Crítica: APLICACIÓN DIABÓLICA

19/6/17

Por Leandro Rampoldi

En una de las escenas de Forgetting Sarah Marshall (¿Cómo sobrevivir a mi ex?, 2008) el personaje que interpreta Jason Segel concuerda con el de Russell Brand sobre lo absurdo y ridículo que sería la premisa de un film en el que un teléfono celular pudiera matar a los protagonistas.

Parece mentira, pero ese mismo argumento se vuelve realidad en Aplicación diabólica (Bedeviled,2016) -sí, el título más literal y menos seductor de la historia-, una película que derrocha clichés y elementos trillados desde el minuto uno.

Dirigida por Abel y Burlee Vang, Aplicación diabólica cuenta la historia de cinco adolescentes que reciben una invitación para descargar una nueva app. Si bien parece muy amigable al principio, luego de unos días se transforma en una de sus peores pesadillas al poder penetrar en sus miedos más profundos y traer a la vida a lo que ellos más temen -un osito de peluche o una abuela, por ejemplo-. Sí, así de triste.

Es cierto que desde hace algunos años el género de terror está mutando hacia un miedo más real, tangible, y que se está distanciando de películas estereotipadas con historias de espíritus y fantasmas. Pero creer que una app asesina podría funcionar como el argumento de un film es lo más preocupante y aterrador de todo.

La película está compuesta con la estructura de una película de terror de los años ochenta o noventa. Los protagonistas son una linda y sensible adolescente -sobre la que se centra la historia- una amiga sexy y rebelde, un asiático y un afroamericano que, como novedad, no es el primero en morir.

Aplicación diabólica es una película sin sentido y completamente predecible. Se explica hasta lo más sencillo y muestra demasiado. Hay muertes inexplicables, no hay policías, no hay llantos, no hay lutos, no hay extras, no hay padres. Sólo un grupo de amigos y una entidad demoníaca -parecida al Guasón- que asesina a través de una app.

Actuaciones malas, tomas horribles y pésimo guión. El argumento de Aplicación diabólica es tan débil que se cae por sí solo. La solución para todos los problemas es sacarle la batería al teléfono o apagarlo. Listo, problema resuelto, no más demonios.

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