Crítica: VOLANDO ALTO

16/4/16

Por Ezequiel Tozzi

El filme cuenta la entrañable historia real de Michael “Eddie” Edwards (Taron Egerton), un valiente saltador de esquí británico que nunca perdió la esperanza y se ganó el corazón de los aficionados en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary.

El mensaje, aunque gastado y lleno de clichés, sigue siendo efectivo: lo importante no es ganar, sino competir.

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Este querible protagonista, que está lejos de ser un triunfador, se apoya en su carismático entrenador (Hugh Jackman), para enfrentarse a las instituciones y cumplir su sueño. Ambos actores tienen grandes despliegues, pero Taron Egerton (Eddie) es quien maneja el ritmo de la trama con su increíble versatilidad (en Kingsman fue un agente secreto y en Leyenda un gángster homosexual).

Como en toda película de deportistas, asistimos a la repetitiva escena de entrenamiento como clip musical, pero el tono simpático del conjunto la hace disfrutable y hasta por momentos original.

Una comedia dramática que cumple con lo prometido, haciéndote reír y emocionar al mismo tiempo.

8 de 10

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