CINE: Crítica de "FRANKIE"

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Por Lucas Manuel Rodriguez

Antes del atardecer

Una familia un tanto cuantiosa, y de lazos diversos, se reúne durante un día de sus vacaciones en la ciudad de Sintra, Portugal. El nexo que los mantiene ligados son sus respectivos vínculos personales y/o profesionales con la artista Françoise Crémont (Isabelle Huppert) o, como todos la identifican, Frankie, quien se percibe a sí misma en el ocaso de su vida y decide fructificar cada minuto previo a la luminosidad lunar, ya sea acompañada o por cuenta propia.

‘Frankie’, co escrita y dirigida por el estadounidense Ira Sachs, es un film transitado por “paisanajes”, es decir, por paisajes con roles esencialmente protagónicos, ya sean piscinas, paredes de azulejos, plazas abundantemente transitadas o jardines desérticos. La llegada de cada protagonista a cada uno de ellos tendrá una consonancia particular con respecto a sus alivios y angustias, y esto se ejecutará con eficacia en gran parte debido a la disposición de un elenco talentoso; entre ellos: Marisa Tomei, Brendan Gleeson, Greg Kinnear y Jérémie Renier.

Se abren caminos a la contemplación pura, pero los personajes en general escasamente cuentan con arcos narrativos resueltos o conflictivos dispuestos a resolver. Esto no quiere decir que nunca pase nada entre ellos, pero sí que, entre la dispersión de roles melodramáticos y las exploraciones paisajísticas, se terminan desplazando las posibilidades reflexivas para que todo se vuelva parcialmente transitorio. Películas como ‘American Graffiti’ (George Lucas, 1973) o la trilogía de Richard Linklater –‘Antes del amanecer’, ‘Antes del atardecer’ y ‘Antes de la medianoche’ (1995-2013)- se esparcen en este dispositivo poético de auténtica soltura en la cual se aparentan naderías, sin embargo, sucedidas las eventualidades, se pueden visualizar las maneras mediante las cuales cada personaje crece tras recorrer cada uno de estos itinerarios esparcidos en beneficio de un bien común discursivo.

En ‘Frankie’ tenemos a Kinnear que, encarna al director de fotografía de la segunda unidad de “la última de Star Wars”, es abandonado por su novia, es soslayado ante la petición de una oportunidad de impulso laboral y pronto descubre que su presencia en la trama tiene poca razón de ser y se retira voluntariamente. Desde luego, es una decisión argumentativa que guarda cierta consistencia trágica y conmovedora y que a la vez ayuda a que los otros personajes avancen con cohesión hacia un desenlace bucólico. No obstante, las relaciones, aunque realistas –sí, esa es la palabra-, se vuelven efímeras y demasiado abiertas hacia las especulaciones y expectativas de los espectadores.

Un recorrido turístico con protagonistas entrañables, sin dudas eso es lo que tenemos, lo cual no implica una reducción materializada en una tarjeta postal de poca monta. Le gusta jugar con una imaginería carente de caminos que eliminan todo valor de tragedias posibles para vagabundear en el olvido, pese a que, a grandes trazos, termina recorriéndolos con resultados irrebatibles.

7 de 10

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