Por Gonzalo Ciampa

Unas cuerdas muteadas conforman un riff innovador y le abren la puerta a un groove explosivo. Es el 24 de julio de 1990 y suena el tema “Cowboys From Hell”: Pantera acaba de cambiar el sonido del metal.

Treinta años atrás, el heavy metal conoció la reinvención del acero, justo cuando el grunge comenzaba (de a poco) a ser el centro de atención. Para ese entonces, el sonido de Seattle ya había disparado discos de Nirvana, Soundgarden, Mudhoney y Melvins, entre otros trabajos; y así como a comienzos de 1990 unos tal Alice in Chains cocinaban lo que terminaría siendo «Facelift», su primer trabajo, Phil Anselmo, Diamond Darrell, Vinnie Paul y Rex Rocker se encontraban grabando lo que más tarde sería considerado como su “primer trabajo”.

«Cowboys From Hell» cambió todo. Modificó el sonido del metal, agregándole groove al thrash y dando a conocer nuevos horizontes a los cuales mirar y plataformas sobres las cuales posarse, proyectar y despegar. La música pesada comenzaba a escribir una nueva página en su historia y Pantera era un protagonista estrella de la misma.

Conocida por todos a esta altura de los hechos, el derrotero de la banda en sus primeros trabajos discográficos estuvo montado sobre el glam metal, nada raro entendiendo, sobre todo, el fanatismo de los hermanos Abbott (Diamond y Vinnie) por bandas como Van Halen y Kiss, principalmente. En el simple ejercicio de escuchar el inicio de “Ride My Rocket”, la canción que abre el primer disco de Pantera (Metal Magic, 1983), podrán encontrar una similitud con “Detroit Rock City”, de Kiss, publicada en Destroyer (1976).
Así las cosas, tras cuatro discos de estudio comprendidos entre 1983 y 1988, y ya contando con Anselmo desde «Power Metal» (1988), el grupo no explotaba comercialmente como sus integrantes deseaban. Pero para 1989, el Pantera de las calzas, los guantes de cuero, los pelos batidos y glam metal pasó a la historia.

Buscando un sonido más pesado y agresivo y estructuras más técnicas, el grupo comenzó a componer su siguiente placa.

Desprendiéndose de la producción de Jerry Abbott (padre de Diamond y Vinnie), el grupo trabó relación con Terry Date, quien por entonces venía de producir trabajos de Dream Theater, Soundgarden y Overkill. Y todo cambió. Date supo amalgamar los sonidos que Pantera estaba buscando (sonidos que años más tarde terminarían de redondearse con «Vulgar Display of Power»), principalmente los que perseguía el guitarrista Diamond Darrell (que pasaría a autodenominarse “Dimebag” recién en 1994, al igual que el bajista Rex, que cambió “Rocker” por Brown, su verdadero apellido).

Cowboys From Hell: The Demos fue grabado en 1989, y desde ese momento la banda comenzó a desplegar en sus actuaciones parte de ese novedoso material, el cual les otorgó la posibilidad de firmar con Atlantic Corporation Records (más conocida como Atco Records), perteneciente a Warner Music Group, y dejar de lado Metal Magic Records, su propio sello.

En conjunto con las nuevas composiciones, la estética de Pantera se fue transformando: llegaron los bermudas, los jeans y la cabeza afeitada a los costados (por parte de Anselmo). La actitud en las tablas era más agresiva y, por ende, más atractiva.

Para cuando comenzaron a registrar el nuevo material en el estudio Dallas Sound Lab (Texas, Estados Unidos), la banda estaba muy afilada. Las canciones ya venían ajustadas y el productor, en conjunto con el grupo, sabían hacia dónde apuntar.

Cowboys From Hell, el álbum, fue muy revolucionario en su momento, no sólo para el grupo sino para el heavy metal a escala mundial. El sonido, los riff, los patrones de batería y las estructuras de las canciones impactaron desde el arranque, como “Primal Concrete Sledge” -nacida de un patrón de batería de Vinnie Paul- que demuestra una potencia rítmica y una estructura innovadora, algo imposible de predecir para el Pantera que cursó música en los años 80. “Domination”, con su riff entrecortado y en total comunión con el doble bombo, conjuga de manera perfecta con el enojo que desprende la voz de Anselmo. Y aunque a partir de ese momento el groove metal comenzó a tomar notoriedad como subgénero del heavy, Cowboys From Hell todavía contenía -y contiene- un gran espíritu thrashero, con excelentes tonos agudos en la voz: “Heresy” y “Shattered” dan muestras de eso.

Además de homónimo “Cowboys From Hell”, la placa arrojó los sencillos “Psycho Holyday” y “Cemetery Gates”, la poderosa balada de más de siete minutos que destila cambios de tiempos, de riffs y de tonos vocales. Pantera dio en el blanco con esta gema, que tuvo gran repercusión pero que no significó una fija de sus recitales.
En paralelo a los cambios (sonoros, estéticos, actitudinales), la banda también modificó su logotipo, presentando el “Pantera” con otra estilización, más representativa para su propósito musical.

«Cowboys From Hell» le dio a Pantera el reconocimiento ansiado tras varios años de trabajo. Saltaron del circuito de clubes de Texas a los escenarios del mundo. Se alinearon los planetas y emergió un nuevo grupo, que a partir de ese momento olvidó por completo la historia que venían arrastrando desde los 80. Para Pantera -y para todos, hay que reconocerlo-, su aventura musical en cuanto a trabajos discográficos “nació” el 24 de julio de 1990. La canción “Cowboys From Hell” fue la punta de lanza de todo lo que vendría después; y así como “Cemetery Gates” no precisó anclarse en su lista de temas en vivo, “Cowboys…” nunca fue desterrada. Para apertura o para cierre, pero siempre presente.

Dos años más tarde llegaría «Vulgar Display of Power» para girar un poco más la tuerca y dar finalmente con el sonido identitario de Pantera. Más groove, más densidad, más agresividad. Y mayor estatus, desde ya. El segundo disco desde la reinvención del grupo fue la explosión por elección, pero el paso previo y necesario hacia ello fue, sin dudas, Cowboys From Hell.

Pantera y su groove metal encontraron sintonía en una camada de grupos que, en los comienzos de los 90, incluyó, entre otras bandas, a White Zombie, Biohazard, Helmet y Sepultura, que para comienzos de década comenzaban a alejarse un poco del trash y el death metal de sus primeros trabajos.

El resto de la historia de los “Vaqueros del Infierno” significó mucho más que una trompada a la cara. Composiciones cada vez más agresivas y filosas y nuevos reconocimientos, tanto de la industria como de sus pares. Pantera reinventó el metal y dejó una huella musical imposible de borrar.


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