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PANATI: Pastelería de autor en Avellaneda!

Por Valeria Massimino

Zona Sur sorprende cada día un poco más, y Avellaneda —en plena transformación gastronómica— necesitaba un lugar como PANATI. Un espacio luminoso, amable y consciente, pensado para comer rico (dulce o salado) y, sobre todo, para sentirse cómodo desde el primer minuto.

El proyecto nació de la mano de Natalia Serrón y Carla Lombardo, dos pasteleras que trabajan con amor, oficio y una pasión visible en cada detalle. Su local de Palaá 622 es un pequeño refugio barrial: cálido, estético, cuidado, con una identidad clara y esa vibra que solo tienen los emprendimientos hechos a pulmón.

PANATI funciona para todo: almorzar, brunchear, tomar un café, trabajar con la compu o simplemente bajar un cambio. Como cuenta Natalia, muchas mamás encuentran ahí su momento de respiro; otras personas van a leer, a charlar o a tener reuniones tranquilas. Todo convive en perfecta armonía.

La propuesta es exquisita y honesta: croissants, scones de queso, galletitas de limón, red velvet, chipa y esas cookies que ya son conversación obligada en Zona Sur. En lo salado aparecen opciones vegetarianas —como una ciabatta con palta que es un mimo delicioso— y clásicos bien hechos, como el tostado de lomito y queso. Los precios acompañan: más accesibles que las cadenas tradicionales, con mucha más alma y con la frescura de lo casero.

El equipo es atento, amable y presente sin invadir. Se nota la dedicación: cada mesa se siente cuidada. Y además, tienen un primer piso amplio que se alquila para desayunos empresariales, talleres y encuentros privados; ya pasaron por ahí talleres de cookies, de cerámica y otras actividades creativas que combinan perfecto con la estética cálida y minimalista del lugar.

Natalia Serrón y Carla Lombardo

Entre los imprescindibles del universo PANATI está el affogato —espresso con helado de vainilla y pistacho picado— que es simple y perfecto. También sus cookies húmedas, estilo neoyorquino; los pasteles del día, incluida la chocotorta; los alfajores artesanales, como el de frutos rojos; y el favorito absoluto: el alfajor sablée de pistacho, relleno de ganache con centro de frambuesa. Una locura en serio.

Para acompañar, café de especialidad, tés, limonadas y licuados que completan la experiencia.

PANATI es un lugar que suma, que construye barrio y que confirma que Avellaneda está viviendo un gran momento.

IG: @panatidulce


English

Zona Sur becomes more surprising every day, and Avellaneda —now in the middle of a gastronomic transformation— truly needed a place like PANATI. A bright, kind, and conscious space designed to eat well (sweet or savory) and, above all, to feel comfortable from the very first moment.

The project was created by Natalia Serrón and Carla Lombardo, two pastry chefs who work with love, skill, and a passion that shows in every detail. Their shop on Palá 622 is a small neighborhood refuge: warm, aesthetic, carefully crafted, with a clear identity and that unique vibe only found in projects built with heart and hard work.

PANATI works for everything: lunch, brunch, a coffee break, an afternoon with your laptop, or simply slowing down for a moment. As Natalia explains, many moms find their moment of peace there; others come to read, chat, or hold quiet meetings. Everything coexists in perfect harmony.

The menu is exquisite and honest: croissants, cheese scones, lemon cookies, red velvet, chipa, and those cookies that have already become a Southern Suburbs talking point. On the savory side, you’ll find vegetarian options—like a delicious avocado ciabatta—and well-executed classics such as the lomito-and-cheese toasted sandwich. Prices are friendlier than the usual chains, with far more soul and the unmistakable freshness of homemade food.

The team is attentive, kind, and present without hovering. Their dedication shows: every table feels cared for. They also have a spacious upstairs area available for business breakfasts, workshops, and private gatherings. Cookie workshops, ceramics sessions, and other creative activities have already taken place there, blending seamlessly with the warm, minimalist aesthetic of the space.

Among PANATI’s must-tries is the affogato —espresso with vanilla ice cream and chopped pistachios— simple and perfect. Their soft, New York–style cookies are a hit, as are the cakes of the day (including chocotorta), their artisanal alfajores like the berry-filled one, and the absolute favorite: the pistachio sablée alfajor filled with pistachio ganache and a raspberry center. Truly unforgettable.

To drink: specialty coffee, tea, lemonades, and smoothies—everything to round out the experience.

PANATI is a place that adds value, builds community, and confirms that Avellaneda is living a great moment.

IG: @panatidulce


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