excelente en materia cinematográfica en el país galo: 15 películas superaron el millón de espectadores y más de 213 millones de personas -la segunda cifra más alta de la historia- asistieron a ver los films de producción nacional. En ese marco, la 9na. Edición de Les Avant-Premières volvió al país con un nuevo ciclo con lo mejor del cine francés.

Dentro de la excelente selección de 16 películas que componen la grilla, Le voyage de Fanny (El viaje de Fanny, 2016), de la directora Lola Doillon (En sus manos, 2010), es uno de los dramas de época que brilla y resalta entre la variada la programación del ciclo.

Basada en el libro El diario de Fanny, la película cuenta la historia de Fanny (Léonie Souchaud), una niña de 12 años que, luego de la ocupación del territorio francés por parte del ejército alemán en 1943, debe hacerse cargo de un grupo de niños abandonados y realizar un viaje hacia la frontera suiza para poder escapar de la persecución de los solados nazis.

La temática no resulta novedosa y parece haber sido vista un millón de veces – Segunda Guerra Mundial y personas huyendo de una de las peores dictaduras de todos los tiempos-. Sin embargo, la crudeza que reviste el hecho de que un grupo de niños sean los protagonistas, aunque no se utilice como golpe bajo, dado que se trata de una historia real, hacen de Le voyage de Fanny un film sincero y simple que resalta el valor de la esperanza.

De algún modo la película rescata el espíritu y la esencia de La vita è bella (La vida es bella, 1997), del italiano Roberto Benigni, cuando Fanny, que debe crecer de golpe, también piensa junto a los más grande del grupo la idea de proteger a los niños de los horrores de la guerra disfrazando la realidad con juegos y utilizando la imaginación. Un recurso interesante. Más aún si se toma en cuenta la perspectiva con la que los niños miran el mundo, una mirada ingenua e inocente.

La película no sólo cuenta con escenarios imponentes, localizados en Francia (Mens, en la región de Ródano-Alpes) y en Bélgica (los municipios de Chimay, Couvin y Philippeville), sino que también posee una excelente fotografía y un hermoso vestuario.

8 de 10


©Revista Meta - 2016

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