TEATRO: Crítica de «EL FARMER»

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Por Guadalupe Farina


Para los griegos, el peor castigo que se le podía imponer a un ser humano no era la muerte sino el destierro: el obligarlo a dejar sus afectos y empezar una nueva vida en una tierra desconocida. El desterrado, que sufría el oprobio del propio pueblo, debía aprender a reconocer a los otros y a reconocerse a sí mismo en el ostracismo. De allí parte El farmer, la novela de Andrés Rivera, adaptada a texto teatral por Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna, que se presenta en su cuarta temporada en el Teatro La Comedia.

Juan Manuel de Rosas, el gobernador de la provincia de Buenos Aires que llegó a tener la suma del poder público, pasa sus últimos días como un solitario granjero en Southampton, Inglaterra. Atrás quedaron las intrigas políticas, las fiestas en Palermo y, sobre todo, el poder. Sólo permanece la decrepitud, el olvido y la traición de sus socios políticos que luego de Caseros le soltaron la mano y lo empujaron, junto con sus enemigos, al exilio.

Tomando como procedimiento el desdoblamiento, son dos Rosas los que dialogan sobre el pasado en escena: el anciano retirado (Audivert), ubicado en el tiempo de la acción, y el hombre maduro (De la Serna) que llevó con mano de hierro los destinos de la Patria, emplazado en el plano de lo imaginario. Con su traje de Brigadier, el Rosas imaginario aparece y desaparece y se despliega, a su vez, en otros personajes como su hija Manuelita o su propia madre.

Justo José de Urquiza, la mazorca, Camila O’Gorman, Encarnación Ezcurra, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Lavalle, la oligarquía terrateniente, los gauchos, los unitarios y los federales desfilan en la memoria del hombre más poderoso y controvertido de la historia argentina del siglo XIX.

“No pueden responder qué es Rosas”, afirma en un momento el personaje de Audivert, en una clara intertextualidad con el Facundo de Sarmiento. Y, efectivamente, durante la hora y media que dura la obra no se responderá ese interrogante. ¿Rosas, el representante de los gauchos o el dictador? ¿Rosas, el defensor de los intereses nacionales en la Vuelta de Obligado o el masacrador de los pueblos originarios en la primera Campaña del Desierto? ¿Rosas, el líder de la mazorca o el impulsor de la Ley de Aduanas? Quizá Rosas sea todo eso y más. Es que el texto presenta al Restaurador de las Leyes con sus luces y sus sombras y deja en claro que la famosa “grieta”, que para algunos medios parece ser una novedad del kirchnerismo, se remonta años en la Historia y es en realidad la grieta entre el pueblo y el antipueblo.
Un camastro, un brasero, un escritorio donde se acumulan documentos históricos y libros y un espejo distorsionado que marca el adentro y el afuera son los elementos escenográficos que construyen la casa de la campiña inglesa. El personaje de De la Serna juega entre la escena y la extraescena, construida detrás del espejo con la ayuda de la iluminación, según los requerimientos de la memoria del Rosas decrépito de Audivert.

¿Y qué decir de las actuaciones más que De la Serna y Audivert son dos de los más grandes actores argentinos? El contrapunto entre ambos es una clase de teatro en sí misma donde se destaca la composición corporal que cada uno realiza de su personaje y, sobre todo en De la Serna, el cambio de ritmo ágil que requiere a veces la puesta en escena, diseñada por ambos junto a Andrés Mangone.

En definitiva, El farmer brilla no solamente por su calidad y factura artística, sino porque también enfrenta al espectador al drama del exilio, al tiempo que propone la deconstrucción de los relatos generados en torno al líder que abrió una grieta profunda en la sociedad argentina a mediados del siglo XIX.


El farmer se presenta los viernes y sábados a las 22:30 en el Teatro La Comedia (Rodríguez Peña 1062 – CABA).
Ficha técnico-artística:
Autor: Andrés Rivera
Adaptación: Pompeyo Audivert y Rodrigo De La Serna
Actores: Pompeyo Audivert y Rodrigo De La Serna
Música: Claudio Peña
Vestuario: Julio Suárez
Escenografía: Alicia Leloutre
Iluminación: Leandra Rodríguez
Dirección: Pompeyo Audivert, Rodrigo De La Serna y Andrés Mangone

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