Crítica: PINAMAR

27/4/17

Por Natacha Mell
Fotos: Hugo Duarte y Matías Moraes

Pablo y Miguel, dos hermanos con personalidades muy distintas, vuelven a Pinamar para tirar las cenizas de su madre al mar y vender el departamento familiar. Desde este punto de partida se comienza a barajar una historia muy simple pero sentida, donde se pone en juego el amor. El amor entre hermanos, el amor filial, y el despertar del amor de pareja.

Federico Godfrid, en su segunda película, luego de “La tigra, Chaco”, nos introduce al mundo de los vínculos. Pinamar es una película de miradas, más que de grandes acciones. Frescura, espontaneidad, diálogos ágiles y cotidianos, van llevando poco a poco la narración haciéndonos compañeros e involucrándonos en la historia de tres jóvenes, que de repente deben cerrar etapas y transitar un camino hacia el futuro.

El guión de Lucía Möller, comparte experiencias de su propia vida con las del director Godfrid, para dar vida a este film rodado íntegramente en Pinamar, donde los protagonistas son los jóvenes, y se elude al máximo la presencia de los adultos.

La película se filmó en cuatro semanas, pero para lograr los climas intimistas que sugiere y la relación cercana con ese Pinamar invernal vacío de turistas, el director y los tres protagonistas fueron dos semanas antes, caminaron el lugar, ensayaron y hasta aportaron elementos que luego se incorporarían al guión, como la escena en que rapean que surge gracias a los aportes de Agustín Pardella.

Párrafo aparte merece la mención de los jóvenes actores que con gran naturalidad y encanto nos seducen desde sus respectivas composiciones. Juan Grandinetti como Pablo, Agustín Pardella como Miguel y Violeta Palukas como Laura, trabajan sus roles desde lo cotidiano, lo sencillo, lo no solemne, vinculándose con el gesto, la mirada.

Una película como está necesitaba este tipo de actuaciones que son logradas con creces. Godfrid, que es docente de dirección de actores, consigue de sus protagonistas el tempo y mesura que sus personajes requieren.


En la conferencia de prensa posterior a la exhibición, el director del film señaló que es necesario militar el cine nacional para que podamos seguir contando nuestras historias, y construir nuestro propio universo audiovisual, frente a la gran invasión imágenes que nos llegan de los grandes monopolios internacionales.

Y en este sentido la película Pinamar nos proporciona aire fresco y creatividad para seguir apoyando a nuestro cine. En suma, una hermosa película para disfrutar. Absolutamente recomendable.

10 de 10


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