Crítica: SUDORES DE NIÑA VIRGEN


3/11/17


Por Guadalupe Farina
Fotos: Adrián M. Arellano


Como un ovillo de lana, la trama de Sudores de niña virgen se va desenrollando de poco. En su medida justa y con el tempo necesario, el texto de Darío Bonheur, a medida que avanza, se va sumiendo cada vez más en la oscuridad. Pero de entrada, y eso es lo maravilloso de cómo está planteada la obra, pareciera que de lo que se va a tratar es de la peripecia de una joven aspirante a actriz para satisfacer la idea escénica de un director muy exigente.

La metateatralidad está presente desde el minuto uno. Exactamente desde que Julio Pallares, interpretando al director, ingresa al escenario y pide al iluminador real que modifique la iluminación. Ese recurso, junto a las constantes referencias al teatro y a la ruptura de la cuarta pared a la que apelan tanto él como María Nydia Ursi-Ducó, que encarna a una actriz experimentada, disponen al espectador a ver un espectáculo donde el teatro parece ser el tema saliente: teatro dentro del teatro.



Pero nada es lo que parece. Con mucha sutileza lograda por el combo entre la rica dramaturgia, la correcta dirección y la brillante actuación de Pallares, su personaje va virando desde el estereotipo de un director obsesivo hasta convertirse en un ser totalmente perverso que digita la vida de la niña Maribel (Paloma Santos). A él se suma el personaje de la actriz consagrada, un poco mano derecha, que va asumiendo un rol mitad maternal y mitad siniestro.

En las relaciones de poder entre los tres, ya sea en la ficción dentro de la ficción o en las escenas donde recrean una situación de ensayo teatral, la joven siempre es la sometida al punto de que hasta le quitan el nombre. “Es lo mismo que te llames Maribel, que Anabel”, le dicen. Ursi-Ducó logra destacados matices en el constante ida y vuelta entre el instinto maternal que le genera la muchacha y la violencia soterrada con la que se dirige a ella. La identificación con Maribel es casi inevitable y la sensación de agobio que ella siente se traslada rápidamente al público.

Ayuda a generar eso la disposición escénica y el diseño lumínico. Algunos pasajes transcurren totalmente a oscuras. Escenográficamente, la puesta en escena de Bonheur y Ursi-Ducó se vale de la caja negra, donde apenas irrumpe un sillón y una larga tela celeste que llega hasta detrás del telón y hace las veces de sábana, de camino, de lo que los actores manipulen con ella.

A través del simbolismo de algunos elementos que se usan en escena (no adelantaremos cuales) el horror se va desencadenando o, mejor dicho, mostrándose, ya que el mismo se encuentra desde el principio. La banalidad el mal, a decir de Hannah Arendt, interpela al espectador a medida que se revela el tema central de la obra: la trata de personas.

En definitiva, Sudores de niña virgen no dejará a nadie indiferente. Entretiene y conmueve, pero sobre todo se constituye como un acto estético y político donde no existen bajadas de línea ni el foco está puesto directamente en prevenir el modo de esclavitud más terrible del siglo XXI. Lo hace, por supuesto, pero desde otro lugar distinto al panfleto: lo logra desde la sutileza de exponer la perversión, la maldad y el dolor ante los ojos del público. Una joya del teatro independiente absolutamente recomendable.



“Sudores de niña virgen” se presenta los viernes a las 21 hs. en Abasto Social Club (Yatay 666 – CABA)


Ficha técnica

Dramaturgia: Darío Bonheur
Actores: Julio Pallares, Paloma Santos y Maria Nydia Ursi-Ducó
Voces en Off: Martín Caminos, Alejandra Darín, Pochi Ducasse, Osmar Núñez y Susana Varela
Diseño de vestuario y escenografía: Alejandro Mateo
Diseño de luces: Lucas Orchessi
Video y sonido: Javier Mollo
Producción ejecutiva: Ale García
Dirección: Darío Bonheur y María Nydia Ursi-Ducó


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1 comentario

  1. Anónimo

    Muchas gracias!

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