CINE: Crítica de «LA MALDICIÓN RENACE» (The Grudge)

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Por Damián Aspeleiter

«La Maldición Renace» (The Grudge) es una nueva revisión, una nueva exploración del clásico de terror japonés que nos cuenta el mito de Toshio y Kayako sin ninguna novedad ni aditivo especial en su relato que la termina presentando como una obra un tanto naif.

Al ser una nueva versión americana de un clásico que ya fue explorado hasta el hartazgo en su país de origen e inclusive en una versión estadounidense dirigida por su creador. Uno tal vez puede destacar de esta película que es una suerte de vínculo entre las generación centennial y aquellas películas de principios de 2000. El director Nicolas Pesce crea desde la textura del relato y sus climas una película que cuestiona pero que por la estructura de su guion está muy lejos de lo que fueron las originales japonesas y aquella primera remake (Takashi Shimizu, 2004).

En una época en la que el terror efectista y de sustos esta perdiendo ante un terror un tanto mas psicológico es muy difícil esperar que una película sorprenda al espectador, quien ya resignado entiende que salvo honrosas excepciones, Babadook (Jennifer Kent, 2014), La Bruja (Robert Eggers, 2016) o Hereditary (Ari Aster, 2018), la película va a decepcionar pero aun así se aferra a su gusto de clase B esperando al menos no aburrirse.

Este 2020 nos llega La maldición (The Grudge), película con la que se pretende reiniciar la franquicia de la serie de películas japonesas Ju-On (Takashi Shimizu, 2000) pero esta vez con la producción de Sam Raimi y la dirección de Nicolas Pesce, quien viene de presentarnos dos muy buenas películas los ojos de mi madre (The eyes of my mother, 2016) y Piercing (Piercing, 2018) . Nicolas Pesce se hace cargo de esta franquicia tratando de darle su impronta creando un nuevo universo y trasfondo pero cayendo en la trampa de los jumpscares haciendo que la historia pierda calidad en pro del susto barato.

En esta ocasión nos encontramos con una madre joven que sufre la ira de del espíritu vengativo que la persigue desde su Japón de origen hasta su hogar en EEUU donde bajo el influjo de la maldición asesina brutalmente a su marido y a su hija convirtiéndose en objeto de una investigación policial llevada a cabo por la detective Muldoon (Andrea Riseborough) y su compañero Goodman (Demian Bichir) ambos ponen sus vidas en peligro al exponerse al mal que habita la casa. Entre ambos detectives se crea una suerte de silenciosa amistad que se ve rellena por sus propias vidas atormentadas: Muldoon es una viuda solitaria que debe criar a su hijo luego del fallecimiento a causa de una enfermedad, de su esposo. Por su parte Goodman también trae una carga emocional grande debido a la muerte de su madre y de su compañero quien también fue víctima de la maldición de la casa, la cual lo obsesiono hasta arrebatarle la vida. Pesce utiliza los saltos temporales para que el espectador conozca cada una de las historias que se cuentan, ya que la maldición se aferra a varias familias en diferentes momentos. Vale a aclarar que según la leyenda japonesa cuando en un lugar ocurre un hecho de violencia inusitada que lleva a la muerte de una persona esta violencia provoca una maldición que se aferra a todo aquel que entre en el lugar. El guion evoluciona a los tumbos a partir de esta premisa poniendo a la tristeza de los protagonistas e inclusive a la soledad como justificativo de ciertos hechos que los personajes realizan. El director se toma el trabajo de relatar la historia a través de flashback que nos van llevando por el camino de la maldición.

No hay un uso de grandes recursos a lo largo de la película sino que se recurre a jumpscare, luces, sonido estridente y no mucho más en búsqueda del susto fácil pero no tiene más que eso.

Pesce dejó claro en su ópera prima, The Eyes of My Mother (2016), que es un director talentoso, capaz de crear climas y atmósferas cargadas de tensión pero sin artificialidades; en cambio aquí se encuentra con una historia tan sobreexplotada que muy poco puede hacer para sostener un relato rico, es decir el guión termina siendo una suerte de barrera que impide que el director explore mas a los personajes a pesar de que se toma en su construcción el trabajo realzar sus reacciones, de darnos a entender sus miedos y de generar un trabajo que apunta a la empatía, desde el punto de la dirección la película logra aciertos pero se choca con el guión y con la propia estructura de la historia que nos cuenta esta franquicia.

Pesce intenta darle un nuevo aire a esta franquicia pero se pierde demasiado del simbolismo que tenían las originales licuando aquello que la caracterizaba y dejándonos sin el toque de sadismo y oscuridad que en algún momento le dieron status de culto llevándola mas que nada a perderse en la intrascendencia.

6 de 10

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