Por Damian Aspeleiter

Esta película argentina de bajo presupuesto tiene una duración de 1 hora 50 minutos y está construida de una manera tan intimista que no se nota la baja producción, claro, solo cuando notamos que el argumento recae sobre el hombro de los protagonistas y algunos secundarios que lo único que hacen es mirar a cámara y fingir que actúan situaciones y diálogos cotidianos.

En muchos momentos de la película se cae en mini agujeros en los cuales la cámara se mueve mostrándonos objetos, como en la búsqueda de detalles que no están o que sobran: una ventana, una puerta, un mueble, un tren; cosas que no cumplen ninguna función. Tal vez estas tomas tratan de contarnos que estamos en un barrio de clase media de cualquier lugar del Sur del gran Buenos Aires, lo noté la primera vez que vi el tren de color celeste, noté la clase social de los protagonistas y en el primer paneo general que hizo el director de la casa , no hacía falta repetirlo varias veces a lo largo del relato porque lo único que revela es la falta de ideas.

El ritmo de narración es lento y cansino, efecto de la misma historia que no presenta muchos conflictos,más allá de los dos o tres detalles que dan forma a la historia. La música de la película es monocorde y no aporta atractivo a la construcción diegetica de la película.

La sinopsis de Un Rubio es la historia de Juan (Alfonso Baron)y Gabriel( Gaston Re), dos hombres en apariencia heterosexuales clásicos de clase media argentina que cumplen con cada uno de los estereotipos canónicos de la masculinidad que luego de un inicio tímido como compañeros de trabajo y de vivienda. Juan le alquila un cuarto a Gabriel, comienzan una relación netamente sexual, que de a poco, va convirtiéndose en romance. Más allá del hecho de que Gabriel es el padre viudo de Ornella (malena Irusta) y que mantiene una relación con Julia, interpretada por la actriz mas destaca del elenco: Ailin Salas, una relación amorosa heterosexual mantenida por Juan o alguna revelación sobre su pasado y su futuro la película no nos da ningún impacto.

Berger nos cuenta un romance homosexual que de no ser ,justamente homosexual, no es nada memorable.

Esta película nos plantea un dialogo entre nuestros prejuicios heterosexuales, propios, sobre los estereotipos homosexualidad y los propios prejuicios del director sobre los heterosexuales: no vemos en este film glitter, diálogos sobre musicales o referencias Barbara Straisand, o ,tratándose de Argentina, Gilda. no hay beautifful people en esta película solo dos hombres y ahí es donde nuestro prejuicios sobre los homosexuales se ponen de manifiesto incomodando por su existencia. por otro lado tenemos a un director que no dibuja al heterosexual como un sujeto vació lleno de diálogos banales que solo mira deportes, películas de acción y pasan gran parte de su vida bebiendo cerveza y mirando la nada.

En definitiva una película que trata de decir más de lo que dice y que aporta nada nuevo. Tal vez su único aporte es la forma en que construye a los personajes: sin atarse a los estereotipos culturales sobre la homosexualidad lo cual esta bien pero sin una trama atractiva, que por momentos aburre.

6 de 10


Por Marcelo Cafferata

Cine argentino y diversidad sexual

En el cine Argentino no suelen abundar los ejemplos de directores / guionistas que se han animado a profundizar en la temática LGTB. Si bien podemos encontrar films osados, rupturistas de acuerdo al contexto y al momento en que se hayan estrenado (como fue “Adiós, Roberto” u “Otra historia de amor” a fines de los ochenta) o que hayan planteando temas nunca abordados de esa forma por el cine nacional (“Un año sin amor” de Anahí Berneri es sin dudas uno de los ejemplos más sobresalientes), en general no encontramos fácilmente directores / autores que hayan construido su carrera en torno al compromiso con esta temática en particular.

La cartelera reciente trajo algunos otros ejemplos como “Marilyn” (excelente trabajo de Martín Rodriguez Redondo) o “Mi Mejor Amigo” y aisladamente, hubo otros trabajos como “XXY” de Lucía Puenzo, “Esteros” de Papu Corotto, “Tan de Repente” un filme de Diego Lerman sobre un cuento de César Aira o “Vil Romance” de Campusano que fueron corriendo los límites, asumiendo riesgos y presentando en la pantalla nuevas temáticas.

Pero Marco Berger es indudablemente quien logró una unidad temática en su filmografía, a través de una serie de películas que rompen con los esquemas narrativos tradicionales, abordan situaciones desde una audacia antes no frecuentada en el cine nacional e inclusive, generando una obra vanguardista a nivel latinoamericano.

Dueño de una mirada provocadora, superadora de cualquier lugar común del género, instala (casi) por primera vez en la pantalla local, la construcción de un universo centrado en el homoerotismo de sus protagonistas que se ha transformado en marca completamente distintiva en su obra.

Berger destruye por completo la simpleza de “chico conoce chico” para profundizar en las pulsiones que se empiezan a presentar en los personajes cuando se instala fuertemente el deseo, más allá de lo que dictaminen sus mandatos y su conciencia.

Por si algún espectador despistado (todavía) no vio nada de Marco Berger

Berger hace su debut con “Plan B” un filme donde el personaje central intenta recuperar a su ex novia, haciendo amigo de su actual pareja. Lo que en un principio era un perfecto plan de “venganza” presentándole alguna que otra chica para sacarlo del medio, se termina complicando cuando aparece un deseo inesperado.

Su siguiente película “Ausente” relata las desventuras de Martín, enamorado de su profesor de natación y sus mil y una estrategias para llamar su atención y seducirlo, donde no solamente aparece un deseo prohibido entre profesor y alumno, entre lo hetero y lo gay sino también un deseo signado por la diferencia de edad, con lo que esta historia de amor tiene más de una arista dentro de lo “prohibido”.

Siguiendo el recorrido, aparece la imperdible “Hawaii” donde ya con un estilo propio vuelve a una historia tradicional de deseo amoroso que demora en su concreción para instalar una tensión sexual a lo largo de (casi) la totalidad del filme. En “Hawaii”, Berger vuelve a instalar un cierto regodeo de la cámara sobre el cuerpo masculino, la desnudez, la insinuación y presenta un conjunto de actitudes, miradas, una síntesis gestual que se constituye en la marca de su filmografía.

Mariposa” vuelve a apostar al riesgo con una narración donde los personajes se multiplican como en un juego de espejos. Dos realidades diferentes, desarrolladas el mismo tiempo con los mismos protagonistas en diferentes personajes.

Una exploración casi onírica, de mundos paralelos en donde se descubre, inevitablemente, personajes que responden al canon Berger, y juegan a ser unos y otros, amantes / amados atravesados por las diferentes formas en las que aparece el deseo.

Un estallido de testosterona y el mundo de la camaradería masculina aparece “Taekwondo”, su trabajo junto a Martin Farina (quien venía de “Fullboy” con el detrás de escena de la concentración de un equipo de fútbol) cuando un grupo de amigos pasa el verano en una quinta con pileta, un caserón enorme donde se respira un clima de vestuario y complicidad, en donde uno de los amigos se siente fuertemente atraído –una vez más en el cine de Berger- por otro integrante del grupo, donde vuelve a desplegarse esa desnudez de los cuerpos y el subrayado de algunos primeros planos que son parte de un estilo único y constitutivo del director.

Y un día llego “Un rubio”

¿Por qué es tan necesario hacer un recorrido sobre la filmografía del director, antes de hablar de “Un Rubio”?

UN RUBIO” perfectamente puede verse sin conocer previamente el cine de Berger y esto no significará ningún obstáculo para disfrutarla.

Sólo que quienes tengan un recorrido en su filmografía podrán apreciar que la historia arranca de una manera muy similar a muchos de los títulos que fueron comentados anteriormente: Gabriel se acaba de mudar a lo de Juan, su colega, quien no duda en mostrar su virilidad y el éxito con las mujeres y donde un aire de cierta exposición de su sexualidad queda flotando en el ambiente.

Gabo, sin embargo, siente que hay miradas y señales hacia él, que duda en corresponder, que lo confunden. Hasta que llegue el momento en que la atracción física que los atraviesa, sea innegable.

Lo que en un inicio, comienza a construirse como una historia típica de tensión sexual dudosamente correspondida, de cierta “histeria” de los cuerpos que se ha trabajado en sus films anteriores, va paulatinamente mutando hacia un planteo mucho más profundo, con un claro recorrido identitario en los personajes que se encuentran más marcadamente fragmentados entre el mandato y el deseo, que en otras de sus realizaciones.

Recapitular la filmografía de Berger, es reconocer que en “UN RUBIO” hay un salto cuántico. No sólo en la manera de filmar, en la propuesta narrativa sino fundamentalmente en la madurez con la que rápidamente sale del planteo de sus películas anteriores para que sea sólo el tercio inicial del film, el que sirva de trampolín para abordar un abanico de temas que se presentan con marcada solvencia y que hablan de su necesidad como autor, de ir por más.

Ya no hay una tensión puramente sexual, hay un deseo de formar una pareja, un deseo de intimidad, de compañía, de proyecto, que no aparecía tan claramente en sus films anteriores.

Asimismo, los personajes deberán lidiar con sus propias historias y nosotros conoceremos parte de sus universos familiares: Gabo tiene una hija y acaba de enviudar recientemente y Juan tiene una novia a la que no le será fácil plantearle esta nueva situación que lo atraviesa.

Por cuestiones que conviene no develar “UN RUBIO” tiene un tercer acto clave, determinante, donde Berger demuestra que ha trasuntado hacia otra etapa completamente diferente. Más maduro, más emocional, más rico, la posibilidad de que los deseos del protagonista no se reducen simplemente a las cuatro paredes de una intimidad “a escondidas” sino que se desprende de cualquier carga, para un planteo más libre y honesto con su propia historia.

Sus dos protagonistas, Alfonso Barón y Gastón Re, están completamente entregados al planteo del director y construyen sus personales desde la naturalidad, la transparencia y de ese modo, la narración fluye armónica y sostenida y Berger nos va mostrando, completamente alejado de cualquier panfleto sobre la diversidad, un nuevo capítulo, una nueva etapa, con una intensa pero calma madurez.

Un espacio donde los personajes –que hablarán por él, seguramente- se hacen cargo de un deseo que va mucho más allá de un cuerpo. Que va de la mano con la libertad, con descubrir su propia identidad, y ya sólo eso es sencillamente maravilloso.

8.5 de 10


1 Comentario

  1. Me encanta leer dos críticas de una misma película. Porque no todos pensamos iguales. En este caso me quedo con algo intermedio, creo que se puede criticar algo aunque sea de tematica gay

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