TEATRO: Crítica de «LA MATA HARI»

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Por Marcelo Cafferata

Mata Hari ha sido un personaje sumamente convocante, sobre todo en el cine por el aire exótico que respira su historia, pero muy pocas veces visitado en el ámbito de la dramaturgia teatral.

Mata Hari significa, en el idioma malayo, “Ojo del día” y justamente la bailarina y cortesana holandesa Margaretha Geertruida Zelle se apoderó de ese nombre cuando se convirtió en espía alemana durante la Primera Guerra Mundial, siendo finalmente detenida por las fuerzas francesas, declarada culpable del delito de espionaje.

En “LA MATA HARI” de Milagros Michael, la referencia no es con el objeto de encararlo en forma biográfica ni la obra retrata exactamente la vida de la protagonista sino que se nutre de su figura icónica dentro del mundo del espionaje, para armar una comedia en tono farsesco, trasladando su presencia a la Buenos Aires de principios de siglo XX, cerca del Centenario de nuestra nación.

La pieza plantea con tono de ironía y sátira, el plan que traman tres “dandys” porteños de alta alcurnia para instaurar una monarquía francesa con el telón de fondo de la celebración del Centenario de Mayo. Mata Hari asistirá a los festejos y se entrecruzará con Pierre Benoît –uno de los más afamados arquitectos del neoclásico en Buenos Aires-, que aquí representa y se transforma en el último delfín de Francia que se ha escapado a la Argentina.

La idea que maneja Michael en el texto, para mostrar a través de estos personajes de principios del siglo pasado, las raíces políticas, las opulencias, los delirios de clase y las ambiciones del poder, resuenan perfectamente como espejo del hoy, de los movimientos políticos que ha atravesado/atraviesa permanentemente nuestro país y de nuestras propias contradicciones que son casi constitutivas de nuestra identidad.

Desde sus alocados personajes, plenos de sarcasmo, dispara sus dardos para satirizar el poder burgués y los disparates de una clase que pretende encaramarse para perpetuarse en el poder, situaciones que se amoldan tanto al momento que transcurre la obra, como a la situación política actual y con clases dirigentes que no han escuchado más que sus propias voces. Y por supuesto, que con esta doble lectura, es donde la propuesta de Michael se enriquece.

Democracia versus monarquía, se entrecruzan en el juego textual que está muy bien planteado y refleja perfectamente el tema de las raíces de dónde venimos, nuestros delirios de grandeza, y la construcción de nuestra identidad a partir de esas figuras que, mutadas, modificadas, resignificadas –o no tanto- siguen presentes en nuestra sociedad.

El texto encuentra una forma de poner en tono de farsa todo su planteo aunque el género elegido no es fácil y esconde múltiples riesgos.

La farsa debe trabajarse con demasiada rigurosidad para no caer en la caricatura, en el desborde y que el verdadero sentido de la mordaz crítica social no termine quedando desdibujado por un tono de comedia de pinceladas de trazo grueso. Lamentable, algunos de esos problemas se perciben en “LA MATA HARI”.

El tono de grotesco que tan bien le sienta a la obra se torna, por momentos, reiterativo volviendo sobre lo ya dicho y en otros, con un tono demasiado exagerado, lo que se percibe más aún en las actuaciones del equipo masculino. Hay algo de clownesco que le sienta bien a la obra, pero justamente el peligro es el de “pasarse” y que comience a perderse el efecto satírico que el texto buscaba y se asemeje a una comedia de enredos con un timing completamente diferente.

Las actuaciones de Nicolás Schneider, Pablo del Río y sobre todo la de Gustavo Monje rayan en la caricatura de lo que se pretendía mostrar y confunde, en un primer momento y complica, luego, el tono disonante de sus trabajos respecto de las intenciones del texto. Esa flema francesa, burguesa y acomodada, pretenciosa y clasista, queda perdida entre algunas humoradas poco logradas y pasos de comedia demasiado obvios en vez de haber hecho uso de la ironía que desborda en muchos tramos del texto.

Milagros Michael, además de dramaturga, toma a su cargo el rol protagónico de la obra y le imprime ese aire sensual, esa figura envuelta en ese halo de misterio que embelesa y manipula a los tres protagonistas masculinos.

La puesta en escena del destacado César Bordón impone un ritmo preciso a un texto que pasada la mitad de la obra adolece de reiteraciones y que no encuentra eco en el tono de las actuaciones generando una sensación de que toda la ironía que se podría haber explotado en una farsa política ideal para los tiempos que corren quedó flotando a mitad de camino.


LA MATA HARI” – Domingos a las 20 hs – EL CAMARIN DE LAS MUSAS – Mario Bravo 960, CABA

Ficha técnica:
Autora: Milagros Michael
Elenco: Gustavo Monje, Nicolás Schneider, Pablo Del Río y Milagros Michael
Música: Tomás Mayer Wolf.
Cellista: Nicolás Muñoz
Diseño de Iluminación: Jorge Ferro
Operación de luz: Alejandro Galerti.
Vestuario: Alberto Mauri
Fotografia: Urko Suaya
Diseño Gráfico: Roy Cifre
Make up fotos prensa: Sofía Rubinstein
Vestuario fotos prensa: Nikole Tursi, Marcelo Giacobbe, Santiago Liendo
Redes sociales: Ayelén Chaparro
Prensa: Octavia Comunicación
Diseño gráfico: Roy Cifre
Fotografía: Urko Suaya
Producción: ALBONDIGAS Producciones, Milagros Michael
Dirección: César Bordón

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