CINE: Crítica de “AMOR DE PELÍCULA” – Las reglas al desnudo.

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Por Lucas Manuel Rodriguez

Vera Marino (Natalie Pérez) y Martín Rivas (Nicolás Furtado) se formaron por el audiovisual tanto profesional como sentimentalmente. Resulta que ambos protagonizaron un cortometraje escrito por él mismo, cuyo título declara los principios del film que nos concierne: “Chico conoce chica”; además, para certificar más su postura, nos dejan muy claro que la película favorita de la pareja es ‘Alta fidelidad’ (2000), uno de los grandes pilares del género en los últimos tiempos. Siete años después, y a raíz del impacto que tuvo dicho trabajo, Vera obtuvo su lugar en elencos de cine, teatro y televisión, pero Martín solo llegó a dirigir publicidades.

Con un perfil de realizador de cortos y largos en rubros como asistente, camarógrafo, fotógrafo, montajista y productor, Sebastián Mega Díaz se lanza de lleno en la dirección de su ópera prima comercial. “Amor de película” cuenta con las mencionadas estrellas jóvenes del streaming, un despiadado Guillermo Pfening en un rol secundario y con -el cada vez más talentoso- Mariano Suárez (‘Aterrados’, ‘Claudia’) como director de fotografía.

A riesgo de que nos acusen de excesivos, manifestaremos que esta película efectúa unos diez minutos iniciales descomunales para lo que son las comedias románticas filmadas en Argentina, por momentos ejecutados al mejor estilo rítmico de Edgar Wright. Son material de estudio obligatorio, más que nada para los simpatizantes del cine que trata sobre la realización del cine; sin ser necesariamente una autoconciencia del mismo, este comienzo en cuestión convida mecanismos técnicos y narrativos que merecen observación y comparación con otros casos audiovisuales.

A la postre de aquello, el componente dramático que involucra a la dupla amorosa suele verse descompaginado a lo largo de la trama. Esta es su mayor falencia, cuando los elementos trágicos son compartidos entre los dos. Sin embargo, son sumamente enriquecedores al manifestarse individualmente: ya sea desde el costado de Vera que, insertada en diversos ámbitos del starsystem, debe ceder a las demandas extravagantes de sus directivos; o desde el de Martín, que debe pegar manotazos de ahogado por aquello que no disfruta, como también por lo que más aspira a hacer, siempre al servicio de patrones que lo minimizan en todas las decisiones a tomar.

Estamos muy lejos de suscribir al tópico facilista de que “los actores no tienen química”. Hay una convergencia de conflictos melodramáticos desfasados, eso si. Todo lo que queda por recorrer es mayormente disfrutable y entretenido por los paralelismos de las situaciones que se nos presentan, aunque su mejor rostro se aprecia en la representación de las vicisitudes que devienen del intercambio entre sobrellevar una vida laboral demandante, y las resistencias ante los vaivenes propios de una vida privada.

7 de 10


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