TEATRO: Reseña de «Queridísimo Truman»

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Por David Ibarra

El sábado 10 de enero de 2026, en la Sala Pablo Neruda, se presentó Queridísimo Truman, una propuesta que articula teatro, música y memoria para construir un retrato sensible y reflexivo en torno a la figura de Truman Capote.

La obra se inicia con el recuerdo de un caluroso verano en Concordia, cuando Gabriel, con apenas ocho años, descubre por primera vez el universo de Capote. A partir de ese momento fundacional, el relato avanza mediante una estructura donde el tiempo se desdobla: pasado y presente dialogan de forma constante, mientras escenas y personajes van tomando cuerpo sobre el escenario. La música acompaña ese recorrido como un vehículo emocional continuo, sin interrupciones.

Queridísimo Truman no se propone como una biografía convencional. Lejos de narrar linealmente la vida del escritor, la obra ensaya una activación de las huellas del pasado y se interna en temas universales y atemporales: la búsqueda de la identidad, el amor, la soledad y la persistente necesidad de ser vistos y escuchados. En ese sentido, la figura de Capote funciona tanto como personaje central como disparador poético y simbólico.

El trabajo actoral es uno de los pilares de la propuesta. Gabriel Oliveri compone un Truman Capote de gran potencia escénica, sosteniendo el eje narrativo con una interpretación sólida y sensible, que logra transmitir tanto la lucidez como las contradicciones del escritor. Su presencia domina la escena sin imponerse, dejando espacio para el juego coral que propone la obra.

A su lado, Sergio Grimblat y Cristóbal Barcesat asumen múltiples personajes a lo largo de la función, destacándose en la encarnación de Richard Hickock y Perry Smith, figuras centrales de A sangre fría. Ambos intérpretes aportan versatilidad y precisión, logrando que cada cambio de rol sea claro y efectivo dentro del dispositivo escénico.

La música en vivo, interpretada por Barcesat, cumple un rol fundamental: no solo acompaña la acción, sino que dialoga activamente con el texto y las actuaciones, reforzando climas y transiciones emocionales. Su presencia en escena se integra de manera orgánica al relato, consolidando la identidad musical de la obra.

La dirección de Florencia Bendersky, quien además coescribe el texto junto a Oliveri, se apoya en una construcción escénica clara y bien dosificada. La escenografía y el trabajo audiovisual de Gustavo Acevedo aportan funcionalidad y sobriedad, mientras que la iluminación diseñada por Julio López se destaca por su precisión, acompañando los distintos climas sin subrayados innecesarios.

En conjunto, Queridísimo Truman ofrece una experiencia teatral cuidada y coherente, que combina emoción y reflexión sin forzar una lectura única. La obra no solo acerca al espectador a la figura de Capote, sino que despierta el interés por su universo literario y propone una mirada íntima sobre los vínculos entre memoria, creación artística y experiencia personal.

Una propuesta sólida, bien interpretada y dirigida, que confirma el valor del teatro como espacio de evocación, pensamiento y sensibilidad compartida.


Elenco: Gabriel Oliveri, Sergio Grimblat, Cristóbal Barcesat

Diseño de escenografía y video Gustavo Acevedo

Diseño de vestuario Julio Suárez

Diseño de iluminación Julio López

Música original y diseño sonoro Cristóbal Barcesat

Asistencia de dirección Nicolás Wolcoff

Asistencia de vestuario Analía Morales

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