TEATRO: Crítica de “LA HUELGA DE LAS ESCOBAS” – Barramos con las escobas las injusticias de este mundo

Por Marcelo Cafferata

Para los que desconocen esta histórica huelga, la obra nos remonta a Agosto de 1907 en donde activistas feministas pertenecientes a la FORA – Federación Obrera Anarquista- demostraron un gran poder de organización, mediante delegados en todos los conventillos y formando comités de lucha, para hacer frente a la desmedida suba en los alquileres y las condiciones de hacinamiento en las que se encontraban, pagando sumas realmente exorbitantes -comparadas con otros valores de la época-, por una pequeña pieza en donde vivían una o varias familiar.

Fue así como se organizaron todos los trabajadores y trabajadoras que se encontraban en los inquilinatos, para pedir una rebaja mínima del 30% en el valor de los alquileres y encararon esta huelga que fue principalmente protagonizada por las mujeres y los niños de los conventillos de La Boca (con repercusiones en La Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza y Bahía Blanca), que ha quedado inscripta en la historia por el resonante suceso de que las mujeres sacaban a escobazos de sus viviendas a los escribanos, abogados, jueces y policías que intentaban desalojar a sus familias.

LA HUELGA DE LA ESCOBAS” se presenta como un tríptico de tres obras cortas con tres personajes en cada historia, que confluyen en este momento histórico tan relevante.

Indudablemente, por los tiempos que corren, los textos de Patricia Suárez, Roxana Aramburú y Mónica Ogando, ganan completa vigencia en cuanto hablan de los derechos, de la igualdad, de la lucha por los ideales, de la unión y la organización para lograr un bien común.

Tres textos escritos por estas tres dramaturgas que cuentan con una vasta trayectoria teatral, no sólo en el terreno de la dramaturgia sino también en la actuación y en la dirección, por lo que conocen claramente el oficio y pueden darle un marco político a las historias, que funcionan perfectamente por separado, contando cada una de ellas una historia personal dentro del contexto de la época y poder tratar el tema y vivenciar aquellos hechos sin una necesidad discursiva como una clase de historia.



La puesta en escena de Gustavo Armas utiliza el espacio escénico de “Buenas Artes Social Club” de forma funcional, aprovechando todos los espacios e inclusive, integrando al escenario algunos otros (como el espacio por fuera de la sala, el detrás de escena, la escalera de la platea) que generan un efecto multiplicador y le da un dinamismo especial a su idea. De esta forma, en cada una de las escenas irrumpe el espacio con un detalle diferente, sumando además un especial detalle en los efectos de sonido que suma en cada uno de los cuadros.

Por otra parte, Armas logra algo sumamente complicado en las obras por episodios o trípticos que es que el nivel entre las tres historias sea homogéneo tanto en intensidad como en el nivel de las actuaciones, logrando que de esta forma el espectáculo tenga una armonía y quede conectado entre sus partes.

De todos modos, como suele suceder en estos casos, hay siempre alguna historia que sobresale por sobre las otras y en este caso en particular, la tercera historia es la que necesite quizás un pequeño ajuste en el nivel de las actuaciones, que seguramente se corregirá con el devenir de las funciones.

María Inés Álvarez como Chepa y Leticia Cabeda como Guiseppina arrasan con sus mujeres de fuerte temperamento en cada una de sus historias. Tanto Álvarez como Cabeda han construido sus personajes con una gama de matices y un lujo de detalles que seguramente es obra de su propio talento como de una mirada atenta desde la dirección. Mujeres duras de carácter, de gran personalidad, se ponen sus historias al hombro y rápidamente se meten a la platea en el bolsillo con sus composiciones.

Dentro de estas dos historias Guadalupe Farina y Camila Fernández, en los roles de una generación más joven, brindan muy buenos trabajos de composición, también atentas a cada uno de los giros del texto y con trabajos en los que también se nota el detalle y la pasión por el trabajo. Jorge Ojeda, como Paco, en la segunda historia logra desde su voz por “fuera de campo” un plus contundente y novedoso para la puesta y un trabajo muy acertado.

La tercera historia quizás sea la que no cuenta con una protagonista fuerte y excluyente ya desde el propio texto, contando con un muy buen trabajo de Marian Moretti como Blanca pero que trabaja en un registro diferente a las otras dos protagonistas que lo distancian de la espontaneidad y la fuerza que tienen sus antecesoras. En esta tercera historia, aunque en un papel menor, se destaca Julieta Barletta como Luisa.

LA HUELGA DE LAS ESCOBAS” es una excelente excusa para revisitar nuestra historia, en una puesta ágil, clara y precisa de Gustavo Armas en donde se puede volver a acariciar ese aroma de libertad, de revolución y de defensa de nuestros derechos, encabezado por una rebelión de mujeres que pusieron el cuerpo para proteger a sus hijos y a sus familias, que tanto bien nos hace hoy repasar para potenciar nuestra lucha sobre lo que queremos lograr como sociedad.



LA HUELGA DE LAS ESCOBAS

Con: María Inés ALVAREZ – Julieta Rocío BARLETTA – Leticia CABEDA – Guadalupe FARINA – Mila FERNANDEZ – Gastón GIUNTA – Marian MORELLI – Jorge OJEDA y Cali ROTONDO (Grupo Teatral Rayuela)

Diseño de Iluminación: David ROSSO
Diseño y realización de vestuario: Marina SMITH
Asistente de Dirección: Lucas MONTAGNA
Dirección y puesta en escena: Gustavo ARMAS

Teatro BUENAS ARTES SOCIAL CLUB – Guatemala 4484 – Sábados 20.00 hs.

Autor entrada: Revista Meta

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