CINE: Crítica de “ZOMBIELAND: TIRO DE GRACIA” – El segundo es (mucho) después del primero.

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Por Lucas Manuel Rodriguez

Pasaron diez años del estreno de la primera. Woody Harrelson protagonizó la primera temporada de ‘True Detective’, Jesse Eisenberg se convirtió en Lex Luthor, Abigail Breslin acompañó a Schwarzenegger en un film muy desatendido y repudiado (búsquenlo) y, les guste o no, Emma Stone ganó un Oscar por ‘La La Land’. En el medio, a causa de una afición que nunca se volvió pasión por parte del director Ruben Fleischer y el elenco mencionado, los guionistas y creadores de ‘Zombieland’ -Rhett Reese y Paul Wernick- desarrollaron un piloto televisivo en 2013 para Amazon Video que nunca se catapultó a modo de serie. No era un relato paralelo, era una secuela con los mismos protagonistas, pero con distintos intérpretes, algo que el público en general no pudo tolerar.

La primera ‘Zombieland’ fue un debut cinematográfico glorioso para Fleischer, recaudó casi cinco veces más de lo invertido y el recibimiento de la prensa norteamericana le ha sido favorable. Su siguiente película, ’30 Minutes or Less’ (2011), no contó con la misma suerte en los aspectos señalados: era más ácida y con un guión deliberadamente más disruptivo, aunque el gran impedimento a la hora de querer exhibirla por fuera de salas estadounidenses se debió a las similitudes que tiene la trama con un evento criminal de extremada sensibilidad mediática. El largometraje, de todas formas, conserva su grupo –en apariencia reducido- de acólitos que la considera como una digna heredera de los mejores momentos de las franquicias de ‘Arma Mortal’ y ‘Duro de Matar’.

De esta manera, el director hizo una toma de distancia con el estudio Sony Pictures y realizó ‘Fuerza Antigangster’ (‘Gangster Squad’) para ese otro conglomerado gigante que es Warner Bros. La superproducción unió a estrellas reconocidas como Josh Brolin, Ryan Gosling, Sean Penn y a la casi frecuente Emma Stone. Sin embargo, se coló otra mosca a la sopa. Resulta que su estreno estaba programado para finales de 2012, pero fue pateado a enero de 2013. ¿El motivo? El primer tráiler –publicado a inicios de 2012- mostraba un tiroteo visceral durante una proyección comercial en un cine familiar. Pese a la ambientación en el Hollywood de la década de 1940, la situación representada se sentía muy reminiscente a la posterior masacre de julio en Denver, Colorado, durante una exhibición de ‘Batman – El Caballero de la Noche Asciende’ (‘The Dark Knight Rises’). No decimos que sea un factor determinante, pero la película, siendo una de las más caras de la filmografía de Ruben Fleischer, estuvo lejos de disponer una cifra memorable para la taquilla mundial.

Así las cosas, con la potestad sobre Spider-Man medio pendida de un hilo, Sony contrató a Fleischer para dirigir una propuesta paradigmática para el mercado de cine de cómics, el primer tanque que contaría con un villano –si no antihéroe- como protagonista principal. ‘Venom’, estrenada en octubre de 2018, fue defenestrada por la mayoría de los críticos por cuestiones de guión y montaje. Aparentemente, o más bien, efectivamente, la presencia de un actor de prestigio como Tom Hardy (entiéndase que solo con ‘Mad Max: Furia en el camino’ se merece el calificativo) fue de vital importancia en el desempeño comercial de la película. Habiendo octuplicado lo invertido por los estudios, algo de mérito se le pudo adjudicar a Fleischer. Si bien se había anunciado el regreso del elenco original para la secuela de su ópera prima meses antes del estreno de ‘Venom’, y con el guión terminado en 2017, tuvieron que pasar cinco meses de pre-producción hasta que Sony dio luz verde para iniciar el rodaje de ‘Zombieland: Tiro de Gracia’ (‘Zombieland: Double Tap’). Ruben Fleischer consideró pertinente la necesidad de tomar impulso en su origen, su único trabajo que fue favorecido tanto por la crítica como por la taquilla. ¿Era necesaria una secuela recién ahora? A pesar de que con el historial del director se pueda suponer que se hizo por necesidad, el cine, el buen cine, por más entretenido que sea, jamás se elabora –totalmente- en estos términos. Estamos ante una secuela que se reconoce a sí misma como tardía, que no titubea en elevar sus valores cinematográficos y que no se olvida, por sobre todo, de ser una fiesta políticamente incorrecta.

Entiende que los relatos sobre muertos vivientes ya no se consumen como antes, ya sea por la masividad de casos como la adaptación televisiva de ‘The Walking Dead’ o el gore de ‘Ash Vs. Evil Dead’. Como así también comprende que su universo ficticio comenzó cuando el acceso a internet no había mutado en las escalas que hoy conocemos. Más allá de su tono cómico casi paródico, si se presta atención, todas las películas de Ruben Fleischer tienen cierta postura crítica hacia la cultura de influencers, más si se trata sobre personas que se jactan de ser innovadoras en generar ingresos económicos por encima del tradicional sistema capitalista. El ejemplo más claro en este film se da en una conversación arriba de un Pontiac Aztek, pero no adelantaremos más.

Repite la estructura argumental de la primera, sí. ‘Terminator 2 – El juicio final’ hace lo mismo en cuanto a su antecesora, y el episodio VII de ‘Star Wars’ también, al compararla con el episodio IV. ‘Zombieland: Tiro de Gracia’, sin ser precisamente superior a los dos ejemplos anteriores, sabe cuándo desviarse sin ser del todo parecida, y cómo reconfigurar los arquetipos de la anterior. Entiéndase con lo siguiente: si las mujeres abandonan otra vez a los hombres hurtándoles sus vehículos, van a haber nuevas variantes. Estos elementos nuevos son más fáciles de percibir cuando se presentan en escena nuevos personajes, y hay muchos.

Aquello último, por lo general, es desfavorable. Y sí, hay momentos en los que aparecen protagonistas de turno para detener la trama y hacer algún chiste. Sin embargo, esto no llega a ser un defecto. Puesto en otras palabras, es una secuela que abraza sus excesos. Incluso se exime de abusar de efectos digitales y apuesta más por la destreza técnica, aspecto en el que hace quedar a la primera como un trabajo de aficionado. Antes arremeter con que exageramos en este punto, basta con analizar el plano secuencia de la mitad del film, con tiros, zombis y filmado en la tierra natal de Elvis Presley. A todo esto, aunque vanagloriamos la pericia recientemente indicada, diremos además que no resulta pactada de manera intacta. Esencialmente porque Little Rock, la protagonista encarnada por Abigail Breslin, pasa a un segundo plano que, si bien se justifica narrativa y particularmente en el clímax, merecía un tratamiento con mayor presencia en cámara. Fuera de esto, tenemos un regreso digno, con casi todo el mismo equipo técnico y con todo el grupo actoral, que se goza a carcajadas, no teme a caerle mal a nadie, y que a su vez connota una jugosa dosis de segundas historias que la exoneran de ser un mero placer transitorio.

9 de 10


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