TEATRO: Crítica de “ASÍ DE SIMPLE”

Por Marcelo Cafferata

Varias veces ha sido abordado en el cine y también en el teatro, el ciclo completo de una pareja. Como si fuese imitando al ciclo de la vida, dos personas se conocen, inician una relación, vemos como van creciendo en el amor y luego de un tiempo, también somos testigos de cómo va comenzando a desgastarse el vínculo por culpa de la rutina y el acostumbramiento –a veces aparece algún tercero en discordia-, hasta que llega a su final.

“ASI DE SIMPLE” vuelve a visitar esta elipsis tan conocida y que ya se ha representado en algunas otras obras teatrales o en más de un filme, pero el libro de Ignacio Bresso y Sofía González Gil nos sorprende positivamente con dos cuestiones sumamente novedosas dentro de la estructura de su dramaturgia, pudiendo darle una vuelta de tuerca muy inteligente a este tema tantas veces visto.

La primera virtud es que la historia de Clara y Joaquín no está contada cronológicamente. Esta historia justamente arranca con Joaquín llorando por un amor perdido, por una ruptura y con flashbacks y diversas idas y venidas en el tiempo, el espectador podrá ir rearmando lo que ha sucedido en sus vidas de acuerdo a las escenas que van mostrando los diferentes ciclos en la historia de esta pareja, pasando por todas estas etapas ya conocidas.

Pero hay algo más novedoso aún en el texto ideado por Bresso y González Gil y es que para contar una historia con sólo dos personajes – Clara y Joaquín – veremos a seis actores en escena.

Además de Clara y de Joaquín, estarán presentes absolutamente todo el tiempo junto a ellos, dos personajes más acompañando a cada uno.

Así como en algunos dibujos animados aparece en cada hombro del protagonista, un angelito y un diablito, estas voces de la “conciencia” que habitan en la cabeza de cada uno –que remiten porque no también a “Intensamente” de Pixar-, los personajes en los que se desdoblan cada uno de ellos frente a nosotros en “ASI DE SIMPLE”, los irán acompañando en sus sensaciones, sus diálogos interiores y los presionarán o aliviarán frente a la toma de decisiones que plantea cada situación.

Ante nuestros ojos, Clara y Joaquín se multiplican, reverberan y de esta forma, toma cuerpo rápidamente este concepto Freudiano del yo, del superyó y del ello que queda acertadamente desplegado en el escenario, prolijamente delimitado y sin causar ningún tipo de confusión en el espectador.

Es así como cada uno de los protagonistas estarán acompañados de dos versiones de ellos mismos: por un lado encontraremos al que se deja guiar por la razón, es analítico y precavido en sus pensamientos y en sus acciones, y, en las antípodas, la versión totalmente pasional, lanzada, impulsiva, que se deja guiar más por el corazón y que analiza mucho menos las cosas que le suceden y prefiere “mandarse”.

Desde la puesta, tres hombres y tres mujeres, cada uno de ellos vestidos totalmente iguales en cada situación, nos permite desde el inicio identificar fácilmente el juego de la propuesta, que hace que su planteo se plasme de forma simple, sin que esto implique no bucear profundamente en cada una de las aristas de lo que atraviesan los protagonistas.

El enamoramiento, la pasión, el duelo de la despedida, las discusiones, el acercamiento sexual, la rutina: todo se va desmenuzando a través de sus voces interiores con las que de acuerdo a las obsesiones, las manías, los sentimientos y las neurosis propias de cada espectador, cada uno podrá sentirse identificado con las reacciones de uno u otro alter ego de los personajes, pero es imposible en algún momento, escapar a reírse de uno mismo, sintiéndose claramente identificado con lo que sucede en el escenario.

No solamente el mérito es de un texto inteligente, veloz y muy bien estructurado sino que el grupo de actores tiene muy clara la consigna y se prestan al juego teatral de la propuesta sin que existan fisuras en cada trio, con el timing exacto para cada una de las intervenciones y con la precisión que la puesta les demanda.

Sin embargo, el equipo que conforman Andrés Passeri, Ignacio Bresso y Francisco Gonzalez Gil componiendo a Joaquín se muestra más sólido y más compacto, más homogéneo que el trio femenino.

A Bresso en su rol protagónico se lo ve seguro, Passeri como su alter ego más pensante y Gonzalez Gil en su manía, hacen un complemento perfecto para poder construir a ese Joaquín desde todos los ángulos.

Si bien el equipo femenino también se destaca en escena, la voz de la conciencia más formal, a cargo de Magdalena Pardo, es quien se luce claramente por sobre las demás. Hay algunos pequeños momentos en que un ajuste en el texto haría que Julieta Gonçalves pueda lucirse aún más en su papel, y la faceta más explosiva de Ailín Zaninovich suena, en algunos momentos, demasiado discordante con respecto a la propuesta coral de la obra.

Los seis actores dejan todo en escena y logran transmitir los sinsabores, contratiempos y los diferentes estados de ánimo por los que pasa una pareja, en una idea innovadora y creativa que se concreta en una puesta de González Gil sumamente efectiva e inteligente para que “ASI DE SIMPLE” sea una comedia altamente recomendable y siga siendo un éxito durante ésta, su sexta temporada.


ASI DE SIMPLE

De: Ignacio BRESSO y Sofía GONZALEZ GIL
Dirección: Sofía GONZALEZ GIL
Con: Magdalena Pardo, Andrés Passeri, Julieta Gonçalves, Ignacio Bresso, Ailín Zaninovich y Francisco González Gil.
Escenografía: Lula Rojo y Gastón Segalini
Música Original: Francisco Ruiz Barlett
Coreografía: Carolina Pujal
Teatro PICADERO – Enrique Santos Discépolo 1857 (a una cuadra de Corrientes y Callao) – Miércoles a las 22 hs

Autor entrada: Revista Meta

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