Para el mundo del espectáculo, los medios y la comunicación, su apellido es historia. Historia de la más querida. Pero lejos de quedarse en la comodidad que podría suponer ser la hija del zar de la televisión, Alejandro Romay, Mirta Romay hizo su propio camino. Amante del teatro, pasión heredada de su padre, en 2015 creo Teatrix, una plataforma digital para ver on demand obras teatrales. Afirma que se buscó su target entre la gente que disfruta de las artes escénicas pero que, por algún motivo, no pueden acercarse hasta las salas. Con los teatros cerrados por el aislamiento social obligatorio y sin fecha de regreso, hoy Teatrix es una opción para todos los teatreros que desde hace cinco meses extrañan los escenarios.

Entrevista: Guadalupe Farina

Imagino que cuando creaste Teatrix no se te pasó por la cabeza pensar que ésta iba a ser, por el momento, la única manera de consumir teatro.

No, obviamente que nadie pudo imaginar una situación tan excepcional como esta. Pero sí pudo decir que al público al que me dirigí cuando imaginé Teatrix era un público que no iba al teatro, ya fuera por cuestiones económicas, de distancia o de movilidad. Resultó luego que la pandemia hiciera que el 100% de la población cuadrara en ese target. Eso es lo insólito. Pero Teatrix ya era una empresa que venía creciendo hacía tres años, pre pandemia, desde que lanzamos al mercado las aplicaciones en 2017. Eso nos dio un crecimiento mensual de 5 o 6 puntos. Un crecimiento sostenido, con lo cual la empresa estaba conquistando un público cada vez mayor porque, obviamente, el público que no va al teatro es mucho más grande que el que sí lo hace.

¿Es esta la mayor crisis que atravesó el teatro en la historia?

Habría que investigar qué pasó en el teatro en épocas de guerra. No te podría decir, pero esto es como una guerra. Lo poco que sé es que muchos actores, directores, estuvieron enrolados en la guerra, con lo cual imagino que el teatro estaría cerrado o tendría muy pocas funciones. No quiero decir algo que no sé. Pero creo que hay que comparar lo que sucede ahora con una situación de guerra.

¿Cómo va a salir parado el teatro?

Con respecto a cómo va a salir parado el teatro, yo te diría cómo van a salir parados los productores teatrales, que son los que invierten en teatro y son los que mueven la rueda. No deja de ser una empresa el teatro. La otra cuestión que interviene en cómo sale parado el teatro es el consumidor. En el país ha ido creciendo una masa de población cada vez más empobrecida. Cada vez ese porcentaje es mayor y va absorbiendo parte de la clase media baja. Por eso diría que la responsabilidad de poner en marcha esa rueda enorme depende del que va a comprar la entrada. Hay dos jugadores: el productor y el público. Entonces, nos tenemos que preguntar cómo va a salir parado el público y cómo los productores. Esto hace a un país que hace muchos años viene deteriorándose tanto institucional como económicamente. Podemos irnos nada más que unos meses atrás para ver que el teatro ya estaba mal. Veníamos de estar mal y ahora vamos a estar peor. Eso depende de la Argentina, de nuestros líderes. Eso no depende de nosotros ni del teatro.

El teatro es presencialidad: actores y público en el mismo momento y lugar, respirando el mismo aire. ¿Considerás que todo lo que se está haciendo por Instagram o streaming es teatro? No me refiero a las obras filmadas con anterioridad y puestas a disposición del público ya sea por Teatrix u otras plataformas sino a lo que se está produciendo en estos momentos.

Por supuesto que el teatro es presencialidad y convivio. Es algo que ocurre entre el público y el actor, y es una fiesta. Pero yo acentuaría el hecho teatral como un hecho artístico y cultural muy fuerte, que se le agrega la presencialidad, el disfrute y la relación con el actor, el elenco, que se extiende a la salida del teatro, que la gente quiere verlos. Eso no quita que exista otro hecho artístico que se pueda filmar. Digo artístico porque no todo lo que se filma con respecto al teatro es un hecho artístico. Me gustaría diferenciar eso. Hay documentos de trabajo que hace el equipo creativo de una obra por si tienen que hacer un reemplazo, por si la obra vuelve a hacerse. Esos son documentos de trabajo que en esta situación de pandemia han salido a la luz en la desesperación de tener contacto con el público. Eso no le hace bien al teatro porque básicamente el teatro en condiciones normales tiene que seguir promoviendo su lenguaje y eso no lo ayuda. Probablemente, al estar accesible a todos, mucha gente que no fue al teatro, que no sabe lo que es, ve esos documentos y confirma que el teatro es aburrido, que no le pasa nada cuando ve teatro. Por lo tanto tenemos un espectador menos. Ahora, cuando uno lo filma como un hecho artístico, estudiando su dramaturgia, analizando cuántas cámaras van a contar esta historia, dónde tiene que estar tal cámara cuando el personaje hace tal o cual cosa… Ahí tratamos de acercarnos lo más que podemos a ese hecho artístico que es el teatro, construyendo un nuevo hecho artístico. Entonces uno tiene la satisfacción de: “Nunca había ido al teatro”, “Me encanta el teatro”, “Cómo puede ser que nunca haya ido al teatro”. O sea, el descubrimiento de un nuevo lenguaje que lo emociona, que lo atrapa. Eso hemos tenido en las redes, cualquier cantidad de gente, y más en este momento en que la empresa ha tenido muchísima visibilidad. Ahí agregamos una persona más al público. No restamos, sumamos.

Walter Benjamin decía que con la reproductibilidad técnica la obra de arte perdía su aura. ¿No pasa eso con el teatro al ser filmado para ser reproducido?

Benjamin o Adorno nos remiten a finales del ’30. Entonces, obviamente, la preocupación era distinta. Me parece que en 2020 hace falta revisar esos textos a la luz de lo que ocurrió. Y lo que ocurrió fue que cuanto mejor el individuo estuvo, que salió de su situación de necesidades básicas, se acercó más a la cultura. Por otro lado, esa reproductibilidad le permitió conocer grandes pintores, grandes autores. Transformarse en una persona atravesada por la cultura de su época. Y la cultura de una época son los libros, en este momento las series, las películas, el teatro. La pregunta que yo me hago es por qué no pueden acceder todos a la cultura de una época si hoy la tecnología lo permite. Si hoy una buena obra de teatro filmada provoca pensamiento, ¿por qué no? La verdad que no lo entiendo. ¿Es solamente el teatro para quien tiene 1500 pesos en el bolsillo y pasa por la calle Corrientes? No estoy de acuerdo. Creo que el teatro es un hecho cultural maravilloso donde se entretejen individuos con una lucidez fantástica. Ese entrecruzamiento, ese hecho único, si puede ser filmado en su belleza estética   e intelectual, ¿por qué no ofrecerlo? De chica, de la mano de mi viejo, fui a todas las obras de teatro que se te ocurran. ¿Por qué yo tuve esa posibilidad y otros no la tienen? He desarrollado este proyecto pensando en las personas que pueden nutrirse con el teatro. Pero no sólo el espectador sino la industria teatral. Desde que Teatrix existe se han vendido libros al exterior, hay obras nuestras que han sido contratadas. Incluso actores han sido visualizados por la plataforma en el exterior. Las nuevas tecnologías han desarrollado posibilidades de nuevos hechos culturales y sobre todo han promovido una accesibilidad fantástica.

En circunstancias normales, ¿qué lleva a la gente a ver una obra de teatro filmada?

No puede ir al teatro, no tiene los recursos económicos, está lejos y bombardean con publicidad para que vayan a ver una obra y hay mucha gente que queda con el deseo de ver esa obra y por distintos motivos no puede ir. Esta es una alternativa.

¿Crees que cuando esto acabe el público volverá a las salas?

Lo que hablamos al comienzo. Las dos aristas: el productor teatral  y el público. Si se acomodan estas situaciones el público va a volver al teatro porque el teatro es único y porque forma parte de la opción de salir. Cuando querés salir a pasear elegís: voy a un restaurante, voy al teatro o voy al cine. Hay mucha gente que disfruta del teatro y esas personas van a existir siempre, siempre y cuando tengan los pesos en el bolsillo para poder invertir en una noche en el teatro.

¿No se corre el riesgo de que no quieran ir porque dicen: “Bueno, total lo veo después filmado”?

Con respecto al fantasma de que alguien que ve una obra en Teatrix después pueda no elegir el teatro presencial, te voy a contestar con una cosa que me pasó a mí. Yo vi Hamilton. Muero por ir a verla al teatro.

Este espíritu visionario de crear una plataforma para ver teatro a demanda puede pensarse herencia de tu padre. ¿Qué otra cosa aprendiste de él para tu profesión?

Lo visionario es un conocimiento que uno ha adquirido, diferente a otros. Se ve algo que otro no vio.  La visión es conocimiento y experiencia.  Me refiero a que yo tuve un recorrido donde viví y participé de la televisión de las grandes audiencias, viví el paso de ese formato al cable, donde se segmenta por canales. Lo que antes era una tira de lunes a viernes se transforma en un canal. Y segmentó a esa audiencia masiva. Luego vienen estas otras plataformas en altísima calidad, un audiovisual que lo que hace es híper fragmentar, y si vos tensionas esto, una persona hoy es dueña de un canal de televisión. ¿Qué es un Youtuber? Alguien que genera contenidos y tiene una renta a través de un sponsor de publicidad. Entonces, cada persona puede llegar a tener su canal. Los medios se hiper fragmentaron. El nicho, la vertical del teatro, tienen una oportunidad, así como lo tiene el chico talentoso de Youtuber. No pudo el teatro lograrlo en la televisión abierta, porque tanto mi hermano Omar, como mi padre han hecho teatro, pero la audiencia del teatro siempre fue pequeña, entonces compitiendo perdía en esa televisión de las grandes masas. Cuando fue al cable, la inversión fue inmensa. Yo  tengo 160 obras, no podría generar un cable. Se necesita mucho material, permanentemente de renovación, pero sin embargo puedo tener una plataforma. Incluso agrego dos o tres obras por mes. ¿Cuánto es un punto de rating? 100 mil personas. TEATRIX aun no llega a 100 mil usuarios, en un canal de TV, es fracaso, en una plataforma es un éxito. Cada medio tiene su lenguaje y se dirige a un tipo de público, y tiene su modelo de negocio, Estas plataformas son de nicho, logran sustantividad con poco contenido, porque 160 obras es poco para la “industria del espectáculo”, pero son nuevas oportunidades. Estas tecnologías han generado una multiplicidad de posibilidades para esta industria, que antes no podía estar en la tele, que hoy pueda tener una ventana comercial al mundo, y que yo espero poder hacerla crecer.  El pequeño nicho de Argentina con el pequeño nicho de España más el de México, Paraguay, Colombia, se van sumando, se globaliza. Mi expectativa  es reunir a los que les gusta el teatro, y que puedan disfrutar de una obra de teatro bien filmada.  Por ejemplo “Un marido ideal”, filmada en España, con actores españoles tenés y podes disfrutar del teatro de otro país. Incluso podes ver Broadway buenas obras.

Tu padre es un prócer de la industria cultural de este país, ¿pesa llevar su apellido y dedicarte también a la industria del entretenimiento? ¿Sentís que se te exige más por eso?

Fue un hombre libre, hizo y pensó lo que quiso, Libertad como decía  Canal 9 Libertad, radio Libertad. Me crié en un ambiente libre y, obviamente no sé lo que son los límites. Eso es bueno y malo, pero en este sentido es bueno. Lo aprendí de la casa en donde me crié, de las conversaciones, siempre libre de pensar y hacer. Esa fue la gran herencia que dejó mi padre a sus hijos.

Antes de que se desatara la pandemia, ¿cómo veías al teatro independiente y cómo al comercial?

Son dos expresiones artísticas ambas válidas. Es muy interesante lo que he visto en el teatro independiente. Hay muchos actores y dramaturgos para descubrir en Teatrix. Y el teatro comercial filmado está satisfaciendo la necesidad que hoy no está en la televisión: ver a los queridos actores en un papel con un texto. En esta época de confinamiento esto tiene un lugar importante, ver ficción a través de Teatrix que contiene a los actores y actrices conocidos y queridos.

¿Qué obra te gustaría ver en alguna sala cuando vuelva el teatro?

Me gustaría ver la obra que voy a producir yo, creada por esta pandemia, con Betty Gambartes, Raul Lavié, gran amigo de la familia, actorazo. Con Ivanna Rossi, y Marcos Montes. Vamos a hacer un musical de los que le gusta a Diego Villa, y Betty, entretejido de canciones que siempre queremos escuchar, con mucho humor. Espero que podamos hacer algo sanador  y que, quien lo vea,  se sienta liberado, que le haga bien ver el musical. Me divierto mucho trabajando. La obra se llama TE ACONSEJO QUE ME OLVIDES. Vamos a filmarla y después la vamos a pasar en Teatrix. Estoy muy contenta porque va a llegar a los nuevos socios, que por la pandemia, se sumaron muchos, en especial, socios internacionales. También me voy a jugar y voy a ponerla en el teatro cuando pase toda esta situación. Estamos en tratativas con muchos países, Paraguay, Colombia, México.

Si algo caracterizó a tu padre es que daba oportunidades a muchísimos actores. ¿No falta un poco eso ahora? ¿No son siempre los mismos los que trabajan?

Aquel medio generaba productos todo el tiempo. Nuevos programas, ideas, actores, directores, interpretaciones. Todo eso generaba una industria enorme que alimentaba al teatro. Se alimentaban mutuamente. En los comienzo papá se nutrió mucho del teatro.  Pero esa televisión ya no existe y debería existir ya que es gran motor de la industria. Pero no hay inversión, hay mucha competencia y todo se basa en la audiencia. Al menos 10 puntos de rating tiene que tener un programa, y ya no existe eso. La fragmentación es enorme. Vemos un video en YouTube  y luego vemos un Tik Tok, y luego una obra de teatro en Teatrix, y después vemos un documental. Cada persona puede ver lo que le interesa.


Web: teatrix.com

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