Crítica: FRÁGIL


5/12/17


Wainraich se toma la vida en serio, y los demás se hacen los boludos


Por Ernesto Heimberg


Hilarantes reflexiones (existenciales y no tanto) de un judío de clase media en plena crisis de la mitad de la vida. Así podría resumirse, grosso modo, el nuevo espectáculo de Sebastián Wainraich, “Frágil”, que estuvo hasta el pasado sábado 3 de diciembre en el Teatro Maipo.

Con su valija cargada de miedos, inseguridades y pequeñas obsesiones el autor/actor nos propone un arriesgado viaje al interior de si mismo, una acción terapéutica que dejará expuestos sus dolores riéndose siempre de si mismo y por extensión, del mundo, de la sociedad y de la vida.

“¿Me tomo la vida en serio o me hago el boludo?”; éste es el punto de partida desde donde parte Sebastián para arremeter contra todo: la excesiva corrección política de los tiempos actuales (ya no se dice tartamudo: ahora es “gente que habla con dudas”), la crianza de los hijos (“somos la primer generación que respetó a sus padres y es boludeada por sus hijos”), el fútbol, el sexo, el machismo y hasta la religión, único punto en donde derrapa haciendo uso (a pesar de si mismo) de una cantidad de lugares comunes.

Con un formato y una velocidad que le debe mucho al stand up (parece ser su medio natural) la obra destaca con una puesta en escena multimedial desde donde se satiriza a si mismo haciendo una singular comparancia a través del tiempo entre su particular fisonomía (“bebé gigante”) y la del popular animador televisivo Nicolás Repetto.
Con una despliegue de personajes y recursos actorales variados y notables la obra cierra escenificando su propia vejez y el que tal vez sea uno de sus miedos más profundos: “…llegar a un punto en donde todo me chupe un huevo..”

El humor de Wainraich descoloca, cuestiona, pero nunca hiere porque lo hace siempre riéndose de si mismo y de su propia historia. Es que, como decía Jean Cocteau, “un pájaro canta mejor en su árbol genealógico”. Aplausos.



Por Arturo LeBranca


Lo nuevo de Sebastián Wainraich atrapa gracias a una variedad de personajes que reflexionan sobre la cotidianeidad, sobre las costumbres, sobre lo que pensamos o hacemos solo por inercia. Luego de Wainraich y los frustrados, regresa con un unipersonal donde hace lo que sabe hacer: reírse de él mismo.
Nuestro anfitrión nos revela su verdad sobre la manera de sentir su mundo. Un mundo lleno de contradicciones absurdas. El grotesco es un recurso que sirve para liberar temas familiares, futbolístico, personales y, un poco más, sobre el buen (o mal) vivir.

Sebastián se compara con Nicolás Repetto, se autodenomina como un bebé gigante y no tiene pudor a nada. Solo necesita saber qué decir para hacernos reír, es el punto justo del show perfomático.
Tiene un ritmo, un tempo que fluye sin complicaciones. Su verborragia tiene poder para despertar la risa del público con musicales, o simplemente, sentado en un banco público. Una carcajada que además de estallar de risa a la platea provoca una identificación.

¿Por qué a un unipersonal humorístico se lo puede titular Frágil? La misma palabra bucea por caminos vulnerables, íntimos e inseguros. Wainraich traduce sus miedos y sensibilidad en humor. Más de ochenta minutos sobre el escenario son suficientes para disfrutar un buen momento. Salir del teatro con una sensación de alegría. No hay ninguna revelación sino la suspicacia de reírnos de nosotros mismos.


Frágil
Jueves, viernes y sábados 21:30 | Teatro Maipo
Esmeralda 443 | CABA | Buenos Aires | Argentina
Entradas desde $300


 

Acerca del autor /


Deje su comentario

Su mail no será publicado, los campos obligatorios se marcan con *