CINE: Crítica de «Terror a 47 metros: El segundo ataque»

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Por Damián Aspeleiter


Tan mala que no puedo parar de hablar de ella

Mía una es una adolescente que debe mudarse a México con su padre y su nueva familia a pesar de que se resiste a este cambio. Al llegar a México se entera de que su padre es investigador jefe en el hallazgo de una ciudad Maya sumergida. A regañadientes Mía debe cuidar de su hermanastra Sasha, con quien mantiene un vinculo conflictivo. En un ataque supremo de aburrimiento e irresponsabilidad Mía, Sasha y sus dos amigas deciden entrar en la cueva que su padre está estudiando. Al poco tiempo de estar en la ruina las chicas descubren que no están solas. Están rodeadas por enormes tiburones blancos amenazadores, atrapadas en ese laberinto que podría ser su tumba.

Está claro que Steven Spielberg es, a pesar de lo que dicen los snob, pseudo gurús del cine amantes lejanos del cine pochoclero y dueños del consumo culposo; uno de los directores más influyentes de la historia y quizás el gran responsable de que otros artistas mejor prestigiados entre los círculos de pseudo intelectuales sean conocidos a través de sus referencias por el gran público. No nos mintamos a nosotros mismos si mucha gente consume a Kubrick o Hitchcock es porque el gran Steven alguna vez los referencio en sus películas.

También es cierto que Spielberg le ha hecho mucho daño a otros cineastas más jóvenes y menos creativos quienes ante una sequia de ideas propias prefieren reciclar viejas ideas que Spielberg realizo con maestría y que por alguna razón decidió no repetir. Una de esas ideas que ha quedado relegada a la producción interminable de secuelas malas realizadas por directores y guionistas mediocres es Jaws (1978): película madre de los Blockbuster y del genero escualo persiguiendo chicas, este género ha dado algunas producciones aceptables como the Shallows y la misma 47 meter down y una enorme lista de películas muy malas. Spielberg les ha dado a los tiburones una mala fama que ha hecho mucho daño a los animales reales pero que en el plano ficticio le da a los amantes del cine un monstruo capaz de comerse de un mordisco a cualquier incauto que se meta en su territorio. La ficción nos muestra en el tiburón a un villano rencoroso y obsesivo que no tiene instinto de conservación y capaz de arriesgar su vida con tal de comerse a un humano. 47 meter down es un ejemplo de eso.

«A 47 metros» es una película que fue estrenada en 2017 y de la que tal vez mucha gente no se acuerde. En «A 47 metros» se nos contaba la historia de dos amigas que sufren un accidente durante una excursión de buceo y quedan atrapadas en una jaula para tiburones al acechadas por un cardúmene tiburones que no tienen nada mejor que hacer y que al parecer la presencia de las protagonistas les ha hecho olvidar que su alimento favorito son los lobos marinos y peces. En aquella película se jugaba muy bien con el género gótico, es decir con un terror sobre personas encerradas en un ambiente claustrofóbico y amenazadas por una presencia a la cual nunca se ve de forma completa y que nunca comprueba nuestras sospechas de que está ahí para hacer daño. Si bien en la película la presencia de los peces está confirmada y sabemos que pueden hacer daño la película exagera la voracidad del tiburón y nos los presenta de una forma que logra contagiarnos el miedo. Ese es el gran logro de la primer parte de esta saga. Si bien no es una obra maestra «A 47 metros» es un buen plan para ver en formato casero y no mucho más.

La secuela es una historia desprendida que no tiene ningún vínculo con la primera más que el titulo y el oportunismo de usar el relativo éxito de aquellas. Con algunos ingredientes de «The Descent» (2005) «Terror a 47 metros: El segundo ataque» nos trae la historia de un grupo de amigas que se encuentran con un grupo de tiburones ciegos y albinos, tirando a la basura el escaso realismo que tenía la primera. La segunda parte no tiene mucho que ver con la primera y en lugar de elegir un espacio abierto pero claustrofóbico como es el mar abierto elige meter a las protagonistas en un templo Maya hundido, en el cual no solo corren el riesgo de ser devoradas por los extraños escualos sino también de perderse en el laberintico templo. Con una dosis enorme de insensatez la protagonista (Sophie Nélisse) se interna en esta aventura a pesar de las advertencias de su padre (John Corbett, único actor reconocible en esta producción). Es decir, esta historia trata de un grupo de jóvenes que se interna en un laberinto Maya, en el cual hay tiburones ciegos y mutantes, con la espera de vivir aventuras y salir intactas de allí. Lo que se llamaría una historia de estupidez humana que utiliza el titulo Terror a 47 metros para atrae a aquellos que disfrutaron de aquella producción que contaba al menos con la presencia de Claire Holt y Mandy Moore como atractivo, si es que existe alguien capaz de mirar uno a película solo porque actúan ellas.

Esta película recuerda a aquella película que Peter Griffin logra filmar en la temporada 12 de Family Guy: «Tiburón Grande». En este capítulo Peter realiza una película en la que los protagonistas enfrentan a un tiburón grande, llamada “tiburón grande”, en la secuela deciden hacer lo mismo pero con un tiburón mas grande; por lo cual la película se llama “Tiburón más grande”. Bien, «Terror a 47 metros: El segundo ataque» funciona con la misma lógica hacer lo mismo, sin ninguna lógica y sin ninguna exigencia de guion pero con mas chicas en peligro, mas tiburones pero mutantes y en un lugar más incomodo y peligroso, lo mismo pero mas grande.

El director Johannes Roberts, al igual que en la primer película, hace un buen trabajo con el escaso presupuesto y mantiene la tensión en momentos necesarios. A pesar de la escasa verosimilitud y de lo predecible de su argumento la historia regala un par de sustos baratos y no mucho más.

4 de 10


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