Crítica: TAQUITOS EN EL BARRO

4/6/17

Por Hugo Duarte

En la estación del tren Victoria, una madrugada lluviosa se encuentran en el andén, esperando el tren que tardara en salir, Mora y Cervando. Ella amante de la danza del tango que está volviendo de una de esas milongas y el un mozo de bar casi anciano, que vuelve de perder todo su dinero en el juego de naipes. Falta bastante tiempo para que salga el tren y es en ese momento que comienzan a relacionarse, a conocerse y la esperanza que ese tren los saque de ese lugar para olvidar esa noche mala para ambos. La soledad, el desamor, los caminos errados y el dialogo sobre estos son la materia que permite a estos dos seres compartir un momento que de no ser por la lluvia tal vez nunca se hubieran encontrado.

Soledad Seoane ( Mora ) y José Manuel Espeche ( Cervando ) dan vida a estos dos personajes con variados altibajos emocionales, donde hay bailes, algo de comedia, en medio del drama que están viviendo ambos, y de a poco se irán conociendo para entender cuan solos están en sus vidas.

La lluvia nos da el clima en esta relación fortuita que surgió gracias a ella .Lo que les ocurrió esa noche a los dos, noche difícil y de perdidas, pero que se vuelve un gran encuentro uniendo soledades y creando esperanzas

Muy buenas actuaciones de los protagonistas, con diálogos que marcan la diferencia de edades, pero que poco a poco se van acercando en el universo de los sentimientos. Una escenografía minimalista a cargo de Vanesa Abramovich, un diseño de luces intimista a cargo de Daniel Zappietro, y la dramaturgia de Rubén Mosquera, hacen que en el conjunto de esta obra, una buena opción, entretenida, con momentos de vibrante emoción, y un lucimiento en particular de los protagonistas.

8 de 10


Lunes 21 hs

LA LUNARES

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