O’CONNOR EN LA PLATA: METAL QUE HACE VIBRAR


El vocalista Malón volvió a rugir en la ciudad e hizo temblar los cimientos de Crisoles, aunque el sonido encontró su mejor pasaje en el último tramo del concierto.


Crónica: Gonzalo Ciampa
Fotografías: Martín Rodriguez


Veinte años. Nada más ni nada menos. Ese tiempo es el que lleva Claudio Castro al frente de su proyecto solista, su obra más perdurable y prolífica. Y más allá de que durante estas dos décadas el grupo estuvo integrado por diferentes músicos (no olvidar que el bajista -y cofundador- Hernán García se marchó en enero de 2017, tras 19 años), O’Connor siguió allí, estoico.

Nada ni nadie detuvo la marcha de “La Bestia”, que a poco más de un año regresó a la ciudad fundada por Dardo Rocha. La Plata volvió a recibirlo con los brazos abiertos -o, mejor dicho, con los “cuernos” en alto-. La noche del viernes concentró a muchas remeras negras a pocos metros de las terminales de micros y tren; seguidores del género que encuentran en el exvocalista de Hermética a la voz insignia del heavy metal criollo.

Tras una extensa espera que separó a la antesala (brindada por los grupos Dosser y Drakko) del acto principal, “Quién pudiera” abrió el fuego con un sonido por demás potente pero poco nítido, un problema constante que marcó protagonismo durante gran parte de la noche.

La voz demoró en encontrar su punto justo, pero el comienzo errático no hizo mella en el feedback con el público, que aprovechó las primeras canciones para hacer uso y abuso del celular y luego recordar que, en los recitales de rock, también se canta y se hace pogo. Si la mañana platense había registrado un leve movimiento sísmico en la ciudad, la noche encontró su réplica a partir de “Pagando por tu actitud”, el cuarto tema.

O’Connor se apoyó más en sus últimas producciones originales, La grieta (2016) y Río extraño (2010), y desde allí desprendió grandes canciones como “Egos en liquidación”, “Diminitudes”, “La maldad” y “Salir a buscar”, entre otras. La mezcla sonora dejó muy atrás al bombo de Pablo Naydón, y patrones atractivos como los incluidos en “Espejismo del Edén” no pudieron lucirse como en su versión de estudio. La última dictadura se hizo escuchar en la explícita “1976”, que sacudió el piso de madera de Crisoles y dejó lucirse a Lisardo Álvarez, la última incorporación del equipo. El ex D-Mente y Totus Toss se planta al costado del escenario como un Guitar Hero y demuestra que el vocalista no se equivocó en su elección; Karlos Cuadrado, por su parte, mantiene la postura del incansable trabajador del metal argentino.

La vasta trayectoria como solista le permite al líder acuñar una lista versátil que no pierde peso en su extensión (19 temas). Los matices musicales que impregnó en sus obras siempre resultaron relevantes dentro del contexto de la música pesada.

Los minutos previos al primer y único receso aumentaron la temperatura con “Caníbal” y “Se extraña araña”, viejas gemas incluidas en sus primeros discos (Hay un lugar, de 1999, y Yerba mala nunca muere, de 2000). Y aun sabiendo que se puede prescindir de Hermética, la gente (re) aclama y el líder cumple: “Atravesando todo límite” (en tiempos de celebración de Ácido Argentino, de 1991) y “Tú eres su seguridad” marcaron los bises y el final, dentro de un cierre que encontró a la banda transitando su mejor nivel de sonido pero entregando composiciones ajenas, aquellas que parecen responder más al capricho del público que al cuadro de clásicos.


Autor entrada: Revista Meta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.