Crónica y fotos: BAD RELIGION EN ARGENTINA: LA RELIGIÓN QUE TANTO GUSTA


11/11/17


En la primera noche del Rockout, la banda de California se presentó junto a Eterna Inocencia y Lash Out, y demostró por qué sigue siendo uno de los máximos referentes de la escena punk.


Por Gonzalo Ciampa
Fotos Martín Rodríguez


La tarde del martes se llenó de remeras negras en los alrededores del Teatro Flores, a la espera de la apertura de puertas que brindaría el acceso a unos de los festivales más esperados por los seguidores del punk y del hardcore, quienes fueron entrando cuando el sol comenzaba su puesta.

Adentro, la ansiedad fue creciendo de a poco hasta que las cortinas se corrieron para que Lash Out inaugure la jornada. Con pantalla de fondo que emitía imágenes retro y un fuerte sonido, los chicos de Campana -que ya llevan veinte años de carrera- salieron a patear el tablero con “Sonreír” y “Algunos”, y una seguidilla de canciones que siempre los caracterizó como una banda rebelde y melódica. Con un sonido ya acomodado, sonaron “Rino” y “Mala idea”, entre otros temas, y el público respondió con merecidos aplausos. “¡Qué noche!”, dijo el cantante, expresando su felicidad y la de sus compañeros, en este espectáculo que los mostró por segunda vez –en 2016 compartieron cartel con The Offspring y Dead Kennedys, entre otros-. En esta edición, Lash Out sonó durante cuarenta minutos y se despidió con “Lo haces mal” y “Sueños”, a la espera de Eterna Inocencia.

En los días previos al concierto, Guillermo Mármol, cantante de Eterna Inocencia, le contaba a Revista Meta que muchos seguidores de la banda le habían expresado la felicidad que les producía saber que compartirían una fecha con Bad Religion. Nunca mejor dicho, porque la antesala del acto principal fue sorprendente. Con un Teatro ya colmado, Eterna Inocencia expuso su fuerza, sus melodías y sus mensajes frente a un público que los recibió con una increíble ovación. “Encuentro mi descanso aquí, en este estuario” y “A los que se han apagado” iniciaron un setlist sonoramente potente y muy prolijo, mientras la pantalla mostraba imágenes de cantautores latinoamericanos, como Daniel Viglietti y Víctor Jara. Los temas fueron sucediéndose sin respiro, con la banda aprovechando al máximo su tiempo arriba del escenario. De esta forma sonaron “Puente de piedra”, “La resistencia” y “Cassiopeia”, y Los Olimareños se hacían presentes mediante su imagen; también lo haría Mercedes Sosa, más adelante.

“Después de 22 años, es un placer compartir escenario con Lash Out. ¡Ah, y con Bad Religion!”, reconocía y bromeaba el cantante, quien, al igual que sus compañeros y el público, disfrutaban de una noche muy anhelada.“Hazlo tú mismo” produjo uno de los coros más grandes hasta ese momento, y entrando en la recta final, la intensidad subió con temas más pesados como “Cartago” y “Cuando pasan las madrugadas”.

“Weichafe Catrileo” – o “Guerrero Maldonado”, como renombró Guillermo Mármol al tema dedicado a Matías Catrileo, el joven chileno de 22 años que murió en 2008 a raíz de un impacto de bala por parte de un carabinero, en una clara analogía con Santiago Maldonado, quien falleció en circunstancias aún no resueltas- marcó el fin de una performance sensacional, que tuvo momentos melódicos y agresivos, y que al finalizar impregnó de emoción a todos los presentes.

Las cortinas se mantuvieron abiertas mientras los asistentes y técnicos preparaban el show principal, que esta vez no hizo uso de la pantalla, sino que dispuso de un enorme telón negro que incluyó el característico símbolo y el nombre de la banda.

La ovación y el aliento hacia la banda californiana se hizo sentir desde los instantes previos a la aparición de los músicos, quienes regresaban al país por séptima vez y a poco más de un año de su última visita.
Bad Religion no se vale de trucos escénicos ni de sorpresas inesperadas; tampoco le rinde homenaje a grupos que los precedieron. Con 38 años a cuestas y una historia que los ubica dentro de las bandas trascendentales que forjaron el resurgimiento del punk a comienzos de los ochenta, sólo les bastó que las luces se apagaran para generar -y comenzar- una revolución.

A partir de las 21.30, la enérgica “Recipe for Hate” inició la velada y mostró a una banda sólida, con una velocidad increíble y un sonido justo. Jay Bentley (bajo) no paró de moverse, a diferencia de Mike Dimkich y Brian Baker (guitarras), que se mantuvieron estáticos y conformaron una pared de sonido única. “Supersonic”, “Prove It” y “New Dark Ages” sonaron al principio, con tempos más rápidos que en sus versiones de estudio, dando cuentas de que la eficacia musical sigue intacta.

“Muchas gracias, gente”, fueron las primeras palabras de Greg Graffin (cantante), quien entiende que hablar poco y expresarse a través de las canciones resulta clave para una banda como Bad Religion. Con sus gestos y miradas invita al público a cantar y a reflexionar sobre los significados de sus letras, aunque la celeridad con la que transcurren los temas sólo convida a seguir disfrutando.

El tiempo los puso más rápidos, y “Stranger Than Fiction”, “I Want to Conquer the World” y “Fuck You” dieron muestras de eso. “Esta noche es una fiesta, ¿no?”, soltó Graffin, y el público supo que tenía razón. Mike y Brian se repartieron los arreglos y los punteos, y Jamie Miller (batería) demostró, con su destreza, que es uno de los mejores bateristas del género. Pasearon por trece de sus dieciséis discos de estudio, siendo “No Control” (1989) su trabajo más celebrado durante la noche: 7 de los 33 temas ejecutados se desprendieron de esa placa. Sin parar, Bad Religion entregó “Generator”, “You”, “Infected” y “Sorrow” antes de tomarse un pequeño descanso. Habían transcurrido 75 minutos, treinta temas y mucho pogo, pero a Graffin y compañía aún les restaba tiempo y velocidad.

“Punk Rock Song” inició los bises y le devolvió el descontrol a la pista del Teatro Flores, y la introducción del bajo marcó la llegada de “Fuck Armageddon… This Is Hell” para que los más nostálgicos recuerden “How Could Hell Be Any Worse?” (1982), el debut de la agrupación. Al igual que al principio, pero noventa minutos más tarde, el disco “Recipe for Hate”(1993) cobró vida y entregó la última canción, el clásico “American Jesus”.

“Hasta luego” y “Muchas gracias, Buenos Aires”, en un claro español, fueron las últimas palabras del líder y de Jay Bentley, respectivamente, mientras el púbico aplaudía a la banda y daba muestras de cuánto les gusta -y les gustó- esta mala religión.


LASH OUT










ETERNA INOCENCIA













BAD RELIGION


















 

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