SEGUNDO TOUR DE CINE FRANCES: TRES PROPUESTAS

Por Marcelo Cafferata

MON INCONNUE – AMOR A SEGUNDA VISTA de Hugo Gélin
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Si bien “AMOR A SEGUNDA VISTA” no maneja una idea completamente original (se basa fundamentalmente en el típico “¿qué pasaría si un día amanecemos y nuestra vida no es la misma de siempre?”) tanto dentro de la filmografía contemporánea francesa como dentro del cine que plantea este tipo de distopías, logra estructurar una historia que mezcla comedia, romance, una pizca de filosofía y física cuántica –infaltable referencia a “el efecto mariposa”- y el producto es sumamente tentador.

Raphaël (François Civil, a quien veremos próximamente junto a Juliette Binoche en “Clara y Claire”) ha logrado establecerse como un exitosísimo escrito de best-sellers para un público joven. Su mujer, Olivia (Joséphine Japy) es una talentosa pianista, muy dotada, que a partir de su matrimonio ha comenzado lentamente a vivir a la sombra de su marido.
El éxito de Raphaël los va distanciando cada vez más, su adicción al trabajo descuida completamente a su pareja hasta que una mañana él despierta en una vida paralela, sin ella. ¿Qué evento ha hecho que su vida haya cambiado por completo y que ya no sea el exitoso escritor sino un profesor de literatura de colegio secundario solitario y sin pareja estable?

El guion del propio Gélin junto a Igor Gotesman y Bejamin Parent, acierta en el tono de fábula y un toque de cuento de hadas para plantear que pasaría en nuestra vida cotidiana si algo que damos por sentado, cambia de la noche a la mañana.
Hablar de aquellas cosas a las que no les damos importancia hasta el momento en que se pierden, puede sonar a lugar común y a frases hechas pero justamente “AMOR A SEGUNDA VISTA” intenta asumirlas y desde ese mismo lugar proponer situaciones divertidas –incluso algunas de ellas desopilantes y muy bien logradas en el segundo acto- para reflexionar sobre este tema con humor, dentro del marco de una comedia romántica que, aunque previsible, logra tener un ritmo que no pierde el interés y con personajes con los que el espectador empatiza casi automáticamente.

Una duración algo prolongada para una comedia de estas características atenta parcialmente contra los resultados, pero el carisma de los protagonistas, la química en pantalla y esta magia de entrar en una vida con muchas vidas a la vez, sigue siendo una idea rectora cinematográficamente atractiva y Gélin sabe cómo llevar el producto a buen puerto para que resulte una comedia muy disfrutable… Y poder pensar a la pareja y al amor como una construcción, un golpe de suerte, un poco de magia y mucha estrategia.


AMANDA de Mikhaël Hers
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Ganadora de premios en los Festivales de Santiago (SANFIC), Tokio y Venecia, este nuevo film de Hers (con una filmografía desconocida para el público argentino) propone un análisis profundo sobre las implicancias de un violento ataque terrorista en Paris.

Hers divide claramente la película en dos partes: inicia con una presentación de los personajes en donde vemos a David colaborando con su hermana Sandrine, madre soltera, en la crianza de Amanda, su hija de siete años.
De esta forma nos vamos adentrando en el cotidiano de los personajes –también se muestra el inicio de un vínculo amoroso de David con Léna- y ciertos movimientos familiares que aparecen como desestabilizadores, cuando su madre intenta volver a tomar contacto con ellos después de 20 años de silencio.

El brutal giro de la historia se dará cuando todo en la vida de ellos se vea completamente modificado por las consecuencias que viven a partir de un atentado en un parque del que, de diferentes maneras, todos saldrán heridos. En un sentido literal, o en un sentido figurado.

La astucia principal de Hers es no construir la historia en función a subrayados ni enfatizaciones. No hay grandes dramatismos ni discursos alentadores. La vida sigue para todos los personajes y el eje que plantea “AMANDA” es cómo poder seguir adelante con sus vidas, tomar decisiones y contenerse en un contexto tan desolador después de un hecho traumático sin retorno.
Obviamente con la realidad política y social que se vive actualmente, la película decide contar una pequeña historia particular para poder reflexionar en un plano más general sobre las consecuencias que viven los familiares de las víctimas del terrorismo.

Hers propone en su puesta en escena, un relato narrado a través de vínculos delicados, sin estridencias, con un fuerte pie en lo verosímil, en lo cotidiano, en lo real. El daño ha quedado instalado en cada uno de los personajes de diferentes maneras: en sus miedos, en sus replanteos, en esa angustia de recomponer lo destruido. A través de pequeñas viñetas, diálogos breves y concisos y sobre todo deteniéndose en el vínculo entre David y Amanda, el film logra un espacio de reflexión y exposición de un tema difícil, muchas veces silenciado y poco frecuente en el cine actual, bajo estas características.
Alejado de cualquier dramatismo impostado, el film se va construyendo como una película de cámara en donde podemos ir asomándonos al proceso de cada uno de los personajes y vivenciar de alguna manera este recorrido con la cámara contenedora y amorosa de Hers acompañándolos.


BLANCHE COMME NIEGE – BLANCA COMO LA NIEVE de Anne Fontaine
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La directora de “Gemma Bovery” “Cómo maté a mi padre” y “Madres Perfectas” (con Robin Wright y Naomi Watts) propone una nueva lectura para un clásico de todos los tiempos como Blancanieves de Grimm, actualizando la historia y trasladándola a nuestros días.

El proyecto tiene su audacia y Fontaine toma todos los elementos emblemáticos del cuento en un relato moderno, osado y con una propuesta interesante de deconstrucción del mito en épocas de empoderamiento femenino.
Las buenas intenciones de Fontaine que ama moverse dentro de diferentes ambientes y diversos géneros cinematográficos en cada una de sus películas (logrando grandes aciertos y en algunos casos resultados sumamente desparejos como en la versión de Coco Channel de Audrey Tautou o en “Mi peor pesadilla” con Huppert, Poelvoorde y Dussolier jugando situaciones de comedia lamentables) naufragan rápidamente cuando la historia no encuentra ni el tono narrativo ni la forma precisa para que el intento no quede en una mera experimentación sin demasiada sustancia.

Después de una inmejorable adaptación como fue la “Blancanieves” de Pablo Berger con un brillante trabajo de Maribel Verdú, para volver cinematográficamente a presentar una nueva lectura del clásico, debiera por lo menos poder manejar una idea interesante que pueda demostrar que vale la pena revisitar otra vez esta historia.
Fontaine sólo logra jugar con los íconos que despierta el cuento (la manzana, la madrastra, el bosque, el beso para el despertar) y la propia temática clásica (rivalidad entre la protagonista y la madrastra, celos, traición, venganza) y lo hace de una forma tal, que parece justamente remitir a otro gran cuento clásico como “Hansel & Gretel”. Anne Fontaine los va desperdigando como señuelos en la pantalla pero rápidamente se percibe que no logran ganar una cohesión, no pueden generar un corpus a través del planteo.

Por momentos la madrastra de Isabelle Huppert roza la caricatura (un registro que para esta propuesta le hubiese sentado sumamente bien tanto a la actriz como al filme en general), el tono de comedia farsesca y en otros, Blancanieves se convierte en una especie de ninfómana movida por la pulsión sexual que desentona completamente con el clima de la puesta a lo que se le suman figuras masculinas que se pasean por la trama sumamente desdibujadas y desaprovechadas, junto a ciertas decisiones de los adaptadores que son sumamente difíciles de entender.

Lo que podría haber sido una inquietante relectura del clásico juega tímidamente al desborde y no lo logra, retoma la faceta más clásica del cuento y por lo tanto se vuelve sumamente inverosímil en el contexto planteado y queda una incómoda sensación de borrador, de proyecto inacabado, de prueba fallida.

Autor entrada: Revista Meta

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