NETFLIX: Crítica de «DIECISIETE»

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Por Marcelo Cafferata


Otro de los importantes directores que aparece cooptado por NETFLIX es Daniel Sánchez Arévalo que había dado mucho que hablar en el mercado del cine europeo con sus primeras producciones “Azul Oscuro, Casi Negro” y “Gordos” y una serie de cortometrajes que lo posicionaron como uno de los directores más destacados dentro del nuevo cine español.

Si bien tuvo su paso por el Festival de San Sebastián “DIECISIETE” no se estrena en los cines, sino que es una producción que va directamente al mercado de streaming como otras tantas obras de directores con un cierto prestigio en el mercado internacional y que han trabajado para producciones con contenido exclusivo para esta plataforma.

Alejándose del formato de comedia de sus últimos trabajos que incluyen “La gran familia española” Sánchez Arévalo, en esta oportunidad, apela al drama con algunos toques de humor e ironía –sólo coqueteando en algunos breves momentos con algún toque un poco más negro- pero trabajando en una línea que apela en forma directa y constante a los sentimientos.
En este caso, su protagonista es Héctor (Biel Montoro), justamente un adolescente con los diecisiete años del título y un historial de con diversos problemas de conducta por lo cual está internado en un centro del que se escapa en forma casi permanente. Faltan muy pocas semanas para que cumpla 18 y que finalmente pueda encarrilarse en su vida adulta lejos del encierro que se ha ganado por las múltiples infracciones a la ley, que por más que las conoce de memoria, hay como una compulsión irrefrenable a infringirlas.

Dado que Héctor tiene graves problemas de adaptación en el centro donde está internado –hay momentos en donde lo podemos comparar con el protagonista de “El curioso incidente del perro a medianoche” de Haddon por esa dificultad en establecer conexión con el mundo que lo rodea pero tener algunos niveles de compresión superiores a la media en otras cosas-, sus tutores probarán con terapia con animales.

Es así como se vincula con Oveja, un perro que cuando es dado en adopción, detonará en Héctor la necesidad de escaparse a encontrarlo.
Finalmente saldrá a la búsqueda junto a su hermano Ismael y también la llevarán a su abuela Cuca emprendiendo un viaje que convertirá a la historia en una variante de “road movie” con los tres personajes atravesando Cantabria, sin poner demasiado énfasis en el viaje en sí mismo, sino en cómo la dinámica familiar (y sobre todo el vínculo entre los hermanos) va creciendo y modificándose a medida que la aventura avanza.

Si bien el guion del propio Arévalo, con la participación de Araceli Sánchez, es liviano y apunta directamente a los sentimientos, por momentos se lo nota demasiado ajustado a un esquema más convencional y apelando a todos los resortes que brinda una buena receta, sin salirse demasiado de las pautas predeterminadas y sin poder tomar algunos riesgos.

Es decir, si bien “DIECISIETE” tiene frescura exacta para el tono de la historia; se apoya en la química que surge entre sus protagonistas y logra algunos momentos en los que verdaderamente la parte emocional está muy bien planteada (una de ellas es el vínculo entre Héctor y Oveja, otra es cuando su hermano Ismael descubre el motivo por el cual Héctor ha tomado su celular) algunas situaciones suenan algo esquemáticas y predecibles, máxime tratándose del cine de Sánchez Arévalo que siempre ha apostado en cruzar ciertos límites y mostrar algo más que el común denominador de los cineastas de su generación.

Da la sensación que en su regreso al formato de largometraje, eligió apostar a lo seguro y logra con “DIECISIETE” un producto cuidado en cuanto a la producción y en los trabajos de los actores, aún cuando algunos vericuetos de la trama suenan demasiado ajustados a un molde: hay algo de “road movie”, hay algo del esquema de película con “pareja despareja” en los hermanos, el típico adolescente con problemas pero que es tan querible que uno empatiza rápidamente con la situación y hasta le perdona algunos delitos menores que comete… todo parece calculado para que la receta funcione. Y verdaderamente funciona, por supuesto.

Sánchez Arévalo, de todos modos, se la ingenia para que debajo del perfume de comedia liviana, podamos lidiar con la tristeza y la angustia de un personaje abandonado a su suerte, que intenta rescatarse dentro de su trama familiar y volver a ganar un lugar para encarar su vida adulta de una manera completamente diferente y apostar a un cambio fuerte.

Ese golpe de timón viene dado por la construcción de nuevos lazos familiares (que significarán un cambio fuerte para ambos hermanos), con una mirada más madura y esa transición que es justamente uno de los mayores logros en la dirección y en el guión, que va haciendo mutar a sus personajes, aun cuando en el intento, se deje tentar por algunos lugares comunes.

El cine español nos ha contado muchas veces historias familiares con ternura, con momentos donde se hace un nudo en la garganta y “DIECISIETE” se recorta como un buen exponente: una historia sencilla, sin más pretensiones que llegar al corazón de espectador con una historia de cambios, de madurez, de reencuentros, de pequeños logros personales tan importantes como las grandes derrotas.

Un producto muy bien armado, para una pantalla como la de NETFLIX en la que abundan otros géneros y en la que muchas veces tratando de hacer un producto de este estilo, suele caer en el melodrama lacrimógeno que estoicamente la película de Sánchez Arévalo evita con herramientas nobles.

7 de 10


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