CINE: Crítica de “PÁJAROS DE VERANO” – Un holismo sobre nuestras tierras baldías.

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Por Lucas Manuel Rodriguez

Ciro Guerra retoma la labor de dirigir y guionar su nueva producción latinoamericana, partiendo de una idea planteada por su esposa, Cristina Gallego, quien también lo acompaña a liderar el mando detrás de cámaras. ‘Pájaros de Verano’ está ambientada en la península de La Guajira, sus eventos transcurren entre las décadas de 1960 y 1980, y se centra en los albores del narcotráfico en Colombia.

Relatada a través de Cantos -como el modelo homérico de mitologemas presente en ‘La Ilíada’ y ‘La Odisea’-, se representa la inserción de una familia nativa de dos Tribus Wayú al modelo capitalista, reinvirtiendo sus excedentes de cultivo de granos de café en numerosos kilos de marihuana, para venderlos a consumidores e intermediarios estadounidenses que hacen turismo en la región.

El despliegue técnico es prácticamente inmaculado. Difícilmente se le puede objetar algo de dicho aspecto. Se le dedica el mismo nivel de ímpetu tanto a las actividades tradicionales que vemos de parte los rituales por los Wayú, como a los breves momentos de acción en el film. El manejo de pulsión en ambos casos cuenta con la suficiente intensidad como para quedar impregnados en nuestras retinas por un tiempo.

Es posible que los elementos trágicos de traición, como las metáforas que se suman a la atmósfera poética de ‘Pájaros de Verano’, no siempre terminen de enlazarse en un discurso común de búsqueda de símbolos que interpelen para y con el culto de estas sociedades que tienden a ser frivolizadas impunemente por medios internacionales, y demás otredades masivas que las marginalizan en terrenos de excentricidad y hostigamiento. Pero, a la vez, hay que comprender que la dupla Guerra-Gallego está muy lejos de apelar a esta posición unidireccional a la hora de poner en escena a este estilo de vida. Lo que señalamos, sin profundizar en el argumento de la película, es que hay cierto semblante épico que no termina de elevarse como bien podría, y por favor que no se confunda con la ridícula demanda de agregar “más tiros para que enganche”.

Visualmente contemplativa, cada actuación acompaña este acierto, como así también cada factor que procede en la puesta en escena. Repetimos que, dicho de otro modo, al montaje lo suele obstaculizar una serie de componentes que, ya sea por ambivalencia o ambigüedad, pueden distorsionar al todo de la duración, y esto no se reduce el mero reclamo de un ritmo más aceitado. El largometraje, una vez señalado lo nuestro, es un material audiovisual latinoamericano extremadamente digno de estudio y observación para actuales y futuros realizadores de este lado del mundo.

8.5 de 10


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