Crítica: LOS PADECIENTES

3/5/17

Por Rocio Florencia Duarte

El cineasta Nicolás Tuozzo dirige “Los Padecientes” basada en la famosa novela de Gabriel Rolón, quien junto a Nicolás y Marcos Negri es parte del equipo de guionistas de la película.

El thriller psicológico cuenta la historia de Pablo Rouviot (Benjamín Vicuña), psicoanalista, autor de textos de cierto prestigio, quien comienza a investigar y obsesionarse por revelar la verdad del crimen de un poderoso empresario, Roberto Vannucci (Luis Machín) a pedido de su hija mayor, Paula (Eugenia Suárez).

En esta película se abordan temas muy fuertes y actuales desde un registro cuidado y solemne. Tiene escenas muy intensas, desnudos muy cuidados y estéticos, que hasta me atrevería a decir que es lo más lindo de la película. Los planos, los movimientos de cámaras son sutiles, y maravillosos en mi opinión. Una historia donde se une la realidad con los recuerdos, en una imagen transparente y estética. Relatos en off que funcionan. Pero por momentos la película abusa de remarcar permanentemente algunos temas centrales de la trama para que el espectador “comprenda” y no le quede dudas de lo que ve, subestima.

La actuación de Benjamín Vicuña fue muy buena para este personaje, una persona que debía observar, escuchar, dar sensación de tranquilidad a la hora de comunicarse, obsesivo por encontrar la verdad y eso se nota en la pantalla. Pablo Rago siempre acompañando, ese amigo que todos deseamos tener, buena onda y consejero. 

Eugenia Suárez, hace un papel que no cierra del todo. Su personaje es inverosímil: un personaje que iba encaminado pero le faltó trabajo sobre todo a las expresiones, a la manera de desenvolverse, incluso físicamente. El personaje de Paula, es un personaje muy sufrido, pero ella no transmite nada de eso. Queda incoherente su actuación, no se condice.

Por otro lado, una revelación es Ángela Torres, por mi parte, ¡me saco el sombrero! Cada mirada, cada gesto, cada movimiento transmitían ese miedo, esa angustia que tenía dentro este personaje, realmente atravesó la pantalla. Era sentir lo que ella sentía.

Luis Machín, el hombre odiado en la pantalla, logra su cometido. Sus miradas, su manera de moverse, de hablar generaba asco y rechazo. El director hizo un gran trabajo de producción, tanto sonoro como actoral, aunque algunas cosas no terminan de convencer, hay cabos sueltos, que tal vez estén mejor explicados en el libro. En algunas pequeñas cosas el guión decae y empieza a generar preguntas al espectador que no debiera.  El mensaje del film es muy bueno y claro, y puede ayudar al espectador a entender este tipo de situación y a no tener miedo de hablar. Seguro Rolón nos quiere dejar ese mensaje.

8 de 10


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