LARGA DISTANCIA

EXTRAÑOS EN LA NOCHE

Sobre una premisa original, la dramaturga y directora teatral Katia Szechtman, construye un universo de personajes reconocibles en sus anhelos más profundos.

Por Paola Jarast

La parlanchina y soñadora Lucía (María Soldi, rostro conocido desde que interpretara a Silvia Puccio en Historia de un clan) conoce al parco Eric (Martín Shanly) en el trayecto en el micro que suele abordar durante sus viajes laborales. Lucía se muestra ávida de entablar un vínculo amoroso.

Durante el trayecto, Eric tolerará con estoicismo la excesiva confianza de su compañera de ruta. Pese a sus recurrentes monólogos, Lucía ansía la conexión con otro. Y es en los diálogos mundanos donde la pieza gana frescura, cuando los actores discurren sobre la cotidianeidad, o cuando Eric conversa telefónicamente con su hijo y le solicita que se bañe y emite voces aniñadas para divertirlo. O cuando comentan e intercambian con sumo interés sobre la película que acaban de ver.

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Eric es hosco y contrasta con la efusividad de Lucía. Sin embargo, es cortés (enternece cuando le pregunta en un momento a su compañera de viaje: “¿Te molesta si me pongo algo en los ojos?”).

Un gran momento de la obra: la confesión de ambos sobre sus dificultades en materia amorosa: Él: “Siempre quise enamorarme, pero no se me dio bien el amor”. Ella: “A mí tampoco”, diálogo que da cuenta del anhelo vital que los une más allá de sus diferencias.

Anhelo cuya concreción convierte a Larga Distancia en última instancia en un relato esperanzador.

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