Crítica: EL MUNDO EN MIS ZAPATOS


6/9/17


Por Ailín Escola


El martes pasado tuvo lugar la función especial de prensa de “El mundo en mis zapatos” en el espacio Pan y Arte. Se nos brindó un breve almuerzo dónde la crítica esperaba ansiosa la función.

Brenda Fabregat es la protagonista de esta comedia, además de ser una de sus dramaturgas. La otra es Eloisa Tarruella, quien también dirige, y está al frente de este nuevo desafío. Eloisa nunca se detiene.

La multifacética Brenda Fabregat le da vida a está mujer del día a día, cotidiana, y para muchas personas, real. Aunque por momentos un tanto extrema y divertida. La gran actriz no solo encarna a esta mujer, sino a unos cuantos personajes más. Personajes estereotipados, sin mucha complejidad psicológica, pero que le sirve para interactuar y mostrar su facilidad para entrar y salir de personaje.

La historia cuenta una Navidad en la que Brenda está sola luego que su marido la abandona y sus hijos la pasarán con su padre. El momento le dispara una serie de recuerdos que la hacen transitar por toda su vida.

Con idas y vueltas, y altibajos emocionales que llevan al espectador, por momentos a emocionarse, y por otros momentos, más musicales, en los cuales baila o le pone el cuerpo a las escenas. Allí vemos la resistencia física de la actriz. Se mueve por el pequeño escenario con total facilidad al igual que realiza los cambios de ropa y zapatos.

Con todos estos pasajes, Fabregat, que se monta la obra en la espalda, exhibe cómo es y fue la vida de esta mujer “común y moderna”. Relata su separación, cómo es tener que ser madre soltera, cómo intenta reconstruir su vida amorosa, cómo lo fue cuando era jóven, y cómo es que su más ferviente deseo, el de ser actríz, se ve frustrado y tiene que terminar trabajando de camarera aún no deseándolo. Historias que generan empatía con el público.

Quizá los argumentos son válidos al igual que los textos, pero sin embargo se ve abordado de una manera un poco “artificial” a las problemáticas de la mujer moderna. Quien carga, no solo con presiones sociales y el miedo de salir a la calle, que por el solo hecho de ser mujer está desprotegida. Sino también, carga con un trabajo que, aún que no guste, se lo tiene bajo precarización laboral para mantener una casa, hijos, y su relegado deseo de ser profesional en un ámbito sinuoso.

Una obra emotiva, que muestra la sensibilidad de la artista y el esfuerzo que realizan por hacer teatro no comercial.



Ficha Técnica: Producción General: Eloísa Tarruella; Asistencia de Dirección: Micaela Albanese; Diseño de Luces y Spots promocionales: Patricia Batlle; Vestuario: Soledad Gaspari; Sonido: Lucho Corti; Escenografía:Mercedes Pérez; Fotografías: Trigo – Gerardi; Diseño Gráfico: Juan Francisco Reato; Operador de Luces: Víctor Chacón; Dirección: Eloísa Tarruella.


“Este espectáculo tiene la particularidad de estar inspirado en la vida de su co/autora y protagonista, Brenda Fabregat. El proyecto surgió a partir de un diario personal que Brenda escribió en las redes sociales y que atrapó enteramente mi interés por el modo en el que ella iba transformando sus fracasos cotidianos en deleites humorísticos. Se trata de un bio/drama – término acuñado por la directora teatral Vivi Tellas – que inscribe el “retorno de lo real” en el campo de la representación. Ficción y realidad, lo público y lo privado se ponen en tensión recuperando la vida personal como experiencia única. Por momentos la dramaturgia se entrecruza con el comic stand up, la comedia física, y también se anima a ir a lo profundo del drama donde se aborda la tristeza como una parte más del recorrido existencial del ser humano. El personaje de Brenda se construye como un caleidoscopio a través de la mirada de los otros y de la propia, navega para indagar en su universo más íntimo”, Eloísa Tarruella.



“Soy una bailarina y actriz que solía postergar el proyecto de una familia por mis inquietudes artísticas. Mis deseos en el terreno de lo profesional, siempre intensos, me parecían poco compatibles con las energías que implica armar un nido. Pero, un buen día, un flechazo del tamaño de Jupiter, enterró esos supuestos. Luego, arribé a una montaña rusa emocional: mi hija Avril tenía sólo un par de días de vida y su hermano Bruno, apenas un año y medio más. Me encontraba sola, en un pueblo llamado Carpintería, pegadito a Merlo, en la Provincia de San Luis. Mi relación de pareja se había resquebrajado por completo. Tenía dos únicas vías posibles: la depresión o la escritura catártica. Y elegí la segunda. Lo que empezó como una herramienta para salvarme la vida, se convirtió en arte. A los pocos meses fui convocada por Julio Parissi para formar parte del colectivo de humoristas llamado La Causa Gracia, que entre otras cosas logró convertir en Ley el Día del Humorista. Y en ese trayecto, recibí el llamado de Eloísa, quien me propuso armar un unipersonal. Como la admiro, acepté sin titubear. Y acá estamos, al borde de la esquizofrenia”, Brenda Fabregat.


 

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