CINE: Crítica de «Un día lluvioso en Nueva York» de Woody Allen

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Por Damián Aspeleiter

En un momento dramático en su carrera Woody Allen, el director nos presenta su última producción: Día de lluvia en Nueva York, lo cual a la película le juega a favor, ya que se tiende a hablar de los escándalos alrededor del director, y no de la película en si. Y cae del lado de películas menores del director de Manhattan. Este film llega impregnado de la mala prensa que el director se ha generado con su conducta, conducta que ha llevado a Amazon a evitarse problemas y dejar a Allen sin distribución en su país de origen. Obviando los conflictos con el movimiento #MeToo y las acusaciones de abuso por parte de Dylan Farrow la falta de distribución en Estados Unidos se justifica por lo que es la película en sí.

Timothee Chalamet encarna a Gatsby Welles, un joven acomodado de Upper East Side, que en el colmo del esnobismo, rechaza las raíces snobs de sus origen, mientras sueña con pasar una noche o una vida bohemia en el Metropolitan Opera, es decir una vida de noche, sin productividad ni objetivos que solo podría ser costeada por un niño de «bien», criado con todos los privilegios de clase de Upper East Side, Gatsby es el papel que a Woody Allen le habría gustado interpretar, si no fuera que ya está demasiado viejo.

En la vereda de enfrente, en una suerte de antagonista Allen coloca a Ashleigh (Elle Fanning) quien es un ser bello y lleno de vida que choca con el pesimismo y la bohemia impostada del nada creíble Gatsby (hasta el nombre es odioso y pretencioso) quien está enamorado de ella. El drama se presenta en forma de viaje a Manhattan, encargado por el periódico de la universidad, en búsqueda de una nota periodística con un gran director; por un lado tenemos entonces las ambiciones reales de Ashleigh y por el otro las fantasías amorosas de Gatsby quien ya a esa altura comienza a ser insoportable.

La película se apoya en los deseos y ambiciones profesionales de la protagonista, pero a medida que pasan los minutos, el director se encarga de destruir el personaje y ridiculizarlo, en beneficio de resaltar la sensación de abandono y la neurosis de Gatsby. Al final la película descuida la profundidad del personaje femenino para convertirlo en una serie de cruces, idas y venidas entre la joven, su pretendiente, un director fracasado que usa sus viejos laureles para seducir a mujeres más jóvenes. Asleigh termina convertida en el cliché hollywoodense de chica venida del interior y cegada por las luces de la gran ciudad al mismo tiempo que Gatsby (odioso desde el comienzo) termina siendo un hombre encerrado en sus propios caprichos y debilidades.

Al final uno solo puede decir que el guion salvó a Selena Gómez y su personaje Shannon, el resto navega en un una mediocridad supina propia de un guión del Woody Allen de los ochenta, pero ahora estamos en 2019, tal vez seamos más tontos o más listos, pero hay cosas que uno ya no espera ver más en una película y mucho de eso está en esta producción de un director que envejeció sin entender en el mundo en que vive.

En el rubro actuaciones uno puede encontrarse con correctos trabajos de Jude Law, Elle Fannig y Selena Gómez, quienes deben compartir con un actor demasiado amanerado y demasiado cómodo en repetir una y otra vez el mismo papel, y cuando digo cómodo me refiero a que ya ni actúa, solo se dedica a poner caras y usar su escasa gestualizacion para interpretar sus estados de ánimo como lo es Timothee Chalamet, un actor que está en automático y carece de encanto. Tener a un mal actor en una película puede destruirla pero si pensamos que este actor es el protagonista y que su falta de carisma tira abajo la actuación de quienes interactúan con el esto es grave.

El punto alto de la película es la fotografía de Vittorio Storaro y, como es costumbre en las producciones de Allen, la música, el resto navega en la mediocridad, inclusive la dirección.

En esta película ni siquiera encontramos la ironía y el sarcasmo con el que otros directores contemporáneos a Allen se parodian a sí mismo, mírese el caso de Clint Eastwood, quien hace rato comprendió que su forma de ver el mundo solo puede ser aceptada en forma de parodia. La película al final termina derribando a ese mito llamado Woody Allen contando una historia previsible y edulcorada.

Día de lluvia en Nueva York es una película que invita a reflexionar sobre lo dicho por Quentin Tarantino acerca de su retiro ya que salvo las honrosas excepciones de Clint Eastwood y Martin Scorsese los directores mayores de sesenta años entran en un pozo creativo que se parece demasiado a la mediocridad. La muestra de ese pozo creativo es esta última producción de Allen, una producción menor en la cinematografía de cualquier director de medio pelo pero es una enorme mancha en la del director que un día fue uno de los mejores en su trabajo. Es decir nada justifica más el argumento de Tarantino que día de lluvia en Nueva York.

4 de 10


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