Crítica: CRIMEN Y CASTIGO


19/10/17


Por Guadalupe Farina
Fotos: Constanza Beruti


Cuando nos llega la información de que en un teatro porteño se está haciendo la puesta en escena de Crimen y castigo, la novela cumbre del ruso Fiódor Dostoievski y una de las más grandes obras de la literatura universal, la primera duda que nos asalta es cómo resultará la transposición semiótica de géneros. Es que el original no se pensó para ser representado aunque, vale decirlo, a lo largo de la historia de la cinematografía el relato se llevó varias veces a la pantalla grande. No así a las tablas.

La respuesta a nuestro interrogante inicial se va dilucidando a lo largo de las casi dos horas que dura el espectáculo: la trasposición es exitosa. Los núcleos de la historia del joven Rodión Raskólnikov (Jonathan Di Costanzo) que, ante la miseria debe abandonar sus estudios y se ve obligado a empeñar algunos objetos de valor con una anciana usurera a la que termina asesinando junto a su hermana, están todos presentes. Tampoco faltan los principales personajes del libro: la madre y hermana del protagonista, la enamorada, el amigo, entre otros.

El problema está en que Crimen y castigo es una novela psicológica. ¿Cómo, entonces, llevar a escena la locura que empieza a sufrir el protagonista? La solución que encuentra atinadamente el director, Martín Barreiro, es hacerlo a través de la musicalización y coreografías en las que participan todos los actores. Con un fuerte soporte en la iluminación, el caos generado por los cuerpos de los intérpretes más la utilización de algunos elementos escenográficos -como una mesa que hace las veces de camilla o una escalera- se logra adentrar al espectador en el desorden de la crisis psíquica que sufre Raskólnikov. Con ese sólo recurso se sostiene el principal tema de la pieza: la locura.



Sin embargo, esa fuerza se pierde cuando nos adentramos en el terreno de la interpretación. La linealidad de la actuación impide ver el progreso de la demencia del personaje principal. No hay un in crescendo que acompañe lo que sí sucede desde la puesta. Ya en la escena inicial el personaje de Raskólnikov está crispado en demasía, lindando con la sobreactuación. Difícilmente, partiendo de ese piso, pueda lograrse una acumulación. Lo que termina enloqueciendo a Raskólnikov es la sucesión de distintos eventos (que no enunciaremos por si algún lector no conoce la trama) y la culpa que siente por el crimen cometido. En la obra ese proceso es pasado por alto ya que parece querer actuarse “la locura” muy por arriba, en cuanto estado. De ese modo, la propuesta pierde riqueza y profundidad.

El resultado es una obra escindida: por un lado una puesta que cumple con el objetivo y suma a la historia, y por el otro, actuaciones a las que les falta trabajar los matices necesarios para la construcción del personaje evitando caer en una suerte de caricatura.



Crimen y castigo se presenta los sábados a las 21 horas en el Teatro El Convento (Reconquista 269 – CABA).


Ficha técnica
Autor: Fiódor Dostoievski
Adaptación: Martín Barreiro
Actores: Javier Altamiranda, Gabriela Caponetto, Pamela Caro, Jonathan Di Costanzo, Mimi Ferraro, Jeremías Ferro, Nina Gianucci, Tamara Malano, Graciela Rovero, Oscar Sandoval Martínez, Fabio Veron y Matías Zas
Puesta en escena y dirección: Martín Barreiro


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1 comentario

  1. Anónimo

    Su Cohttp://www.revistameta.com.ar/archivos/17327mentario * Que bueno tener dos opiniones tan opuestas de un mismo medio.

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