BALANCE BAFICI 2017

3/5/17

Por Fer Casals

En apariencia este festival -el decimonoveno ya- lució menos concurrido que en otras oportunidades en cuanto al público (¿Nanni Moretti como figura convocante?) y con una marcada baja en la calidad de las películas presentadas en ambas, la selección internacional y la nacional. 

Sin embargo, la idea de ver películas por fuera del sistema comercial -lo que sea que eso signifique hoy- sigue siendo atractiva para el cinéfilo promedio (y el hipster/snob de siempre) ¿Los premios? bueno, los premios son otro tema, conflictos de intereses y tráficos de influencias siempre hubo, este año tal vez se hicieron un poquito más notorios. Sumele el lobby en favor de algunas películas que en otros festivales no pasarían ni la preselección y la élite de críticos “afines” al festival y el círculo se completa. Por el lado del cine nacional films como Veredas (Fernando Cricenti) y el corto Dear Renzo (Agostina Gálvez y Francisco Lezama) hacen temer por el futuro del cine local.

Con solo ver el recorrido que los films seleccionados en las dos competencias oficiales tuvieron en el exterior basta para darse cuenta que la calidad de este BAFICI no fue la mejor. Esperemos que el año que viene, al cumplirse las dos décadas, el festival pueda atraer la cantidad de público y la calidad de películas de otras ediciones.


Algunos destacados:

The Love Witch (Anna Biller, 2016)

The Love Witch no es una película de terror en el sentido convencional. Pero es un horroroso recordatorio que las mujeres han sido perseguidas desde los días bíblicos hasta hoy por disfrutar de su sexualidad. Una mujer libre es una amenaza para el frágil sentido masculino de superioridad, la fuerza masculina se basa en la subyugación de las mujeres. La mujer que se resiste a la dominación masculina es una… bruja. Leer crítica completa AQUI

El Corral (Sebastián Caulier, 2017)

Con una escena que remite directamente a The Wall (Alan Parker, 1982) se nos introduce a la vida de Esteban (Patricio Penna) un adolescente víctima del bullying (cuando el término no existía, como dice la película). Es Formosa, en 1998 y ante la llegada al colegio de Gastón (Felipe Ramusio Mora), el mundo de Esteban y el del pueblo cambiará. Con un pulso intenso y parejo la película va abandonando de a poco cualquier intención de hacer un comentario sobre la educación y la sociedad para ir definitivamente por el thriller. El resultado es convincente y pone al director como un gran promesa para el cine industrial de nuestro país.

Lilith’s Awakening (Mónica Demes, 2016)

Con el respaldo de David Lynch la directora brasileña presenta un film en lúgubre blanco y negro, lánguido, y lleno de contrastes entre luces y sombras que buscan reflejar la personalidad de la protagonista. Lucy, una mujer descontenta con su esposo y con su vida en medio de la nada de la América profunda, se convertirá en Lilith, su completo opuesto. Hermana en concepto de “A Girl Walks Home Alone at Night” (Ana Lily Amirpour, 2014) también utiliza los largos planos, close-ups y el tono ominoso para contar un historia de vampiros alejada del paradigma.

El Espanto (Martín Benchimol y Pablo Aparo, 2017)

Mirada citadina de la vida pueblerina que transita la fina línea entre ficción y realidad. ¿Donde termina una y donde comienza la otra? En cualquier caso, resulta secundario ante lo convincente, sólido y atrapante que resulta el relato que además tiene una factura técnica impecable. En El Dorado (provincia de Buenos Aires) hay algunas creencias, las enfermedades se curan con métodos centenarios, lejos física y espiritualmente de la medicina de la gran ciudad, salvo por una enfermedad, el “espanto”. Los vecinos en primera instancia entrañables conducen la trama, y de a poco lo que parecía inocente comienza a oscurecerse. La cámara nunca abandona la lejanía intelectual con los sujetos que registra, el resultado es una película que refleja a un grupo de personas con ideas y costumbres que lamentablemente pueden encontrarse en cualquier rincón de nuestro país.

Cetáceos (Florencia Percia, 2017)

Clara (Elisa Carricajo) está recién mudada al departamento de su novio (Rafael Spregelburd), que viaja a un evento en Italia, dejándola sola. Todo lo que parece estar bien en la vida de Clara (su trabajo en la universidad, el haber obtenido una beca) en realidad está mal, porque la felicidad no es lo mismo para todos. Nadie sino una mujer pudo escribir o dirigir esta película. La directora Florencia Percia (ópera prima) cuanta esta historia con la sensibilidad y humor personal que esquiva los lugares comunes y el melodrama barato.

El Candidato (Daniel Hendler, 2016)

Para los estándares de las comedias argentinas, El candidato es una rareza. Paródica y punzante a la vez, el director y guionista no quita los ojos de su presa, el político construido a través del marketing. Un empresario con papá millonario, que aburrido de su mediocridad decide invertir en algo nuevo, su propia persona. Allí es donde aparece el grupo de asistentes que buscarán posicionar al candidato creando un imagen sobre cualquier sustancia o contenido ideológico, más preocupados por las redes sociales que por cualquier contacto humano. Esta película de ficción es básicamente la triste realidad que vivimos dia a dia (ver Clarín).

Corralón (Eduardo Pinto, 2017)

(Por Valeria Massimino) Una película del género terror, y en blanco y negro. Un buen intento de hacer algo distinto y con pocos recursos. Juan e Ismael son grandes amigos que trabajan en un corralón de Moreno. Montados en un camión, atraviesan el invierno y conviven con ese arduo trabajo en una ciudad triste. Un día se encuentran con un cliente diferente que logra despertar la oscuridad que las personas suelen tener dentro. Una bestia no domesticada que se rebela. Lo que se destaca es la actuación de Luciano Cáceres (Juan), en el papel de perturbado, con cierta obsesión por los perros y harto de vivir del desprecio de los “ricos”. La constante desigualdad de la sociedad. También cabe destacar la interpretación -revelación- de Pablo Pinto (Ismael). El dúo funciona, hay suspenso y sordidez en un mundo que carece de color, porque no puede haber color cuando las cosas no son justas. Tal vez atreverse a un poco más, hacer algo más arriesgado, hubiera sumado. Pero al menos fue ver algo diferente, sin efectos especiales, tan solo miedo por la situación que se vive, por la realidad. Se destaca la música a cargo de Axel Krieger. 


 

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