Crítica: Beata Ignoranza


20/9/17


Por Ailín Escola


Beata Ignoranza es un film del comediante Massimiliano Bruno. La comedia sucede entre los profesores del secundario Filippo y Ernesto. Filippo es un profesor de lo más serio y severo, intelectual y antiguo. Ernesto al contrario, de lo más desfachatado y atrevido, pasional e ignorante. Entre estos dos personajes de desarrolla la historia de una familia  fuera de lo habitual.

Tras un inconveniente entre ellos que es expuesto por la tecnología celular, la hija de ambos decide realizar un documental. Basándolo en la relaciones modernas de Internet en dónde prevalece la tecnología y no lo humano.
Filippo (Marco Gilliani) y Ernesto (Alessandro Gassman) se descubren padres de la misma hija. Uno la crió y el otro le dio la genética. En esta relación, que se podría decir atípica para las relaciones establecidas como convencionales, se evidencian los distintos tipos de amor por una hija y hasta una misma mujer.

Con tomas clásicas y estereotipos de galanes y de ‘hippes fumones’, el film relata la historia de amores discontinuos atravesados por la tecnología. Dejando una refelxión sobre la humanidad y la “comunicación” que suponen esas “charlas tecnológicas”.

Un film con algunas reflexiones sobre la actualidad, pero que en el tono de comedia -que podría ser devastadora- no profundiza y se queda en pequeñeces que buscan la risa sin sentido.

Muestra una Italia distinta, no turística, dónde no se muestra la torre de pisa y el coliseo. Una Italia cotidiana, en donde el transcurso de los días, si bien pasa por los celulares, no pasa por la capital y los lugares trillados.

Un film que recorre las relaciones atípicas, desde amorosas hasta comunicacionales, para reflexionar sobre algunas y divertirse sólo el rato en que las imágenes nos distraen.

6 de 10


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