ARTES: Conocé a la bailarina Martina Céfalo

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Martina Céfalo es bailarina. Desde pequeña ama bailar, como las bailarinas en su caja de música, esperando a dar el gran salto y volar con su pasión. Martina vive con sus padres en Avellaneda. Es alumna del Teatro Colón y entrena todos los días.

«Mi mayor anhelo es llegar a ser bailarina clásica y bailar en los mejores escenarios del mundo», cuenta Martina. La visitamos en el salón de fiestas que tienen sus padres en Villa Domínico, partido de Avellaneda.

Una profesión hermosa y exigente. Virtuosismo, en busca siempre de la perfección. Desde un cuerpo escultural, requisito indispensable para volar. Talento que se ve en cada paso, en cada giro. 

«A los cinco años, en el edificio de mis abuelos paternos había clases de ballet, fui durante un par de clases, y me encantó. Insistí tanto que al año siguiente comencé en la escuela municipal de Avellaneda, donde estuve tres años», rememora Martina sobre sus comienzos.

A los nueve años se presentó al examen para ingresar al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, donde los exámenes eran arduos y estresantes, y donde miles de chicos y chicas se anotan. Los resultados los dejan en la puerta de entrada, al igual que uno ve en las películas. Y allí estaba su nombre. La ansiedad en la calle Cerrito, recuerda su madre, fue inmensa, quien también ha dado esos pasos. Afirma no haber influenciado a Martina, a veces, todo está en el ADN.

A los 10 años empezó el primer año de la carrera de danza, y tomó la carrera con mucha responsabilidad. Ir de Capital a Villa Domínico, toda una odisea. Al llegar a la secundaria se le complicaba entre las clases del Colón y las clases particulares con Nadia Muzika y Gabriela Perkins (sus maestras formadoras). Pero nunca se detuvo. 

En cinco años, en el Teatro Colón, se ha presentado a audiciones que se realizaron para los ballets, y fue convocada por todos, donde estaba como jurado Julio Bocca, Paloma Herrera, Vladímir Vasíliev, entre otros. Y participó en los papeles para niños y niñas como La Bella durmiente, Corsario y Cascanueces.

Martina gira y gira, como las bailarinas de cajitas de músicas, que amamos ver, como en un sueño, como en una película. No solo la pasión es necesaria, no alcanza con eso, esfuerzo y dinero se necesitan para algunas carreras como esta. Son arduas jornadas de entrenamiento. Una carrera difícil, como muchas otras, que tiene que poder ser para todos los niños y niñas, y no siempre es así. No todos quedan seleccionados, no todos tienen talento, y no todos pueden costear la carrera. El Municipio de Avellaneda ha dado una mano para que Martina pueda seguir su camino, sumado al apoyo incondicional de los padres.

Con la pandemia todo se detiene o atrasa, por zoom se hace lo que se puede. Hay muchos torneos, hay que preparase, no solo física sino mentalmente. Martina tiene sesiones de traumatología, preparación física, elongación, técnica de contemporáneo, psicología, nutrición y más. Cuerpo y mente sano, en perfecto equilibrio.

En esta carrera se participa de diferentes concursos y seminarios. El apoyo de la familia es la base de todo, la vida se concentra en torno a las actividades de Martina. Ha logrado medallas e importantes becas de estudio, de esa manera fue que viajó a New York a una prestigiosa Academia, con maestros de todo el mundo. Una experiencia inolvidable. Fueron dos semanas de intenso estudio, poco recorrió de la ciudad. Son clases para crecer como profesional y persona. Aprender, entender cómo es el mundo del ballet, como es el mundo… Ya desde chica sentir en su propia piel lo que significa ese camino y amarlo y emocionarse. No siente nada como una presión.

También participó de seminarios en México, y tiene una beca para ir a Bufallo con el maestro Sergio Neglia (ex primer bailarín del recordado Neglia) quien tuvo un accidente de avión y hay una escultura detrás del Colón). Ahora se espera que pasen estos tiempos difíciles para el mundo y gozar de la beca, también en Nueva York.

«Al principio estoy paralizado, pero cuando empiezo a moverme lo olvido todo. Y… es como si desapareciera y todo mi cuerpo cambiara. Como si tuviera fuego dentro y me veo volando, como un pájaro. Siento como electricidad».
Billy Elliot

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