Sebastián Caulier: “El cine argentino está en un momento poco feliz y de alerta permanente”


27/6/17


Hablamos con Sebastián Caulier, director de EL CORRAL, la película sobre dos jóvenes antisociales que, resentidos contra sus compañeros y profesores, se proponen provocar una conmoción en el colegio secundario al que asisten en Formosa a través de una serie de actos de vandalismo. Luego de participar en BAFICI, EL CORRAL se estrenó el jueves pasado en la cartelera nacional. 


Entrevista: Valeria Massimino


¿Cómo nace la idea de EL CORRAL?

El germen de la historia nació hace muchos años en un taller de guión. El disparador fue un recuerdo del secundario que de hecho terminó siendo una escena de la película: un amigo mío al que un día a la salida de la clase de gimnasia nuestros compañeros lo persiguieron tirándole piedras, hasta hacerlo caer de la bici. A este recuerdo disparador se le fueron sumando más vivencias y personajes de esa época, y de a poco empezó a tomar forma de historia. En un momento me estanqué con el guión, lo abandoné y seguí con otra historia, que terminó siendo mi primera película. Después de varios años decidí retomar El corral (estuvo como seis años cajoneada) y volver a escribirla desde cero. Ahí sí salió. Conclusión: a veces los guiones para madurar necesitan pasar unos años en el cajón.

Hay una escena que recuerda a THE WALL, ¿fue intencional? 

No fue intencional, pero ahora que me lo decís comparto absolutamente que el dibujo que tiene Gastón en la pared (la de una hilera de ovejas que se deslizan sobre una cinta metálica rumbo a una máquina trituradora que las convierte en picadillo) remite directamente a esa escena de The wall. De todas maneras, el hecho de que no haya sido intencional no quiere decir que la influencia no haya existido, porque las influencias no tienen por qué ser conscientes ni deliberadas. De hecho, creo que son algo que no se puede evitar. Claramente vi The wall en su momento y seguramente esa escena quedó grabada el algún sector de mi memoria, y eso operó en el momento de escribir esa escena del guión. Uno está atravesado por todo lo que vio y leyó. No hay manera de escapar.

¿Cómo fue el casting de los actores?

El casting lo hice con María Laura Berch. En primer lugar hicimos una convocatoria abierta a chicos de esa edad. En esa primera etapa, ella tomaba los castings y depués yo iba a su estudio a ver los videos. En base a esos primeros videos, hicimos una pre selección y empezamos a llamar a call backs. Así llegamos a los dos protagonistas. La visión de ella fue clave en mi elección final de la dupla protagonista. Ella también estuvo presente como coach durante todo el proceso de ensayos y entre los dos (los cuatro, mejor dicho) fuimos definiendo y redefiniendo a los personajes. El proceso de ensayo fue una de las cosas que más disfruté de hacer la película. Es increíble ver cómo a través de las distintas modificaciones en la curva dramática de los personajes se puede reescribir todo el argumento, sin cambiar una sola letra del guión. El personaje de Gastón, por ejemplo, cambió completamente durante los ensayos. Yo lo había concebido como un psicópata absolutamente frío y calculador, y terminamos encontrándole un costado de fragilidad que lo hizo mucho más interesante.

Alguna anécdota durante el rodaje. Algo que te haya llamado la atención.

La anécdota protagonista de todo el rodaje fue el calor. Se podría escribir un libro sobre el calor formoseño. Por disponibilidad del colegio y de los chicos, filmamos en verano, con temperatura que a veces superaban los 45 grados. Esto era tremendo, porque terminábamos las jornadas literalmente empapados. Teníamos un equipo específico que abastecía de tereré constantemente a todo el mundo. Ese equipo no paraba un segundo, porque las cantidades de agua y hielo que se consumían eran siderales. En la escena del incendio del auto, en la que el fuego debía seguir un reguero de alcohol hasta llegar al vehículo, tuvimos problemas porque el combustible se evaporaba ni bien tomaba contacto con el pavimento (y eso que era de noche). Así que esa toma la tuvimos que repetir muchísimas veces, hasta que finalmente el combustible prendió.

¿Cómo fue recibida en BAFICI?

Excelentemente bien. Las tres funciones a sala llena y con ovación al final. Todos los comentarios y críticas que recibimos fueron muy halagadores. Y, lo más importante de todo, presentar en el BAFICI le dio visibilidad, que es lo que más necesita una película argentina.

¿Fue subsidiada? ¿Cómo ves ese tema para los que esperan poder realizar su ópera prima? 

Sí, la filmamos aplicando a la entonces llamada 1era vía del INCAA (así era el plan de fomento anterior). Gracias a eso pudimos filmarla. Si no, imposible. Si bien a simple vista parece una película ‘chica’, tiene detrás una estructura de producción que hubiera sido imposible abarcar de manera independiente. Creo que el panorama del financiamiento está complicado. Desde el vamos, el nuevo Plan de fomento —más allá de contener algunas innovaciones positivas, como las convocatorias a desarrollo— es en muchos puntos bastante más excluyente que el plan anterior y hace más difícil que una persona sin una SRL o contactos fuertes en la industria pueda filmar una película. Si a eso le sumamos la polémica surgida hace poco más de un mes a raíz de la difamación y desplazamiento del presidente INCAA (detrás de la cual pueden adivinarse espurias intenciones políticas) creo que podemos decir que estamos en un momento poco feliz y de alerta permanente. El fantasma del desfinanciamiento está más presente que nunca y nos tiene a todos en vilo. De todas maneras, no hay que desanimarse. Tenemos que seguir haciendo, y luchar por mantener lo conquistado.

¿Qué otro recorrido tiene la película?

Ahora estamos enfocados en el estreno, en la prensa y en la distribución, para que la película se mantenga en cartel la mayor cantidad de tiempo posible y llegue a la mayor cantidad de salas posible. Paralelamente, estamos aplicando a otros festivales de cine para la segunda mitad del año.

¿Una película?
Qué pasó con Baby Jane, de Robert Aldrich.

¿Un libro?
Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima.

¿Si pudieras retroceder en el tiempo a qué hecho histórico irias?
Al siglo V A.C. en Grecia, para asistir a los estrenos de las tragedias de Sófocles.

¿Una mujer?
Te la cambio por un hombre: Chris Cornell.

¿Un político?
Cristina Kirchner.

¿Una bebida?
Vino y cerveza, según el momento.

Mi miedo es…
Perder la curiosidad.

¿Un final de película?
El de ‘Carrie’, de Brian de Palma.

¿Lugar ideal para vacaciones?
Río de Janeiro.

¿Un disco?
Station to station, de David Bowie.

¿Creés en Dios?
No en ese Dios.

¿Una META?
Vivir el presente.


 

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