TEATRO: Crítica de «ADELA DUERME SERENA»

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Por Marcelo Cafferata

ADELA DUERME SERENA
de Teo Ibarzábal
★★★★★★★★✩✩

He’s a real nowhere man
Sitting in his nowhere land
Making all his nowhere plans for nobody
Nowhere Man – The Beatles

El Jurado integrado por Romina Paula (dramaturga, actriz y directora cinematográfica) y Roberto Perinelli (por Argentores) y Alejandro Tantanián (actual director del Teatro Cervantes) consagró ganadora del Concurso De Dramaturgia a “ADELA DUERME SERENA”, obra de Teo Ibarzábal que acaba de estrenarse, como parte del propio premio que ha ganado, en el Teatro Nacional Cervantes.

Ibarzábal elige narrar una historia familiar en un formato diferente, novedoso, creativo, de una manera sencilla y liviana que a la vez es profunda y dolorosa.

Con un particular juego con el tiempo, que el espectador irá descubriendo a medida que transcurra la obra, los saltos temporales en la narración -que no sigue ningún esquema cronológico tradicional-, son una forma complemente distinta de presentar algo ya contado: la desintegración de una familia tipo en donde pareja, padres e hijos van exponiendo y sanando sus heridas.

Estos fragmentos de historia de vida familiar buscan encontrar el punto de vista de uno de los personajes, pero la dramaturgia de Ibarzábal tiene la capacidad de eludir cualquier lugar común, de modo tal que invita al espectador a formar parte activa de ese proceso de reconstrucción del pasado para poder volver a leer con ojos nuevos el presente.

Una madre, sus dos hijos varones y su marido es el eje de la historia que irá exponiendo todo el entramado de vínculos que aparecen en esta historia de una familia de típica clase media, que aún sin una precisión temporal podría ser, en el inicio de la pieza, una familia del conurbano (o de un pueblo, o una pequeña ciudad del interior) a fines de los setenta

Los recuerdos, la memoria familiar, la reconstrucción de aquello que se vivió en la casa de la infancia, van armando la trama. Por momentos, la figura de la madre parece un personaje excluyente: sus desequilibrios, su amor, su ternura, su fragilidad y cómo va astillándose en pequeños cristales que ella misma intentará recomponer.

En otros, la historia pareciera ser la de alguno de los dos hermanos, su punto de vista y su vivencia frente a la descomposición del matrimonio de sus padres, aparecen también las anécdotas escolares, el cotidiano, el espacio que ocupa cada uno de ellos dentro del alma familiar.

Así como el tiempo nos va cambiando la mirada y redefine situaciones que hemos vivido, a medida que transcurra la obra y sobre todo en su tramo final, nuestra propia mirada de espectadores irá modificándose –otro logro maravilloso del texto- y comprenderemos más aún algunos guiños cómplices que fue sembrando Irarzábal y reconstruiremos las partes del rompecabezas.

Asombra y conmueve la mirada tierna que el texto despliega sobre estos personajes profundamente vulnerables, frágiles, que viven en un delicado equilibrio, casi en forma permanente. Aún en sus explosiones, en sus desbordes, en los vaivenes, en sus zonas más complejas, la sensación de calidez que tiene sobre ellos, no sólo el texto sino también la puesta en escena, los hace queribles, los humaniza y nos permite percibirlos en su totalidad.

Andrea Garrote como directora utiliza excelentemente el espacio de la sala Orestes Caviglia y se nutre de todos los detalles dentro de la escenografía planteada por Santiago Badillo y del vestuario de Laura Sol Gaudini, para sumergirnos en esta historia familiar que explora con la misma intensidad momentos de gran felicidad y otros sumamente dolorosos sin ningún dramatismo ni textos declamatorios. Por el contrario, el texto de Irarzábal y la puesta de Garrote destilan frescura y espontaneidad, esa simpleza que permite ir a la médula, a lo profundo.

En “ADELA DUERME SERENA” se presenta, además, un elenco que no tiene fisuras. Laura López Moyano (“Entonces Bailemos” “La señora Klein” “Arde brillante en los bosques de la noche” y “Teatro para pájaros” entre tantos otros trabajos) vuelve a demostrar su potencia en escena, su gestualidad conmovedora y una ductilidad infrecuente componiendo a una madre que pasa por diversos estados emocionales, que López Moyano puede resumir, incluso, en un simple gesto diciéndolo todo.

El elenco masculino es compacto y se destaca la participación de Valentino Grizutti y Emilio Vodanovich (a quien vimos en “Acusada” y “La misma sangre”) en el rol de los hijos y la dualidad de ese padre que ama pero necesita libertad tan bien interpretado por Mariano Sayavedra. Completan el elenco Amanda Busnelli –de presencia en escena durante toda la obra- y Federico Marquestó

Cuando al cierre, suenen esos acordes de la canción de los Beatles, el corazón se estruja en cada compás, lleno de emoción, movilizados porque en escasos 60 minutos, hemos atravesado décadas de una historia familiar como puede haber sido la propia, la de cualquiera de nosotros.

ADELA DUERME SERENA – Teatro Nacional Cervantes – Libertad 815 – Jueves a Domingos 21 hs.

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